Ángel Arias fue militante del PRT-ERP hasta los 24 años. El 17 de mayo de 1977, fue secuestrado de su domicilio de Lanús a las 6 am y nunca regresó. Su cuerpo aún se encuentra desaparecido, al igual que el de su compañera Beatriz Sarti. Sin embargo, su memoria sigue viva. Carmen Arias es su hermana y la actual presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Amiga de Hebe de Bonafini, desde el momento de la desaparición de Ángel, Carmen acompañó a su madre, María Consuelo de Arias, en la búsqueda de su hermano. En 2007, luego de que muriera su mamá, Carmen fue integrada a las Madres como una más.
«Estar hoy acá es una obligación moral”, enfatiza Eva Ramírez, pelo blanco, anteojos finos, pañuelo en el cuello. Ella es vecina de Lanús, motivo por el cual decidió marchar con el rostro de Ángel Arias en un cartel acompañado con la frase “son 30.000. Nunca más”. Como no tiene familiares desaparecidos, sintió que era un legado de las Madres, una forma de mantener viva la memoria. «Mis padres eran peronistas y cuando vino la dictadura tuvieron que enterrar los libros que tenían de Evita y Perón en el jardín. En el fondo de mi casa había un terreno baldío donde masacraron a los desaparecidos. Nos poníamos a rezar porque escuchábamos los tiros y sabíamos que estaban matando gente», relata. Ella asegura que en 1976 iba a una escuela secundaria católica donde no se hablaba de lo que sucedía. Sin embargo, recuerda el día que la dejaron irse a casa por el golpe cívico-militar.
Del otro lado del cartel donde está pegado Ángel, lleva el retrato del Padre Carlos Mugica, quien integró al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, una corriente renovadora dentro de la Iglesia Católica comprometida con la realidad social y política de América Latina. Eva entiende que fue una excepción al negacionismo de la iglesia. “Lo traje para remarcar que también hubo mártires dentro de la Iglesia”, declara.

Que digan dónde están
«Que digan dónde están» fue la consigna bajo la cual los organismos de Derechos Humanos (DDHH) invitaron a marchar este 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. A 50 años del Golpe de Estado y bajo un gobierno abiertamente negacionista, la intención fue que cada cual marche con la foto de un detenido-desaparecido, exigiendo por el conocimiento de su paradero. Desde la mañana, la Plaza de Mayo y sus alrededores se fueron llenando de familiares, militantes, compañeros, amigos, niños y abuelos que llevaron rostros fotocopiados. Los que tuvieron más suerte fueron en color, los demás en blanco y negro, como las primeras fotos que llevaron las Madres a la Plaza.

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas perpetraron un golpe de Estado que impuso un régimen de terror y persecución por razones políticas. Éste desapareció a 30 mil personas de todas las edades y condiciones sociales. Entre ellas, había centenares de mujeres embarazadas que parieron en cautiverio, así como niñas y niños que fueron secuestrados junto a sus madres y/o padres.
En abril de 1977, las Madres de Plaza de Mayo ya habían convertido la orden policial de “circular” en “la ronda de los jueves” y usaban, para reconocerse, un pañuelo blanco atado en la cabeza, que simbolizaba el pañal de tela de sus hijos e hijas.
Si bien gracias al incansable trabajo de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo ya se han restituido 140 nietos, a medio siglo del Golpe quedan 300 nietos sin identificar. Según el sitio oficial de Abuelas, “la dictadura estructuró un plan sistemático de apropiación de bebés y niños, con centros de detención ilegal”. Alrededor de 500 hijos de personas desaparecidas que nacieron en cautiverio, resultaron apropiados entre los años 1975 y 1980. Otros fueron entregados a familias cercanas a las Fuerzas Armadas o de seguridad; otros, abandonados en institutos como NN. “En todos los casos les anularon su identidad y les privaron de vivir con sus familias, en conocimiento de la verdad, de sus derechos y de su libertad”.
Laura Guerini -49 años, rulos rubios y pañuelo blanco atado detrás de la nuca- tenía solo un año y ocho meses cuando su madre murió. Era estudiante de la Universidad de Lomas de Zamora y su hermano fue uno de los fundadores de la Universidad de la Matanza. Aún no se sabe si militaba. Cuenta, por detrás del vidrio de sus anteojos, que aunque va hace muchos años va a la marcha nunca se animó a llevar su foto. Hoy María del Transito Gil Guerini, de 23 años y desaparecida el 12 de febrero de 1979 -cuando fue a buscar trabajo y no volvió-, está presente de alguna forma. “Siento impotencia, bronca, dolor, mucha debilidad. Con este gobierno uno se siente incapaz. Se nos niegan los 30.000 y no es justo, ni para las abuelas, las madres ni los hijos”, subraya. El cuerpo de María apareció a los tres meses descuartizado al costado de una fábrica en Bella Vista, cerca de Campo de Mayo. Actualmente tiene dos partidas de defunción: una dice que murió a causa de una perforación de útero y otra dice que es rotura de cráneo y de costilla. “Hace días que vengo muy movilizada. Son 50 años de una ausencia total del Estado”, explica.

Alejandra y Aníbal caminan juntos por la Plaza de Mayo, alrededor de las 12 del mediodía. Ella lleva anteojos negros y él una campera fina azul. Parecen reservados, pero aceptan hablar la primera vez que se los consulta. Ambos cargan con la foto de su pariente, José Daniel Topo, secuestrado el 12 de junio de 1977. José estuvo en el centro de detención clandestino “El Atlético”, donde fue torturado y finalmente arrojado al río en los «vuelos de la muerte», evidencia que consta en los juicios gracias a las declaraciones de quienes compartieron el cautiverio. Cuando fue asesinado tenía 20 años y estaba esperando un hijo, que nació un mes después. “Estar acá representa una alegría de ver tanta gente, especialmente tanta gente joven, lo que demuestra que es algo constitutivo de la historia argentina”, asegura Aníbal. Por otro lado, recuerda la melancolía propia de esos momentos y el dolor que no termina de irse nunca. “Me da esperanza que en este sistema, donde el egoísmo es un valor y la solidaridad es un crimen, haya personas que piensen como nosotros”, declara.

Negacionismo 2.0
En el marco del 50° aniversario del golpe de Estado, el gobierno de Javier Milei publicó un video denominado «Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia Completa», donde busca mostrar otra parte de la historia que – según ellos- «no se contó». El enfoque planteado en el mensaje propone revisar «la historia completa, de ambos lados» y anticipa un contenido que podría abrir debate público y político. Nuevamente se rechazó la cifra de 30.000 desaparecidos, sosteniendo que la cifra real es de 8.753, como indica el informe de denuncias recogidas por la Conadep en 1984. La misma línea sigue su vicepresidenta, autora junto con Carlos A. Manfori del libro “Los otros muertos. Las víctimas del terrorismo guerrillero de los 70”.
«Hoy me viene el recuerdo de muchos compañeros que ya no están y sería importante que estén. Son necesarios en esta situación a la que era impensable que llegáramos, con un gobierno de estas características», cuenta Hugo, quien militaba en el PRT y estuvo detenido durante la última dictadura. Él decidió marchar con la foto de su compañero y amigo Sergio Hector Comba y su pareja Marta Susana Ledesma, quienes dieron su vida “por la lucha de nuestro pueblo”. “A pesar de todo lo que quieren borrar, el pueblo tiene memoria”, sentencia.

Como explicaron los organismos de DD.HH. en el discurso del acto central, desde la asunción del gobierno de Milei no ha pasado otra cosa que la reducción de las políticas públicas. El Banco Nacional de Datos Genéticos vio intervenida su estructura: entre diciembre de 2023 y el mismo mes de 2025, dicho organismo perdió el 34% de su personal. De acuerdo con datos del INDEC, pasó de contar con 47 empleados en noviembre de 2023 a 33 en enero de 2026. Por su parte, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad ha reducido a la mitad su planta de trabajadores.
Además, mientras los sobrevivientes siguen contando el terror en los juicios, cada vez hay menos genocidas en la cárcel común: más del 80 por ciento de los detenidos tiene el beneficio del arresto domiciliario, otros están en la cárcel VIP de Campo de Mayo y más de 1500 están libres.
“No debería decir esto, pero era uno de los mejores”, declara con la voz entrecortada Laura Lonati, militante de Libres del Sur y trabajadora social cordobesa. Ella se refiere a Eduardo Jorge Valverde, su tío del corazón, abogado y socio de su padre, quien se presentó voluntariamente a una citación por ser abogado de presos políticos y nunca regresó. “Era un tipo íntegro. Quienes compartieron la tortura con él contaban que nunca se doblegaba y hasta el último momento gritaba su nombre, como una demostración de la fuerza de su identidad”. Luego de estar desaparecido durante 50 años, Valverde fue reconocido como uno de los 12 cadáveres encontrados recientemente en el ex centro clandestino de detención La Perla (Córdoba). “Nunca abandonamos el pedido de Memoria, Verdad y Justicia y que nos dijeran dónde estaban enterrados. Sin embargo, es contradictorio: uno quiere saber cuál es su destino, pero al mismo tiempo es difícil saber que lo torturaron, lo mataron y lo arrojaron a una fosa común con cientos de miles de compañeros”, explica. Atrás de ella, una bandera exige: “Hay que echar a Milei”.

Las identificaciones en La Perla se obtuvieron a partir del análisis antropológico de todos los elementos recuperados en 2025 y del cotejo de ADN de un primer conjunto de elementos óseos enviados al Laboratorio de Genética Forense del Equipo Argentino de Antropología Forense con los perfiles genéticos aportados por los familiares de personas desaparecidas. “No trae paz, trae más fuerza para seguir exigiendo que aparezcan y que nos digan dónde están todos y todas las que faltan”, asegura Laura. Para ella, si bien la trinchera de la resistencia se puede dar en muchos planos, fundamentalmente es el pueblo en la calle diciendo Nunca Más.
Una canción me trajo hasta aquí
Tenório Jr. es el seudónimo de Francisco Tenório Cerqueira Júnior. Nacido el 4 de julio de 1940 en Río de Janeiro y desaparecido en el año 1976 en la capital porteña, el pianista brasileño de samba-jazz fue un artista de considerable relieve en la década de 1970. El 18 de marzo de 1976, mientras se presentaba en Buenos Aires acompañando en el piano a Vinicius de Moraes y Toquinho, Tenorio Júnior desapareció sin dejar rastro. Los músicos estaban alojados en el hotel Normandie. Tenorio Jr. salió del hotel y nunca regresó. De acuerdo con testimonios y documentos obtenidos por investigadores brasileños, habría sido secuestrado por un grupo militar.
“Pensé que ningún brasilero iba a traer otro brasilero a la marcha”, explica Verónica, músicoterapeuta y Magister en Derechos Humanos, que estudia la obra de Tenório Jr. desde la espectralidad. “Tenorio era un pianista brillante”, enfatiza. Ella asegura que durante mucho tiempo se instaló una versión falsa sobre su muerte que dio el genocida Claudio Vallejos, miembro del Servicio de Información Naval, en la cual él habría estado secuestrado en la ESMA una semana y luego Astiz le habría pegado un tiro. Dichas declaraciones fueron desmentidas en septiembre de 2025 cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense anunció haber identificado el cuerpo de Tenorio Jr., a través de sus huellas dactilares. Los peritos forenses estimaron que la muerte del pianista ocurrió hasta 48 horas antes de que la policía argentina lo encontrara. Esto significa que el asesinato podría haber ocurrido la misma noche en que Tenorio Jr. desapareció en las calles de Buenos Aires. Sin embargo, lo enterraron como NN en el cementerio de Benavidez. “Cuando empecé a investigar desde el punto de vista más académico su música, me hipnotizó”, declara. “Me parece que la música tiene algo tan particular, que es que las ausencias se hacen más fuertemente presentes y cada uno puede interpretar lo que quiera”.

Cesar Silva será el último entrevistado del día. Vino a la marcha con toda su familia, incluso su abuela, que descansa del sol apabullante del mediodía sobre una reposera. En la remera lleva estampada la foto de su padre, Luis Ismael Silva, detenido desaparecido el 11 de noviembre del 76 y militante de Montoneros. Aunque tenía una familia en Santa Fé, cuando pasó a la clandestinidad Luis se mudó a La Matanza y conoció a la madre de César, quien nació luego de su secuestro. “Son muchísimas emociones. Hoy tengo 48 años y mi papá desapareció a las 24. Yo no tengo ningún recuerdo vivido con él, todo lo que tengo son historias de otros. Sin embargo, tenemos el mismo camino, la misma manera de pensar, de reír y de hablar”, explica. A los 18 años se pudo reencontrar con su familia paterna y darse cuenta de su parecido. “Cuando nos encontramos y vieron en mí a mi papá fue una emoción terrible”, asegura. “Para mí es una generación que luchó por un país mejor, contra un plan económico que es el mismo que nos quieren imponer hoy”, concluye.

Durante el acto central, casi llegadas las cinco de la tarde, se volvió a pedir por los 30 mil sin olvido, perdón ni reconciliación. Las calles clamaron “El que no salta votó a Milei”, y una impresionante multitud de pañuelos y pañuelitos -tatuados, dibujados, pintados, estampados en remeras, en dijes y colgantes- pobló la plaza.
A pesar de la oleada negacionista, existen fuertes cimientos históricos democráticos en la sociedad argentina. Según una encuesta del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Pulsar Argentina, el 63% de los y las entrevistadas considera que había pocos o ningún motivo que justifique el golpe de Estado. Además, el 70% de los argentinos está muy o bastante de acuerdo con que el Estado siga juzgando a los militares. Los bombos tiemblan, la plaza evoca.
El documento oficial dio un cierre a la jornada con una frase que podría ser el lema de una época, el diagnóstico anímico de una sociedad quebrada, otra de las frases acertadísimas de los organismos de Derechos Humanos: “Porque somos el país del Nunca Más y el pañuelo blanco. Porque seguiremos, como sostuvo Paco Urondo, hasta que todo sea como lo soñamos y también como lo luchamos”.
Nunca más.





