Hija de padre ferroviario y madre ama de casa, Karina Nicoleta es trabajadora del subte desde el 15 de septiembre de 1994, lo que significa que pronto cumplirá 32 años laburando bajo tierra. Llegó al sector en plena década del 90, un momento sumamente complejo para las clases populares, con poquísimas posibilidades de ingreso al mundo laboral: en caso de acceder, se hacía en condiciones de mucha precariedad, como le había sucedido a Karina en dos ocasiones.
Cuando entró al subte, éste se encontraba en plena privatización, pasando del manejo estatal a la empresa Metrovías (actual Emova) con un sindicato que no representaba al grueso de sus trabajadores. “Esto significó un gran retroceso para las trabajadoras y trabajadores del subte”, cuenta Karina. Ella ingresó a la línea B en el sector de venta de pasajes, fue boletera por once años y medio, luego fue guarda. Actualmente es conductora de la línea A y secretaria de Género de AGTSyP.
“Yo no tenía experiencia sindical, mi familia era proletaria pero no tenía participación política. Cuando entré al subte había un sindicato que no nos representaba y la empresa concesionaria empeoró aún más las condiciones de trabajo. En ese momento se pasó de una jornada de 6 horas a otra de 8 y se tercerizaron la mayoría de las condiciones del convenio colectivo, precarizando aún más las garantías de los trabajadores, bajando el salario y comenzando un proceso de persecución por parte de la patronal, que incluía despidos arbitrarios”, relata.
“En ese momento casi naturalmente empezamos a vincularnos entre nosotros y nos terminamos organizando”. Primero fue de manera clandestina, haciendo alianzas entre trabajadores de diferentes líneas, pero luego cobraron más fuerza y en 2008, por plebiscito, lograron formar la Asociación Gremial de Trabajadores/as del Subte y Premetro (AGTSyP), más conocida como “Metrodelegados”.
Su primera conquista importante fue revertir un despido arbitrario mediante el paro. Así, con el correr del tiempo, aquellas condiciones que les habían sido arrebatadas fueron reconquistadas, especialmente las que tenían que ver con la estabilidad laboral. “A partir de ahí comienza a haber una instancia de organización mucho más fuerte”, asegura.
“Nuestra experiencia es de resistencia histórica en términos de clase y transformación, sostenida en una democracia de base y que ha sido puntapié para pensar otras formas de hacer sindicalismo. Un sindicalismo donde la totalidad de los compañeros sean partícipes, que funcione de manera horizontal y transversal respecto a los Derechos Humanos y la perspectiva de género. Un sindicalismo que permita pensar en la política como herramienta de transformación”.
Karina refiere a la lucha que vienen dando los y las trabajadores del subte desde el año 2018 en relación a los vagones con asbesto, adquiridos en 2013 por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. “A través de la articulación que supimos construir con otros metros del mundo nos llega la información de que estas formaciones, que habían sido utilizadas ya en España, generaban perjuicio en la salud de los trabajadores. A partir de eso empezamos a hacer presión para que la empresa analice el material y luego, cuando conocimos sus consecuencias, para que se saquen de circulación”, explica.
Actualmente ya hay 6 trabajadores fallecidos y casi 120 afectados por este material que puede generar cáncer. La exposición al asbesto tiene una latencia de más de 20 años y puede convertirse en una patología mortal, por eso Karina se enorgullece de que con la organización de los trabajadores se haya logrado sacar más de 200 toneladas y que se integren cada vez más compañeros al registro de estudios periódicos que chequean las condiciones de salud y dan una perspectiva preventiva a lo largo del tiempo.

Las mujeres frente a los vagones
El subterráneo, como la mayoría de los sectores de transporte, es un gremio masivamente masculinizado, por lo cual la participación de las mujeres en un principio estaba mucho más centrada en la atención al público o la venta de pasajes, la presencia en los molinetes y otras tareas con menor remuneración. En ese sentido eran más limitadas las posibilidades de ascenso.
“Las mujeres empezamos a pensar cuáles eran las condiciones que teníamos como colectivo y a visibilizar que había desigualdades de género, falta de oportunidades laborales y violencias que nos atravesaban. A partir de eso empezamos a organizarnos más profundamente y a tener conquistas propias como trabajadoras”, enfatiza.
Actualmente en el subte hay presencia de mujeres prácticamente en todos los sectores y áreas de trabajo, como son el comercial: boleterías, auxiliares de estaciones, limpieza (peonas de día), tráfico (guardas, conductoras, maniobristas), instalaciones fijas (telecomunicaciones, usinas / electromecánica), limpieza (peonas turno noche), quedando aún pendiente el acceso al sector de Material Rodante (talleres). Bajo el lema “Todes en todos lados”, el sindicato ha impulsado la presencia de mujeres y disidencias en todos los sectores de trabajo sin discriminación por géneros. Una deuda pendiente, explica Karina, tiene que ver con el cupo laboral travesti trans, pero la empresa se niega.
En 2019, después de una larga lucha, ingresó la primera camada de nocheras en un horario en el que hacía más de 100 años sólo trabajaban varones. Otro hecho histórico que representó, de igual manera, la llegada de mujeres al sector de usinas y telecomunicaciones con la incorporación de trabajadoras técnicas / electromecánicas. A su vez, en el acuerdo paritario se incorporó la Licencia por Violencia de Género, la primera de su tipo en el sector privado: una licencia especial, con goce de haberes, para las trabajadoras víctimas de alguna situación contemplada en la ley nacional 26.485. Además, se lograron universalizar las licencias por hijo enfermo, las cuales eran insuficientes y alcanzaban sólo a las trabajadoras mujeres. De esta manera y desde una perspectiva de corresponsabilidad familiar, se hizo extensible la tarea a los trabajadores varones.
“Supimos construir un sindicalismo sostenido íntegramente en la democracia de base y en la defensa de las condiciones laborales. Desde una perspectiva horizontal, plural y en permanente articulación con otros colectivos de trabajadores y organizaciones sociales. Eso supuso un trabajo muy importante no solo hacia afuera, hacia la empresa, sino hacia adentro, en los propios estereotipos que tenían las compañeras internalizadas. Hoy tenemos compañeras mujeres en todas las áreas”, enfatiza. A pesar de los avances, todavía al día de hoy están en la lucha para que haya mujeres encargadas del material rodante, área que se dedica al arreglo y el mantenimiento de las formaciones, para lo cual exigen que la empresa se haga cargo de la formación.
“Históricamente las compañeras del subte, tanto mujeres como diversidades, han tenido una presencia muy grande en términos del activismo, que se fue profundizando con la participación en los lugares de representación que fue un derecho que también fuimos conquistando”, relata Nicoleta. A lo largo del tiempo se fueron sumando más delegadas y actualmente tienen presencia en el órgano de representación del secretariado ejecutivo. “Las compañeras siempre han tenido mucha incidencia y mucha perspectiva de transformación”, plantea.
Como todas, Karina no nació siendo feminista, sino que fue nombrándose a partir de los cambios de época. Fue una transformación inconsciente que se fue dando cuando empezó a reconocer las dificultades estructurales que atraviesan a las mujeres y las diversidades. “Compartiendo nuestra experiencia propia a muchas otras, logramos que las compañeras pudieran finalmente transversalizar las perspectivas”, señala.
En un momento sumamente complejo como el actual, las trabajadoras del subte entienden la necesidad de fortalecer las instancias de organización y por eso se preparan para marchar el 8M, Día de la Mujer Trabajadora. Además, reafirman, el deterioro de la clase trabajadora impacta en todas, incluso aquellas que tienen trabajo formal.

“La reforma laboral impulsada por el Gobierno se propone despojar de derechos al conjunto de la clase trabajadora, y desarticular toda posibilidad de organización colectiva. Frente al ajuste y la miseria planificada que somete a nuestro pueblo, redoblar la organización y unir las luchas es la tarea”, declara Karina.
“Entendemos el 8M como una jornada de lucha en un momento de profundo retroceso, especialmente para la clase trabajadora, y por sobre todas las cosas por la forma que impacta en la vida de las mujeres y diversidades. El mundo del trabajo no es aquel mundo del trabajo que conocimos hace muchos años. Es un mundo de trabajo muy fragmentado: las mujeres tienen las condiciones de vida más precarias y muchas de ellas sostienen sus hogares. Eso también va en detrimento de su posibilidad de inserción en el mundo del trabajo. En una coyuntura como la actual, en la que el Estado no tiene una participación activa, las violencias contra mujeres y disidencias recrudecen”, concluye.





