Desde buscar recetas hasta programar una computadora, pasando por consultar sobre dolencias físicas y hacer terapia, la Inteligencia Artificial (IA) ha llegado a nuestras vidas para quedarse. En la actualidad, la IA es capaz de contener datos de todo tipo y lucrar con ellos. En resumen, ésta llegó para quedarse y busca modificar la forma en que interactuamos con otros. La IA configura nuestras relaciones sociales y económicas, la circulación de datos y los modos de habitar el espacio público.
En el campo del periodismo, un sector precarizado y castigado por el pluriempleo -con sueldos paupérrimos-, la IA busca ahorrar tiempos para poder abarcar más contenidos, aunque muchas veces se lleve puesta la originalidad, el estilo y el trabajo minucioso de investigación.
A partir de la pregunta sobre cómo dialogan la Inteligencia Artificial, la Comunicación y la Sociedad, surge la “Diplomatura en Inteligencia Artificial y Sociedad: fundamentos, desafíos y horizontes teórico-prácticos” de la Universidad de Buenos Aires (UBA), dictada en la Facultad de Ciencias Sociales y dirigida por Flavia Costa, Luis Lozano y Estela Domínguez Halperin. Ésta busca pensar la IA desde la universidad pública, pero también incidir en los debates profesionales, regulatorios y ciudadanos.
“¿Qué son exactamente estas (meta)tecnologías? ¿En qué escalas actúan? ¿Cuáles son los beneficios y riesgos de su despliegue masivo? ¿Qué papel pueden asumir frente los Estados y los saberes científicos y pedagógicos?”, se preguntan desde la sede de Santiago del Estero 1029. La propuesta de la Diplomatura busca ofrecer elementos para comenzar a responder estos interrogantes y dar a conocer un conjunto de esfuerzos científicos, políticos, jurídicos y pedagógicos que se están realizando para comprender qué son y cómo convivir con estas nuevas tecnologías, explican.
Para conocer más sobre el tema, El Grito del Sur se comunicó con Luis Lozano, Doctor en Derechos Humanos y Lic. en Ciencias de la Comunicación, profesor adjunto de Políticas Internacionales de Comunicación (UBA) y co-coordinador de la Diplomatura en Inteligencia Artificial y Sociedad.

¿Cómo llega la IA a nuestra vida cotidiana? ¿Cómo afecta nuestros vínculos sociales?
La IA no puede ser vista solo en su carácter instrumental o técnico, como ya lo vivimos con otros desarrollos tecnológicos. Esta nueva etapa que marca la IA y el desarrollo de herramientas de grandes volúmenes algorítmicos cambia el modo en que construimos sentido y nos vinculamos con el mundo. Entonces está intrínsecamente ligado a las Ciencias Sociales en general y, desde la carrera de Comunicación Social como espacio que impulsa la Diplomatura, sobre todo a la comunicación y los sistemas de medios.
¿Cómo es la relación entre IA y comunicación? ¿Cómo afecta el trabajo del periodista?
Las Ciencias de la Comunicación deben ser capaces de poner una palabra y una lectura más profunda sobre este fenómeno. Nosotros vemos muchos cambios en la labor del periodista con la aparición de la IA. Por un lado, las cuestiones laborales y el cambio en la profesión, que impactan en los puestos de trabajo, pero además de eso en la calidad de la producción. Lo que vemos es que la mayoría de los periodistas adoptaron la IA, pero lo hicieron de una manera autodidacta, acrítica, sin formación previa de las empresas. Hay una necesidad de herramientas para filtrar lo que la IA puede hacer.
Después hay una preocupación muy fuerte sobre la protección de los derechos de quienes trabajan en la industria cultural, porque en definitiva estas herramientas están alimentadas por enormes acervos documentales que se obtuvieron en una apropiación, violando todo tipo de reglas de propiedad intelectual. De hecho, muchos oficios ligados al periodismo y la comunicación social, por ejemplo los ilustradores, ya empiezan a rechazar la utilización de la IA en sus propias creaciones.

¿Qué sucede con nuestros datos en la IA?
El extractivismo de datos es el “petróleo del siglo XXI”, como dice Natalia Suazo y otros autores. Esto ya se estaba dando desde las plataformas y sus configuraciones algorítmicas con la construcción de perfiles para ventas, incluso desde los Estados para cuestiones de cibervigilancia. No es algo nuevo, pero la IA exacerba ese fenómeno de la extracción de datos fogueado por esta suerte de oráculo que es la inteligencia artificial, a la cual las personas le preguntan cualquier cosa. Se da una nueva retroalimentación de ese sistema, que genera un crecimiento exponencial.
¿Cómo impacta la IA en la geopolítica y las campañas políticas?
Primero, no hay que dejar pasar que la Inteligencia Artificial tiene sesgos: la mayoría fueron entrenadas en países del primer mundo en equipos de trabajo constituidos por varones cis heterosexuales de piel blanca y clase alta. Ese sesgo implica que los Estados de países periféricos, como los nuestros, deban pensar en algún tipo de soberanía de datos. Allí tenemos, por ejemplo, el proyecto creado por Brasil y Chile -llamado LATAM GPT- con la idea de construir nuestro propio lenguaje del Cono Sur. Dicho esto, creo que en las campañas electorales la IA tiene un impacto concreto: se monta sobre un fenómeno de fake-news que nosotros veníamos estudiando hace un tiempo y que ahora permite construirlas en tiempo récord y con muy poca plata. Éstas pueden ser muy distorsivas en los procesos electorales.

¿Qué sucede en las aulas tanto de nivel medio como universitario? ¿Cómo se puede regular el uso de la IA?
En la Diplomatura tenemos un módulo completo de IA y educación. El tema es dar por sentado que la IA existe y que si vos mandás a hacer un trabajo domiciliario, los alumnos seguramente la usen. Tenemos que enseñar a usar estas tecnologías y cuando queremos apuntar al desarrollo de otras capacidades, hacerlo en el entorno del aula con dinámicas que dejen excluido el uso de la IA. Prohibir no es el camino. Necesitamos una reflexión grande de los docentes y una formación que sus empleadores no les dan. Muchas veces están más ocupados resolviendo conflictos de naturaleza social, como vimos en estos días con el caso de Santa Fe, lo que hace que sea muy difícil además pedirles que se apropien de la tecnología y enseñen a los estudiantes a usarla. Pero el horizonte de sentido tiene que ser ese.





