Ana Ríos Bardana tiene 27 años, es psicóloga y delegada de ATE. Luce el pelo marrón suelto y lacio. Lleva una remera blanca durante la entrevista por Zoom. Cuando se le pregunta, cuenta que sus abuelos paternos, Juana María Armelin e Ignacio Ríos, fueron detenidos desaparecidos, militantes del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) y padres de dos hijos.
Juana fue secuestrada en febrero de 1978 por un grupo de la Policía Federal y el Ejército Argentino en un operativo en el cual intervinieron alrededor de 100 personas, camiones militares y soldados uniformados. Pasó por el centro clandestino de detención “El Banco”, pero aún no hay noticias de sus restos. Ignacio fue fundador y dirigente del PCML en Argentina. El 24 de mayo de 1978, en un operativo ilegal de detención, fue secuestrado en la vía pública cuando arribaba a su vivienda. Pasó por el centro clandestino de detención El Banco, pero tampoco se conoce su paradero.
Sofía Allo tiene 24 años, rulos negros y una vincha en el pelo. Lleva los auriculares puestos durante toda la charla. Su abuelo, Rodolfo Ortiz, tenía apenas dos años mas que ella cuando se lo llevaron secuestrado. Militaba junto con su esposa, Viviana Sonia Losada, en el PRT y la Juventud Guevarista, donde era Secretario General. Al mismo tiempo, estudiaba Arquitectura en la UBA. Estuvo en el centro clandestino de detención Puente 12 en La Matanza y ese mismo año fue asesinado. Tenía dos hijas, Mariana y Fernanda, producto de su matrimonio con Viviana. Gracias a la investigación impulsada por la familia, en el año 2006 sus restos fueron encontrados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en el cementerio de Avellaneda.
Tanto Sofía como Ana forman parte de Nietes, un espacio multisectorial creado en agosto de 2019 en La Plata por jóvenes y adolescentes nietes de desaparecides. Surgido al calor de la resistencia al macrismo y la ola verde, sobrevivieron a la pandemia y supieron adaptarse a una época plagada de discursos de odio tanto dentro como fuera de las redes sociales. Con su militancia pedagógica y el legado de amor a la política, siguieron creciendo cada vez más. Hoy tienen regionales en todo el país y articulan con diferentes organismos de Derechos Humanos.
Siete años después de la fundación de Nietes y a 50 años del último golpe de Estado que inauguró la dictadura más sangrienta en Argentina, El Grito del Sur habló con Ana y Sofía para repensar el lugar de la juventud en el pasado, presente y futuro.

¿Cómo fue su llegada a la organización?
Ana: Nietes se forma en 2019 con la agrupación H.I.J.O.S como nexo, ya que muchos de nuestros padres militaron ahí. Al principio éramos alrededor de 15 pibes con diferentes trayectorias que empezamos a preguntarnos qué y cómo queríamos fundar el espacio. Cuando se paró todo con la pandemia, lanzamos una campaña para difundir la organización por redes sociales y buscar más familiares de desaparecides. Para el III Encuentro Federal del año pasado, vinieron juventudes de diferentes provincias.
Sofía: Yo me sumé en 2023, cuando ganó Milei. Al principio conocí a Nietes por su trabajo a nivel federal y luego me fui acercando a mi territorio, CABA. Yo nunca había militado orgánicamente, pero con el avance de la derecha sentí la necesidad de hacerlo. En Nietes encontré mucha gente que había pasado por una historia similar a la mía y eso nunca me había sucedido.
¿Cómo reciben los 50 años del último golpe de Estado?
Ana: Nos recibe en una coyuntura muy complicada, con muchos desafíos y bombardeados de malas noticias. Sin embargo, nos encontramos en el mejor momento del espacio. El organismo es bastante reciente y estamos creciendo un montón. Es esperanzador ver cómo se expande cada vez más la organización. Después convivimos con la realidad de que las juventudes están en un momento de precarización, de que no hay trabajo y eso hace más difícil poder organizarnos.

¿Qué piensan de que parte de la juventud se alinee con los ideales libertarios?
Sofía: Reflexionamos mucho sobre eso para poder salir de la estigmatización, de la bronca. Tenemos un abordaje más pedagógico: nuestro principal contacto con la juventud es en las aulas. Nos invitan bastante a conversar con estudiantes de todos los niveles. Nos parece que en ese encuentro es posible abordar las situaciones que aquejan a la juventud. Además, permite formarnos en argumentos que puedan rebatir esos discursos negacionistas que, si bien hoy se difunden por redes sociales, antes ya existían. Tenemos que preguntarnos por qué estos discursos interpelan a los jóvenes.
¿Les parece que es negacionismo o ignorancia?
Ana: Yo creo que hay algo que va más allá de la movida libertaria entre los jóvenes, la cual no es totalitaria. Muchas veces se dice “la juventud se volvió de derecha” y no es así, es un sector minoritario. El voto a Milei fue transversal y mayormente masculino. Es verdad que hay una juventud que tiene mucha distancia con lo que pasó en la dictadura. Es muy difícil hablar de memoria con jóvenes porque sienten ajena esa historia. Nuestra línea es decir que fue un genocidio, que nos pasó a todos, que tiene consecuencias concretas y que se hizo con el objetivo de instalar un sistema social, político y económico que sigue vigente hasta el día de hoy, ya que muchos cómplices de la dictadura están en lugares de poder. Hay un montón de cosas pendientes, hay nietos a recuperar todavía. Eso es lo que nosotres tratamos de llevar a las juventudes. Acercarnos a hablarles de igual a igual para hacerles entender que no es algo que nos pasó a nosotres, es algo que le pasó a todo el pueblo.

¿Tienen relación con otros organismos de Derechos Humanos?
Sofía: Si, tenemos relación con otros organismos como H.I.J.O.S, Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Plaza de Mayo. Aprendemos mucho de sus experiencias y las honramos. Queremos dejar su huella, su marca y agregar la particularidad que nosotros tenemos como juventudes. Todo eso puede convivir en la articulación con esos organismos.
Ana: Hay una construcción conjunta. Es la inscripción de la juventud en una lucha mucho más amplia, a la que venimos a dar continuidad e imprimirle nuestra propia mirada generacional.
¿Cuál es esa impronta generacional que encuentran?
Ana: En primer lugar, somos un espacio feminista. Una juventud muy interpelada por la lucha de los feminismos y atravesada por la ola verde. Por eso la E en el nombre, por eso el verde en el logo. De hecho, somos una referencia para otros espacios de Derechos Humanos (DD.HH.) y buscamos demostrar que el género y la diversidad son transversales a la lucha de los DD.HH.
Sofía: Son luchas hermanas. Nosotres nos informamos sobre las torturas que sufrieron mujeres y disidencias durante la dictadura para reivindicar a esas personas y dejar en claro que existen por lo menos 400 individuos que sufrieron un ensañamiento particular por su identidad de género o su orientación sexual.

Por último y teniendo en cuenta el paso de las generaciones, ¿en algún momento se deja de ser familiar de los desaparecidos o es algo que va a traspasar el tiempo?
Sofía: Nosotros jugamos un poco con la identidad personal y política. Me parece que tener un familiar desaparecido construyó mi identidad política, pero por momentos la trasciende. Quiero creer que estaríamos acá aunque no tuviéramos familiares desaparecidos. Es una responsabilidad social que tenemos todes y es un desafío transmitirlo.
Ana: Yo pienso en Hebe (de Bonafini) cuando decía que era madre de todos los desaparecidos. Considero que hay que colectivizar una lucha que a veces se singulariza en quienes tenemos familiares desaparecidos. Nuestro objetivo es que no sea algo nuestro, que se pueda entender que fue un genocidio contra toda una parte de la sociedad. Hay un montón de razones por las cuales se persiguió a las personas, pero lo importante es poder ver que desaparecieron a toda una generación de militantes. Fue un mensaje disciplinador para toda la sociedad, para que la gente no crea en la política, no se organice y que ellos puedan seguir con ese modelo que nos endeuda y hace nuestra vida miserable.





