A la hora de hablar de la última dictadura militar argentina, es casi un consenso el número de 30.000 detenidxs-desaparecidxs. Sin embargo, algo menos recordado es que hubo al menos unas 400 personas LGBTINB+ a quienes les quitó la vida la dictadura.
La referencia a esa cifra tiene su origen en los primeros años de la democracia, cuando el rabino y defensor de derechos humanos Marshall Meyer, integrante de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), le transmitió al activista Carlos Jáuregui, primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), que entre los casos registrados por la comisión aparecían cientos de personas desaparecidas identificadas como “homosexuales”. Ese dato fue invisibilizado en el informe Nunca Más (1984), pero posteriormente fue retomado por el movimiento de diversidad sexual para mostrar que entre las víctimas del terrorismo de Estado también hubo personas perseguidas por su orientación sexual o identidad de género.
“Si bien no está probado que haya habido un plan sistemático para perseguir a las personas gays, lesbianas, travestis y trans durante la dictadura genocida, sí esta acreditado que sufrieron un trato especialmente cruel y degradante mediando violencia sexual”, explica Martín Canevaro, activista de 100% Diversidad y Derechos y el Frente Orgullo y Lucha.
La dictadura cívico-militar-eclesiástica, iniciada el 24 de marzo de 1976, impuso no sólo un autoritarismo político sino también moral, al servicio de un proyecto económico basado en el endeudamiento, la desigualdad y la dependencia. La represión al movimiento popular no excluyó la persecución a lesbianas, gays, bisexuales, travestis y trans, como parte de los dispositivos de disciplinamiento del pueblo, principalmente de la juventud estudiantil y trabajadora, y de los sectores populares que luchaban por una sociedad más justa.

“Bajo lógicas de “limpieza moral” y de higienismo social, el régimen militar pretendió imponer una idea única de familia, sexualidad y vida pública. En ese marco, las disidencias sexuales y de género eran consideradas desviaciones que debían ser corregidas, castigadas o eliminadas del espacio social”, explican desde el Frente Orgullo y Lucha. “El terrorismo de Estado operó también como un dispositivo de disciplinamiento cultural y moral orientado a borrar toda forma de diversidad, autonomía y libertad en la vida social”, continúan.
Este 21 de marzo, en la Casa de la Militancia de H.I.J.O.S. dentro del Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA), el Frente Orgullo y Lucha realizará una jornada con actividades políticas y artísticas. A su vez, convocan a marchar este 24 de marzo con la bandera histórica del Frente de Liberación Homosexual.
Sobre lo que sucedía al interior de las organizaciones sociales, políticas y sindicales respecto a la disidencia sexual, cabe rescatar la experiencia del “Grupo Nuestro Mundo”, la primera organización política gay, fundada años antes del Cordobazo que contenía ex militantes de organizaciones políticas de izquierda y sindicalistas que luego confluyeron en el Frente de Liberación Homosexual. “El canto ‘no somos putos, ni faloperos: somos soldados de la FAP y Montoneros’, grafica la homofobia instalada en las organizaciones políticas de ese momento, cosa que ahora hemos logrado superar, integrando a la diversidad sexual como parte de la militancia por los Derechos Humanos”, añade Martín.
Ya antes de que hubiera transcurrido un año del golpe, el Grupo Nuestro Mundo denunció los arrestos arbitrarios que sufrían las personas de la diversidad sexual bajo la dictadura y cómo se las obligaba a firmar declaraciones incriminatorias amparadas en edictos policiales como el “2 H”, una norma policial utilizada principalmente por la Brigada de Moralidad bajo la figura de “escándalo público”, para castigar comportamientos considerados “raros” o “inmorales”.

Sin embargo, para las disidencias la persecución policial no terminó con el fin de la dictadura. Durante los primeros años de la democracia continuaron las razzias policiales contra personas gays, travestis y otras disidencias sexuales en plazas, espacios públicos y lugares de encuentro. Las personas travestis y trans fueron durante décadas uno de los principales objetivos de la persecución policial, las detenciones arbitrarias y la violencia institucional. La derogación de los artículos de los edictos policiales y códigos contravencionales provinciales que criminalizaban abiertamente la homosexualidad y el travestismo fue el resultado de un largo proceso de lucha del movimiento de diversidad sexual que recién culminó en 2008, cuando las últimas provincias que mantenían esos artículos los eliminaron.
Durante la jornada del 21 habrá taller de serigrafía, pintada de murales, performances por la diversidad y festival de bandas, entre las 16 y 20 hs.





