Bárbara Acevedo es enfermera de Adolescencia, delegada de la Junta Interna de ATE Garrahan y de la Posta de Salud y Cuidado. Además, es militante del PTS en el Frente de Izquierda desde hace muchos años, pero su ADN político comenzó en la adolescencia, cuando militaba en el centro de estudiantes de su colegio.
Llegó al Garrahan en el 2006, luego del conflicto por aumentos salariales que se dio un año antes, bajo el mandato de Ginés González García. “Rápidamente me di cuenta que querían boicotear lo ganado en 2005”, explica mientras toma un café en el bar de la esquina de enfrente del hospital modelo que abarca nueve manzanas. En ese momento fue la primera vez que se presentó como delegada sindical de ATE, lugar que ocupó durante tres mandatos. Así se transformó en referente de sus compañeras y participó en todos los conflictos sindicales. “Todos los gobiernos tienen una disputa en el Garrahan porque es una vidriera nacional”, enfatiza.
Según Acevedo, el Garrahan mantiene una situación económica similar a la de las universidades públicas, con el presupuesto congelado desde 2024 (es decir que sigue rigiendo el que se aprobó en 2023), ahogo financiero y una merma en la calidad de vida de sus trabajadores y trabajadoras. “Empezaron a bajar la calidad de los insumos y congelar los salarios que no se equiparan a la inflación. Tampoco se están tomando nuevos ingresos, incluso con una tasa de jubilación alta y 300 trabajadores que renunciaron porque ya no podían sostener dos o tres trabajos que les permitan poder subsistir”, declara.
El Hospital Garrahan se especializa en Pediatría de Alta Complejidad que asiste a niños, niñas y adolescentes de 0 a 15 años. Además, cuenta con un banco de sangre que provee a todos los niños, niñas y adolescentes de la Provincia de Buenos Aires. Por año, unas 17000 personas donan sangre y hay 2400 donantes de plaquetas por aféresis. A su vez, trabajan con personal altamente calificado de áreas sensibles como cirugía, enfermedades cardiovasculares, diagnóstico por imágenes, enfermedades crónicas, enfermedades raras, nefrología y demás sectores de altísima complejidad que reciben derivaciones de todo el país.
“No es fácil llegar a tener un equipo así. Se necesitan residencias de muchos años, implica formación de mucho tiempo en el hospital”, señala Acevedo. Además de la falta de personal, la precarización que se da dentro del hospital es burda. Según relata, se comenzó a implementar el monotributo en diferentes áreas, incluso para “aquellos trasplantólogos que enorgullecen a todo el país”.
Bárbara lleva el pelo suelto con rulos negros y anteojos del mismo color, que contrastan con el guardapolvo impolutamente blanco. Un rato después contará emocionada sobre los dibujos que le regalan los pacientes a quienes atiende, sobre la relación con las familias y cómo se preparan para marchar el Día de la Mujer Trabajadora. Ella asegura que están atacando conquistas históricas del hospital como la planta permanente, haciendo contratos primero por tres meses y luego por un año, lo que genera inestabilidad y problemas para los profesionales.
“En este contexto hay una altísima insalubridad. La tasa de suicidio de personal que hay en el Hospital Garrahan es más alta que la tasa nacional, las enfermedades psiquiátricas son gravísimas y esto tiene que ver con que cae sobre nosotras el pluriempleo, con tener sobre nuestros hombros la crisis social”.
“Los pacientes llegan cada vez en una situación más crítica”, relata la enfermera. “Las salas están repletas de mamás que llegan con lo justo para el pasaje, sin ropa para bañarse y cambiarse o directamente que tienen otros hijos en la casa y no le están dando el día en el trabajo”. Asimismo, explica que las internaciones por causas sociales (es decir, las que no incluyen a la salud física) aumentaron exponencialmente teniendo que internar muchas veces a los hermanos y hermanas de los pacientes porque las mamás no pueden cuidarlos. “Esta es una realidad en la Ciudad: mientras cierran los programas de asistencia a las infancias en situaciones de vulnerabilidad, los hospitales están funcionando para contener la situación cuando no estamos preparados para darle una asistencia social a esos chicos”, apunta.

Los números indican que el rubro de enfermería es uno de los más precarizados y feminizados. Según un informe del Ministerio de Salud, para el año 2019 Argentina tenía un total de 234.527 trabajadores de enfermería. A su vez, para 2023 los datos de la Federación de Asociaciones de Enfermería de la República Argentina (FAE) reflejaban que el 87% son mujeres, pero su salario promedio es un 25% menor que el de los enfermeros varones. “Las mujeres trabajadoras que sostenemos el Garrahan no tenemos la seguridad de que se cumpla nuestro horario de lactancia. Es decir, vos estás atendiendo a los pibes de todo el país pero no tenés la tranquilidad de dejar a tus hijos en un jardín maternal donde las maestras sean reconocidas y tengan derechos”.
Sobre el jardín maternal, Bárbara asegura que el gobierno de Milei avanza con los recortes: ya quitaron la sala de cuatro, van por la sala de tres y hace poco hubo un ajuste presupuestario en las colonias. A su vez, la Casa Garrahan, que contiene a las mamás que vienen del interior del país a internar a sus hijes, está colapsada. “A veces somos profesionales de la salud y a veces estamos del otro lado y somos madres con los hijos internados porque tenemos que venir corriendo al hospital cuando no nos dan los turnos para nuestras propias familias. Mayoritariamente somos las mujeres las que nos hacemos cargo de esas tareas de cuidado”, continúa.
En ese sentido, el paro transfeminista se vuelve fundamental, ya que “la vida de una mujer trabajadora actualmente es de altísimo pluriempleo, dos o tres trabajos para llegar a fin de mes, la falta de jardín maternal o dinero para pagar uno privado, los sueldos frizados y el estrés de tener que sostener otras familias”. Según la página oficial del Hospital, en 2024 se atendieron 407.704 consultas externas, 77.357 emergencias y 9.999 cirugías totales. Sin embargo, las condiciones de trabajo son tan crueles que rozan la insalubridad.
Una trama de afectos que excede al hospital
“Acá nos emocionamos mucho cuando hablamos de los pacientes”, cuenta con la voz tomada Acevedo. Ella relata cómo la red de contención que se forma entre profesionales, pacientes y familiares ayuda a paliar de alguna forma u otra las dificultades económicas, la carga anímica y la angustia de ver a un hijo internado. Además, suma que hay varios grupos de madres organizadas por los derechos de los profesionales de salud que apoyan sus luchas.
“Todos somos parte de lo que recorren las familias, desde el primer administrativo, el técnico que le hace el control, el trabajador de limpieza que garantiza que tenga una habitación en condiciones, la enfermera que realiza los cuidados y el médico que diagnostica. Todos somos fundamentales y entablamos un vínculo muy fuerte”, relata. “Yo no tengo hijos, pero las madres nos dicen que de alguna forma maternamos a los suyos. Nosotras vemos cómo llegan y festejamos cada triunfo, lloramos juntos cada fracaso, es un vínculo muy importante que se genera entre las profesionales y las mamás. Hay papás que perdieron a sus hijos y nos siguen acompañando porque valoran lo que fue nuestra atención. El trabajo de las familias excede la puerta del hospital”.

Si bien el Garrahan es un hospital emblema de la Ciudad de Buenos Aires, no puede funcionar sin la red de contención de la que forma parte, razón por la cual el vaciamiento del Hospital Laura Bonaparte, especializado en Salud Mental y Consumos Problemáticos, y los recortes en el Hospital Posadas también les impacta directamente. Esto derivó en un aumento en la demanda de un hospital que ya de por sí estaba sobrecargado. “La demanda de turnos es altísima, igual que de las camas ambulatorias”, agrega Bárbara. Asimismo, a pesar de contar con un servicio de Salud Mental, éste no tiene la infraestructura suficiente para hacer un tratamiento continuo o un seguimiento por fuera de la internación.
Rumbo al 8M
El martes 24 de febrero, la asamblea por comisiones de organización para la marcha del 8M se realizó en la puerta del Garrahan. Ahí reafirmaron que las mujeres son las que más sufren el ajuste y que por eso deben estar al frente de la defensa de los derechos. “Todas le estamos pidiendo a las referentes sindicales que llamen a un paro y plan de lucha sindical”, enfatiza y asegura que frente a los cambios que quiere llevar a cabo el Gobierno, “nos van a tener a las mujeres en la primera fila, resistiendo como siempre”.
«Creo que las trabajadoras formales con sindicatos tenemos una responsabilidad enorme sobre los millones de jóvenes precarizados que no tienen la misma posibilidad de organizarse. Somos los trabajadores quienes podemos frenar a Milei. No tiene tanto poder como dice. No es invencible, lo podemos frenar», finaliza.





