En las tapas de los discos habita ese encuentro, ese choque entre dos formas de expresar algo que, por un ratito, colisiona. Un disco es más que la suma de sus partes: es una pieza total, indivisible.
En esta lista de un disco por década, arrancando en los años setenta, una pequeña muestra de esa asociación virtuosa entre sonido y gráfica.
La máquina de hacer pájaros, por Crist (La máquina de hacer pájaros, Sony Music, 1976)
Una banda cuyo nombre nació de una tira de humor y que llevó al creador a ilustrar su debut. Así es la historia detrás de La máquina de hacer pájaros, primer LP de la superbanda que venía a sanar el dolor que había generado la disolución de Sui Generis, sucedida meses antes.
En febrero de 1972, cuatro años antes del lanzamiento del disco, salía a la venta en kioscos de diarios el número 7 de Hortensia, la revista que había nacido hacía seis meses, que venía a recuperar la potencia del humor cordobés y que terminaría protagonizando la renovación del humor gráfico argentino. Una revolución dibujada desde la misma ciudad que había vivido el Cordobazo en 1969.
En esa edición, hacía su debut García y la máquina de hacer pájaros, tira de humor creada por el santafesino Cristobal Reinoso, más conocido como Crist. Charly, que era lector de la revista, eligió ese nombre para el proyecto que compartiría con Oscar Moro -que venía de tocar en Los Gatos y Color Humano-, con Carlos Cutaia -ex Pescado Rabioso-, con Gustavo Bazterrica -que más adelante pasaría por Spinetta Jade y por Los Abuelos de la Nada-, y con José Luis Fernández -que había sido parte de Crucis-.
Una vez definido el dream team, Crist fue el encargado de poner el arte de tapa para esa banda que, sin buscarlo, él mismo había bautizado.
Canciones clave: Boletos, pases y aviones y Ah, te ví entrar entre las luces.

Oktubre, por Rocambole (Patricio Rey sus Redonditos de Ricota, Wormo, 1986)
Para el segundo disco de la banda más importante de la historia del rock en Argentina, una estética «sovieticoide».
El proceso de trabajo entre Los Redondos y Rocambole, el artista plástico detrás de la estética de la banda, es ya conocido: tenían una charla previa, definían algunos puntos y se encerraban en sus estudios, sin volver a hablar hasta no estar listo el álbum.
Rocambole solo sabía que se trataría de un disco conceptual, centrado en las grandes revoluciones y que contaba con un espacio de 30 cm x 30 cm -el máximo que permitía la funda de un vinilo de la época-. La técnica serigráfica con la que se imprimían las copias lo obligaba a limitar la cantidad de colores (en cada reproducción se pierde un poco el tono original) y optó por el rojo y el negro, referencia a las corrientes anarquistas de principio de siglo, para las banderitas y la tipografía.
Para recuperar la Revolución Rusa, buscó la forma de referenciar al alfabeto cirílico. ¿La clave? Dar vuelta la «B» del título.
Canciones clave: Preso en mi ciudad y Ya nadie va a escuchar tu remera.

Anesthesia, por Martín Miguel Mórtola Oesterheld (Fun People, FrostBite, 1995)
Fun People fue una de las máximas exponentes de la herencia punk fanzinera durante toda la década de los noventa. Con Anesthesia, álbum debut que toma como título el nombre anterior de la banda, aparece una portada que fundó una generación: una cama de hierro, una silla provenzal, cuatro peluches, un perro al pie -escondido debajo de una sábana-, y el horror que se descubre en esa mano empuñando un arma mientras el charco de sangre crece.
La tapa, que marca además el cambio de nombre de la banda, fue dibujada por Martín Miguel Mórtola Oesterheld, hijo de Estela Oesterheld -secuestrada y asesinada durante la última dictadura- y nieto de Héctor Germán Oesterheld, guionista de El Eternauta -aún desaparecido-.
Martín había sido compañero de «Chuly» Poggiese, bajista de Fun People, en el colegio Nicolás Avellaneda de Buenos Aires. Como cuentan Alicia Beltrami y Fernanda Nicolini en Los Oesterheld (Sudamericana, 2016), la pubertad en Martín marca un quiebre y acompaña la rebeldía con una búsqueda profunda en el arte. Primero, en el dibujo, aprendiendo con Alberto Breccia y siendo invitado por Francisco Solano López a ser su colaborador. Segundo, en la escultura y la pintura, al conectar con Alberto Heredia, uno de los nombres propios del arte escultórico en Argentina y guardián, hasta el día de su muerte, de algunos de los cuadros que había pintado Raúl «El Vasco» Mórtola, padre de Martín.
En medio de toda esa metamorfosis personal y política, que tuvo al menemismo como escenario, nace la icónica tapa que abrió la discografía de una de las más importantes bandas de hardcore punk nacional.
Canciones clave: Ánimo y About Me.

La lengua popular, por Liniers (Andrés Calamaro, Warner Music, 2007)
Para mediados de la década de los 2000, Liniers era -sin lugar a dudas- el artista gráfico y plástico más importante del momento. Desde 2002, era la estrella absoluta de la contratapa de La Nación, luego de su paso por Página/12. Para 2007, iba por su segunda compilación de tiras reunidas en el libro Macanudo #2, publicado por De La Flor -la histórica editorial de Quino-.
Ese mismo año, Andrés Calamaro le escribió un correo electrónico. En él, le pedía un diseño para su nuevo disco, que saldría en los próximos meses. Liniers, que en ese momento estaba trabajando en la portada de Logo, cuarto álbum de Kevin Johansen, pensó que era un chiste y que el mail era falso. Sin embargo, era real.
Ricardo Siri, nombre detrás del artista, trabajó durante dos meses en el concepto integral del disco. Para eso, escuchó en repeat, durante todo ese tiempo, los temas que le llegaban desde España, hasta lograr las ilustraciones de tapa e interiores que se transformaron en una de las obras más recordadas de Calamaro.
Canciones clave: Los chicos y 5 minutos más.

Julio & Agosto, por Marcelo Canevari (Julio y Agosto, Monkey Albino, 2011)
A principios de la segunda década de los 2000, hubo una banda que, desde su perfil de Bandcamp, combinó el boom del arte gráfico del momento, un compromiso político alentado por la época y una sensibilidad en carne viva para hablar de la amistad, el amor y mucho más. Desde los separadores del programa radial Metro y Medio, hasta sus apariciones en series de UN3 TV, se posicionaron como banda sonora de aquella primavera kirchnerista.
Con la portada de Julio & Agosto, de la mano de Marcelo Canevari, mostraron una batería de referencias visuales que marcaron su sonido. Quien también fuera su contrabajista, creó una tapa que linkea directamente con el cuento ilustrado Donde están los monstruos, del estadounidense Maurice Sendak, pero también con el oscuro arte de Edward Gorey y del danés John Kenn Mortensen, referentes del «monstruismo» ilustrado.
Además de crear una imagen que ocupó el pecho de muchas remeras, las fotos de portada en Facebook de los incipientes escuchas del indie nacional y los afiches de cada una de sus presentaciones, la banda compartió escenario y estética con otros artistas gráficos que habitaban también el mundo de la música, como Ayar Blasco, Pedro Mancini o Gustavo Sala.
Canciones clave: Jorge Luis Enríquez e Inverano,





