“Un club de barrio con alma nacional”. Ese es el lema del Club Social y Deportivo Justicialista, nacido hace poco menos de cuatro años. Según el sitio oficial del propio club, la iniciativa surgió de la mano de una misión: “Promover el deporte como una herramienta de transformación social, fortaleciendo la identidad barrial y los lazos comunitarios. Buscamos generar espacios de participación, formación y solidaridad abiertos a todas las edades, representando valores, pertenencia y compromiso tanto dentro como fuera de la cancha”.
Al día de hoy, el club tiene actividades como fútbol, hockey, básquet y diversas iniciativas sociales y recreativas. También lanzó una revista digital en 2025, con diferentes artículos que pueden visitarse en su página web (https://clubjusticialista.com/). A su vez, se encuentra buscando sede propia: todo su desarrollo se da en lugares alquilados o prestados.
Desde El Grito del Sur hablamos con su presidente, Nicolás Schamó, para indagar en los detalles de esta experiencia deportiva, social y política.

Contanos un poco la historia del club, cómo surgió la idea de hacerlo y quiénes la llevaron adelante.
El Club Social y Deportivo Justicialista formalmente surge un 17 de octubre de 2022, en un contexto muy particular: veníamos de la pandemia y de la debacle macrista, con mucha fragmentación social, con pibes que habían perdido espacios de encuentro, y con clubes de barrio que estaban golpeados por los precios de las tarifas y la imposibilidad de abrir durante el confinamiento.
La idea la venía teniendo desde el año 2015, cuando se la había trasladado a un grupo de compañeros con los que militaba, pero no había tenido recepción. Luego, para el 2020, se la propongo a un grupo de compañeros y compañeras que venían de diferentes experiencias militantes políticas, sociales y sindicales, y que entendíamos que el club podía ser una herramienta concreta para volver a organizar la comunidad. No queríamos hacer solo un equipo o una actividad, queríamos construir un club.
Arrancamos desde abajo, literalmente: sin sede propia, entrenando en canchas alquiladas, armando equipos, sumando socios, generando convenios, construyendo identidad. Y hoy el club es eso: una construcción colectiva que sigue creciendo, pero sin perder ese origen.
¿Cómo se encontraron con esos pibes que habían perdido espacios de encuentro?
Eso lo vimos muy claramente en los últimos años. Por un lado, hubo una crisis de los espacios tradicionales de militancia, donde muchos compañeros y compañeras dejaron de tener lugares de encuentro y organización cotidiana. Por otro lado, la situación de muchos clubes de barrio, especialmente después del macrismo y de la pandemia, limitó mucho su capacidad de recibir nuevos participantes. En ese contexto empezaron a aparecer pibes y pibas que querían volver a jugar, entrenar o simplemente formar parte de un espacio colectivo y organizativo. El club surge también como respuesta a esa necesidad concreta: reconstruir comunidad donde esos espacios se habían debilitado o perdido.

¿Qué valores tiene el club y qué relación tienen, a tu entender, con el nombre?
El nombre no es casual. Cuando decimos “Justicialista” estamos hablando de una tradición política, pero también de una forma de entender la vida en sociedad. Nuestros valores tienen que ver con la justicia social, la organización colectiva, la solidaridad, el acceso al deporte como derecho. El club no es solo un espacio para competir. Es un espacio para incluir, para encontrarse, para generar vínculos. El nombre refleja eso: una idea de comunidad organizada, donde nadie se salva solo.
¿Qué relación hay entre esos valores y los pibes que juegan en el club? Preguntado en criollo, ¿todos los pibes que van y juegan comparten los valores políticos? ¿Construyen instancias de debate o discusión para que esos valores sean, por así decirlo, «trasladarlo»?
No todos los pibes que vienen al club comparten una identidad política, y tampoco es un requisito. Lo que sí creemos es que el club transmite valores, aunque no se los nombre todo el tiempo. Se transmiten en la práctica cotidiana, en el compañerismo, el respeto, el trabajo en equipo, la idea de que el otro importa. Después, sí generamos espacios donde esos valores se pueden discutir o reflexionar, pero no desde la bajada de línea, sino desde la experiencia. El club educa, pero no desde el discurso, sino desde lo que pasa en la cancha, en el entrenamiento, en el grupo.
¿Se sienten una organización política?
Somos un club, pero no somos neutrales. Entendemos que todo espacio social es político, y un club también lo es. La diferencia es que no somos una organización formalmente política, pero sí tenemos una mirada sobre cómo entender la sociedad, el deporte y la comunidad. En ese sentido, sí: somos una organización que construye desde lo social, desde lo deportivo, pero también desde lo político en un sentido amplio.
En mi caso soy marxista. Te lo digo para explicar desde dónde hablo hacia la siguiente pregunta. Desde ese lugar, ¿qué opinas hoy del peronismo?
Entiendo que me preguntás por el peronismo actual. Yo creo que el peronismo es la expresión política del sentir nacional. No le escapa que el peronismo se ha nutrido de otras experiencias políticas. Por eso nosotros decimos que el peronismo no es de izquierda ni de derecha. Toma conceptos de ambos extremos. Por eso es difícil encuadrarlo para la filosofía política, sobre todo la europea, en donde todo se lee en ese binomio. Nosotros nos ponemos en el medio, equidistantes y tomamos de esas experiencias lo que más sirve para la experiencia política nacional. Dicho esto, actualmente pienso que el peronismo está en crisis. Para mí, estar en crisis no significa necesariamente algo malo: creo que hay que aceptar la crisis, abrazarla y empezar a pensar cómo el peronismo va a salir de este pantano, al que llegó por problemáticas propias, actuales y de representación política que vive en el país y el mundo. Estamos en un momento de crisis de los partidos políticos: las personas suelen seguir más a personas que a sellos partidarios, a diferencia de lo que pasaba hace 50 años. El peronismo se debe un debate muy profundo de ideas, nombres propios y sobre lo que quiere expresar como proyecto de país.

¿Crees que un club de barrio y el deporte son un lugar para generar conciencia y construir política?
El club es uno de los últimos espacios donde todavía existe comunidad real. Donde la gente se encuentra cara a cara, se organiza y se conoce. Ahí se construye conciencia, no desde un discurso teórico, sino desde la práctica. Compartir, organizarse, sostener al otro, construir algo colectivo. Eso es profundamente político. El deporte, bien entendido, no es solo competencia o lucro. Es formación, es identidad, es comunidad. A tal punto que nosotros solemos decir que, entre Perón y Néstor Kirchner, el peronismo vivió en Diego Armando Maradona, haciendo notar que un futbolista también puede ser un personaje profundamente político.
¿Cómo es el tema de la sede? ¿Hoy cómo y dónde funcionan en los hechos?
Hoy el club funciona sin sede propia, que es una realidad que compartimos con muchísimos clubes. Desarrollamos nuestras actividades en distintos espacios alquilados o conveniados. Eso implica un esfuerzo grande en términos organizativos y económicos, pero también muestra que el club existe más allá de lo material. La sede es un objetivo a futuro, pero mientras tanto el club ya es una realidad en funcionamiento.
¿Cómo sustentan sus actividades?
El sostenimiento del club se basa principalmente en la cuota social. Cada actividad tiene un valor que nos permite cubrir los costos de alquiler de las canchas y el trabajo de los profesores. Además, desarrollamos otras formas de financiamiento comunitario. Por ejemplo, la venta de indumentaria deportiva del club, especialmente las remeras de los equipos que tienen muy buena recepción dentro de nuestra comunidad. En el último tiempo también avanzamos en acuerdos de sponsoreo para algunas disciplinas, lo que nos permite fortalecer el desarrollo deportivo sin perder el carácter accesible del club. Para nosotros, también es importante que el club pueda sostenerse con sus propios recursos. En ese sentido, entendemos la sustentabilidad del proyecto como una forma concreta de construir independencia económica, en línea con una tradición muy presente en el peronismo: que las organizaciones de la comunidad puedan desarrollarse con autonomía, a partir del esfuerzo colectivo y la participación de sus socios y socias. La lógica siempre es la misma: construir un club sustentable, accesible y con capacidad de crecer sin perder su identidad comunitaria.
¿Tienen articulación con otros clubes de barrio? ¿Qué importancia le dan a esas instancias?
Sí, y para nosotros es fundamental. Creemos mucho en la idea de red de articulación entre clubes, organizaciones y espacios comunitarios. Ningún club se desarrolla solo. Formamos parte de federaciones como FODA (Federación de Organizaciones Deportivas de la Argentina) o de ligas con miradas sobre el deporte y la política social muy similares a la nuestra. Intercambiar experiencias, organizar actividades conjuntas y generar vínculos es clave para fortalecernos entre todos. Además, los clubes de barrio cumplen un rol social enorme, y ese rol se potencia cuando existe organización colectiva entre ellos.
¿Es cierto que una vez hicieron un equipo para competir en la liga E-Sports de videojuegos?
Si, en plena pandemia cuando no nos podíamos juntar del todo hicimos un equipo de E-Sports en FIFA, en la Liga IEASA, que es la más importante de Argentina. Muy buena experiencia. De hecho, habíamos pensado un proyecto para llevar a las federaciones de clubes de barrio para que cada club tenga su espacio de E-Sports y puedan atraer a los chicos para que no se encierren en sus casas. Luego cambió el gobierno y la posibilidad de financiamiento por parte del Estado se cayó.





