Con la llegada de abril se registró otro aumento en el pasaje de colectivo, pasando a $715,24 el boleto mínimo en la Ciudad de Buenos Aires, mientras que en la Provincia el mínimo quedó fijado en $871,30. Este nuevo incremento generó malestar en el bolsillo de los trabajadores. También se detectaron reducciones en la frecuencia del servicio, ya que se cuentan menos unidades en las calles. Dicha situación genera largas filas, más espera, molestia en los usuarios y preocupación. Cada día se viaja peor por un costo económico más alto.
El aumento de las tarifas se da en el marco de ajuste implementado por el gobierno nacional: para definir el aumento de las tarifas, al número de inflación mensual se le suma el 2%, generando ahogamiento en los trabajadores. Esta situación es también producto de la suba de combustibles, que aumentaron un 23% en el último mes, teniendo influencia el conflicto bélico en Medio Oriente.
De acuerdo con el informe del mes de marzo del Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP – UBA/CONICET), una familia tipo del AMBA destinó en promedio $101.026 mensuales al transporte público, en un contexto de fuerte aumento de tarifas y reducción de subsidios. Este gasto incluye principalmente viajes en colectivo y representa el mayor gasto para un hogar.
Asimismo, se espera un nuevo aumento en las tarifas para el mes de mayo del 5,4%, siendo el mayor en un año. Colabora en este esquema de aumentos el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, poniendo a prueba el bolsillo de los porteños en una ciudad cada vez más empobrecida, ya que se toma el mismo índice para la suba.
El Gobierno, acorralado por los escándalos de corrupción que rodean al jefe de Gabinete Manuel Adorni, reconoció la problemática y trata de evitar que se reduzca el servicio. Sin embargo, recién luego de 10 días de conflicto, decidió proceder a negociar mediante la Secretaría de Transporte.
Los únicos afectados son los trabajadores
Esta situación de empeoramiento de las condiciones del transporte toma también como rehén a los trabajadores de los colectivos, quienes prestan servicio a los usuarios percibiendo bajos salarios y abonados fuera de término.
“Nos abonaron el sueldo fuera de fecha, nos tienen que pagar los viáticos, para los cuales nos dan una fecha de pago, y cuando llega el día deciden atrasarlo 10 días más. Nos dicen que el gobierno nacional no baja la plata para que cobremos”, dijo Iván Gimenez, colectivero de la línea 159, la cual tiene frecuencia en PBA y en CABA. Esta línea conecta puntos estratégicos como el Correo Central con localidades como Quilmes, Florencio Varela y Berazategui, vital para quienes deben moverse en los centros urbanos. Hace varios meses, los choferes de esta línea presentan una situación de precariedad laboral, de la cual la empresa responsabiliza al gobierno nacional, eximiéndose del papel que les toca cumplir.
Asimismo, las líneas de colectivos también son disputadas por diferentes grupos empresarios, como es el caso de la histórica línea 148, la cual retomó sus servicios de forma reducida luego de ser absorbida por el grupo empresario Misión Buenos Aires, dejando solamente en funcionamiento 5 ramales de los 9 servicios que prestaba de forma histórica. El ramal B por Acceso, el B – El Jalón, el C por Senzabello y el G por San Martín no prestarán servicio como lo hacían anteriormente. La decisión de continuar prestando servicio a esta línea es excepcional, lo que no sucede con la línea 502, recorrido que fue suprimido en la línea 503 de colectivos, tomadas por el mismo grupo empresario.

El clima social: ¿cómo afecta la crisis del transporte en nuestras vidas?
Viviendo en grandes centros urbanos como lo son CABA y PBA, el colectivo es un transporte vital y de gran alcance para cubrir distancias significativas. Si bien es parte de la cotidianidad del trabajador, se registró una caída en la cantidad de pasajeros diarios debido a la reducción de la frecuencia, generando así que otros transportes sean utilizados en los horarios de mayor concurrencia, como es el caso del tren Roca. Esta línea comienza en Plaza Constitución y llega hasta Quilmes, extendiendo su recorrido hasta La Plata en ciertas ocasiones, lo cual genera mucha frecuencia de usuarios durante la semana.
Según el informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta), se registró una variación en la cantidad de pasajeros que usan el servicio, siendo un 33% menos que en enero de 2016, indicando el nivel más bajo de la última década. Esto quiere decir que cada vez menos personas eligen el colectivo como medio de transporte y, como resultado, se observa que opera con un tercio menos de pasajeros que hace diez años.
Debido a la baja de la frecuencia de los colectivos, este transporte funciona como segunda opción para quienes buscan una alternativa al momento de viajar. Esto ocasiona que la frecuencia se reduzca por la cantidad de accidentes, pasajeros de más y también por la reducción significativa del servicio.
Existe preocupación y malestar en los trabajadores, quienes manifiestan que se viaja mal y de forma incómoda por un servicio que cada vez es más caro. También hay una sensación generalizada de que las horas del día no son suficientes: quienes trabajan pasan más tiempo fuera de sus hogares debido a que deben destinar más tiempo a viajar.
“Viajamos como ganado. Hay horarios que son terribles, como es el caso de las 7 de la mañana. Todos vamos a trabajar, duermo menos para salir más temprano y llegar a horario. Si llegás tarde te descuentan el presentismo. No da para más esta situación”, contó Liliana, testimonio al cual pudimos acceder en Plaza Constitución.
Además se observan más conflictos cotidianos en los medios de transporte, como son las peleas por empujones. Esto deja a la vista la falta de tolerancia social que se perpetúa en un contexto cada vez más sensible.
Viajar es cada vez más complicado. En un contexto de precarización laboral, tanto de los choferes como de los usuarios, donde el transporte es más caro y de peor calidad, se profundiza la tensión entre la vida cotidiana y la vida laboral, no dejando espacio para poder disfrutar tiempos de ocio o para mantener una rutina que no interrumpa nuestras responsabilidades. Así se expone cada vez más la línea de ajuste que mantienen los funcionarios actuales, quienes -lejos de preocuparse por los trabajadores- presionan para agravar la situación.






