YoNoFui es un colectivo antipunitivista, transfeminista y abolicionista penal. Una cooperativa, escuela, editorial, colectivo audiovisual y espacio de segundeo. Desde el año 2002 trabajan con personas en situación de encierro o que atravesaron el sistema carcelario preguntándose si hay otra manera de organizarse que no sea en torno al castigo. YoNoFui incomoda cuando viene a cuestionar los discursos naturalizados sobre el punitivismo capitalista y la necesidad de venganza que atraviesan nuestras sociedades desde hace siglos.
“El punitivismo es una manera de vivir y de organizar ideas. Es un afecto, una forma de composición y de pegoteo de lo social que configura nuestras vincularidades en el cotidiano, provocando desconfianza y marcando a lxs otrxs como una posible amenaza”, empiezan explicando en su nuevo libro “Justicias Alternativas”.
Presentado el último día de febrero, Justicias Alternativas surge como una compilación de las intervenciones y debates que tuvieron lugar en el primer Encuentro Internacional Antipunitivista y Abolicionista Penal, realizado el 24, 25 y 26 de octubre de 2023. Allí concurrieron más de 600 personas que presenciaron los talleres, charlas y los alegatos del juicio a la Justicia realizado por la organización.
Editado por María Medrano, Alejandra Rodríguez, Ari Lutzker y Ana Longoni y con textos de más de una decena de activistas, Justicias Alternativas -que lleva como subtítulo “¿podemos pensar un mundo sin cárceles?”- es una compilación de discusiones acerca de la posibilidad de imaginar un mundo que no sea regido por el sistema penal. “¿Qué impactos tienen las cárceles en los conflictos personales y sociales?”, se preguntan en la contratapa. Para conocer un poco más de la creación colectiva del libro, El Grito del Sur habló con lxs integrantes de YoNoFui.
El primer Encuentro Internacional Antipunitivista y Abolicionista Penal se realizó en noviembre de 2023, una semana después del triunfo de Javier Milei. ¿Es una coincidencia o un buen diagnóstico de la época?
Antes del encuentro, estuvimos muy dubitativos con la fecha. La incertidumbre era total, pero la sorpresa con los resultados nos dejó atónitos. El día de las elecciones nos juntamos en la casa de una compañera, lloramos sin poder creer lo que estaba sucediendo, nos secamos las lágrimas y dijimos: ahora hay que hacer el encuentro así, con esto que estamos viviendo y atravesando. No tenemos mucha adherencia con los diagnósticos, pero sí sabíamos muy bien que los punitivismos y las criminalizaciones estaban a la orden del día con el menú servido para quien gobierne.
Se acaba de aprobar la baja de la edad de punibilidad. ¿Creen que la sociedad está aún más punitiva con el avance de las derechas a nivel global?
La sociedad colonial de Occidente que nos trajo a lo que somos hoy, se crea sobre prácticas punitivas. Recordemos que, como dice Angela Davis, las cárceles son una continuación de la esclavización. A nosotrxs nos interesa insistir con la idea de que el capitalismo no creó las cárceles, sino que las cárceles crearon el capitalismo. Entonces, en momentos de recrudecimiento de las políticas de gobierno del mercado y las ruedas financieras, como los que estamos viviendo, los mecanismos punitivos del Estado nos aprietan más el cuello pero la soga siempre estuvo cerca, pueden haber cambiado las técnicas de castigo, pero el castigo como respuesta sigue intacto. El avance de las derechas globales nos dice mucho sobre las sociedades en las que vivimos: si la edad de baja de punibilidad se aprobó, es porque existe un consenso social más o menos explícito en eso. No es solo un tema de quienes gobiernan, sino de las legitimidades sociales que sostienen y apoyan estas derivas. Los medios de comunicación alimentan las emociones de castigo, en este caso puntual, dirigidas a menores de 14 años como si fuesen les culpables de las crisis que estamos habitando. Se trata de un buen mecanismo para desviar la atención.
¿Consideran que “la demagogia punitiva se coló en los espacios feministas”, como dice Georgina Orellano en su charla? ¿Cómo se podría deconstruir eso también?
No solo lo creemos, lo hemos vivido como colectivo. Así como hay una resistencia en los feminismos con las trabajadoras sexuales por la hiper moralización y la guerra sexual en curso, lo mismo sucede con el punitivismo. La solidaridad con una compañera no atraviesa los muros de las cárceles, hay una moralización intrínseca de “algo habrán hecho”. Pero sobre todo cuando se pone a la pena como horizonte de lucha. Eso es lo más punitivista, creer que la justicia y la cárcel reparan sin tener en cuenta que cada vez que abonamos a la punición lo hacemos sin ver que estamos tensando la cuerda con la que después nos van a ahorcar.
En el libro afirman que es más fácil pensar el fin del mundo por la guerra que el fin de las cárceles, parafraseando a Mark Fisher. ¿Cómo se proyecta un mundo sin sistema carcelario?
Estamos en la obstinada tarea de intentar respondernos colectivamente, porque no hay recetas ni fórmulas. Lo que hay es una memoria histórica sobre lo que implica la existencia de las cárceles o como preferimos llamarlas nosotrxs sin eufemismos: Centros de Tortura Contemporáneos Legalizados. Creemos necesario poder atender a las particularidades y singularidades que cada una precisa, en un intento de destronar esa idea universalizante que impone la Justicia. Por otro lado, en el mundo se viene discutiendo algo muy interesante que es la Justicia Transformativa, impulsada por mujeres negras, migrantes y personas Queer para combatir el racismo, la misoginia y el empobrecimiento. Esta justicia promueve implicaciones comunitarias en los conflictos y abordajes comunitarios para los conflictos, es absolutamente antipunitivista y anticarcelaria.
¿Qué son las Justicias Alternativas?
Las Justicias Alternativas no tienen una definición cerrada justamente porque son el intento de descentralizar los modos de hacer justicia. Existen muchas justicias: ambientales, discas, eróticas, ancestrales, etc. Lo que nos sucede a nosotrxs es que no queremos volver a implicarnos en narrativas univerzalisantes porque éstas son rápidas de capturar, como ha sucedido con la justicia restaurativa. Es por eso que preferimos, por ahora, sostener que cada acontecimiento requiere de sabidurías y prácticas particulares, alternativas según cada circunstancia.
Ahondan en un tema complejo, como es el del castigo (o no) a las personas que cometen delitos sexuales. ¿Me pueden contar más de eso y por qué consideran que no deberían ser encarceladas?
Este tema obviamente tiene una enorme complejidad y es por eso que debemos amplificar las capas de la discusión. Nosotrxs lo que intentamos decir es que las agresiones sexuales siguen existiendo y que son un conflicto que la cárcel no resuelve, tampoco la pena. No hay menos agresiones sexuales porque se las castigue más, eso es lo que hay que desarmar. Sino basta con mirar el entramado de lo sucedido con Epstein en EE.UU. Las agresiones sexuales existen y tenemos que combatirlas; lo que estamos diciendo es que si relacionamos cárceles con agresiones sexuales, estamos abordando el conflicto una vez que el hecho ya fue consumado. Nosotrxs no queremos que existan más agresiones o daños sexuales, es por eso que debemos atacar el problema de raíz y esa no es la cárcel.
Además, la mayoría de los abusos sexuales son intrafamiliares.
La familia es una institución en la que se producen casi el 80% de los abusos a niñeces y adolescencias. Sin embargo, no nos estamos preguntando socialmente sobre el sentido de su existencia. ¿De dónde surge “la familia” como forma de organización social? ¿Qué nos está diciendo el hecho de que la mayoría de los abusos sean intrafamiliares? ¿Estamos dispuestos a dar esa discusión o mejor seguimos encerrando a abusadores y ofensores sexuales creyendo que eso soluciona las cosas? Lo que sucede es que para esto debemos embarrarnos, es más fácil creer que no tenemos nada que ver, que existen buenos y malos y que nosotrxs siempre somos los buenos. Parte del planteo de las Justicias Alternativas es entender que somos una sociedad que crea violadores, genocidas, masacres y exterminios. Sino caemos en narrativas binarias donde pareciera que existen villanos y siempre caemos bien paradxs. Para nosotrxs también es incómodo, esto no es para culpabilizarnos, es para entender de qué manera llegamos a donde estamos hoy como sociedad democrática y así poder combatir los puntos nodales que habilitan todas estas tragedias. No deja de haber violaciones porque existan las cárceles, no deja de haber genocidas porque existan las cárceles, entonces sería más que necesario empezar a probar otras estrategias.
“Todo preso y toda situación de delito siempre tiene que ver con una cuestión de carencia principalmente económica que la genera el mismo Estado”, asegura Soraya Maicoño. ¿Por qué la lógica de las cárceles lleva a qué estén sobrepobladas de personas pobres?
Son varios los motivos que hacen que las personas empobrecidas sean encarceladas. Tanto el sistema carcelario como el sistema penal tienen su matriz en estructuras raciales. En Argentina es muy difícil hablar de racismo porque el común de la gente niega que exista. No se escucha el reclamo de las poblaciones indígenas sobre los genocidios raciales y étnicos cometidos desde la conquista. Hay una imagen de que para el Estado las cárceles son un gasto, pero la realidad es que el Estado-Nación siempre necesitó de cárceles racistas para poder consolidarse. El reverso de la imagen que se desprende de la cárcel es la humanización occidental blanca citadina. Las cárceles tienen un color de piel. No olvidemos que tanto Macri como Alberto Fernández aseguraron que los argentinos descendimos de los barcos, a lo que nosotrxs respondemos que las cárceles son las que bajaron de los barcos. Hay regiones, como en Tierra del Fuego, que la primera institución que apareció en las poblaciones fueron las cárceles. Esto fue para dar un mensaje a los pueblos e imponer la moral de época sin ningún tipo de escucha o conversación con quienes habitaban los territorios.
Dicen que “el castigo no educa, el conflicto enseña”. ¿A qué se refieren con esa consigna y cuál es la diferencia entre ambos?
Esta frase surgió el primer año de nuestra Escuela de Artes, Oficios y Experimentación Política, que pronto cumple 3 años. La frase nació con la necesidad de pensar una consigna que represente el espíritu de la Escuela. Intenta combatir el principio pedagogizante que existe en el castigo. El punitivismo es, entre otras cosas, la idea de que castigando la sociedad aprende los límites, es básico. Pero es evidente que desde que se crearon las cárceles hasta la actualidad, lo único que hicieron ha sido aumentar la cantidad de personas privadas de la libertad. Entonces las estadísticas evidencian que el castigo no sirve para reparar los tejidos sociales. En cambio, nosotrxs creemos que los conflictos tienen mucho para enseñarnos. Son años de darnos cuenta que la única lengua que tenemos para narrar los conflictos es la lengua del derecho penal y vemos esto como una expropiación violenta. Por eso intentamos investigar el conflicto para reapropiar una lengua que nos pertenece.
¿Por qué a la gente le cuesta tanto entender que estar preso no te priva de otros derechos como la vida digna?
Las personas se han creado en el imaginario que una persona que habita las cárceles algo habrá hecho y eso justifica la pérdida de cualquier derecho, incluso de una vida vivible. De ahí que podemos seguir sosteniendo que la excusa de que existan estos Centros de Tortura Contemporáneos Legalizados no tiene nada que ver con ese supuesto de resocialización social en el que se ampara la existencia de la pena y de las cárceles en la Constitución Nacional. Las personas necesitamos siempre buscar un culpable, un chivo expiatorio, alguien de quien sospechar, a quien señalar o en quien depositar todas las frustraciones a las que jamás se llegan en la cultura del rendimiento. Entonces, qué mejor que agarrársela con alguien que está privado de su libertad.
¿Por qué creen que se ensañan de esa manera con las personas privadas de su libertad?
Hay una idea de que el sufrimiento de la persona que cometió un “delito”, término que dicho sea de paso debemos revisar, calmará el dolor de la persona dañada, y que hay algo que llaman justicia que se está haciendo al impartir castigo por ese cometido, y que por lo tanto no tiene derecho a reclamar nada. La venganza produce alivio y, por ese motivo, nada puede ser reclamado.
¿Cuáles son las diferencias de la experiencia carcelaria en mujeres y disidencias?
Del total de personas privadas de la libertad, solo el 4% son mujeres y menos de 1% son personas travestis y trans. Sabemos que las tareas de cuidado recaen siempre sobre los cuerpos feminizados: eso sucede en las casas, en los trabajos y la cárcel no es un eslabón que queda por fuera. Las colas de visitas siempre están repletas de mujeres. Además, las mujeres y personas travestis y trans que caen detenidas tienen doble estigma. Ni hablar de las que encima son madres. En el caso de las personas travestis y trans, la discriminación y la segregación atraviesa los muros de las cárceles también. En algunas unidades, incluso, las requisan personal masculino cuando está prohibido. Esto lo hacen alegando falta de personal. También por la falta de medicamentos en los establecimientos penitenciarios de PBA se ha reportado, en varias ocasiones, sobre la interrupción del tratamiento hormonal, cuestión sumamente grave y sensible que va contra la ley de identidad de género.





