De esa miel no comen las hormigas: «mielcitas del amor» y otras mentirillas sexuales

🐝 Las “mieles del amor” son una vieja moda que volvió a hacerse viral. Suplementos “naturales” que prometen mejorar el desempeño sexual, pero no atienden a sus consencuencias. ¿Son realmente efectivos o se trata de un mito más del marketing erótico?
17/04/2026

Miedo a no tener el rendimiento sexual esperado, pánico a que “no se te pare”, angustia por acabar rápido, obligación de sostener un deseo constante e irrefrenable. Que todo sea rápido, voraz, caliente, explosivo. Esos son algunos de los mandatos que recaen sobre las masculinidades a la hora de tener relaciones sexuales. 

Vivimos tiempos de feminismo y deconstrucción, de revisión de las masculinidades y de cuestionamiento de estereotipos; sin embargo, el peso social, el temor a los comentarios de los pares, la disconformidad con el propio cuerpo y la angustia por no pertenecer constituyen factores que pueden llevar a muchos varones cis a recurrir a distintos tipos de sustancias para “activar” artificialmente la libido.

Ya a principios de los ´90, la aparición del viagra marcó una nueva era. Pero ahora se volvieron virales otro tipo de sustancias, entre ellas las llamadas “mieles del amor” que circulan en redes sociales, impulsadas por su fama viral y por la curiosidad que genera este supuesto estimulante sexual “natural”. 

“Miel del amor”, “Vital Honey” o “Power Honey”. Según la marca, este producto se vende en sobrecitos individuales más parecidos al edulcorante que a otra cosa. Promocionadas como 100% naturales, prometen mejorar la libido, aumentar la energía sexual y hasta favorecer la erección. ¿Qué tan cierto es esto? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias? ¿Se pueden mezclar con otras sustancias? ¿Son realmente efectivas o solo un mito más del marketing erótico?

De esa miel no comen las hormigas

“Hay que tener en cuenta que este producto no está aprobado por la ANMAT, que se promociona como elaborado completamente a base de componentes naturales y que, sin embargo, en un alto porcentaje de los estudios bioquímicos realizados se ha encontrado la presencia de sildenafil y tadalafil, fármacos indicados en algunos casos de disfunción eréctil, siempre bajo consulta con un profesional y tras la evaluación clínica de cada persona”, explica Adrián Rosa, médico sexólogo, cofundador de la Asociación Sexológica Argentina por una Atención Responsable (ASAR), creador y conductor de la obra de teatro SexualizArte.

Según el sexólogo, estas sustancias pueden generar baja de tensión, taquicardia, astenia del pene y erecciones largas que no se pueden controlar, entre otros síntomas adversos. Además, algunos adolescentes lo combinan con drogas, alcohol y psicofármacos generando así un gran daño.

Las “mielcitas del amor” surgieron como un fenómeno popular que arrancó en mercados informales (particularmente en Brasil), y luego llegaron a las redes sociales como TikTok e Instagram, lo que expandió su uso a otros países como el nuestro.

Santiago Ruiz Díaz enfatiza en que la razón principal por la cual se volvieron un fenómeno masivo no es sólo la hiperconectividad, sino la promesa de mejorar el rendimiento sexual de forma rápida y sin control médico. “Son, entonces, ¨soluciones¨ de fácil acceso, bajo costo, consumo discreto y/o anónimo, y todo ello -muchas veces- acrecentado por la presión social o cultural asociada al desempeño sexual”, afirma el psicólogo y sexólogo.

Las mieles afrodisíacas se describen como “mezclas naturales” que, en su mayoría, tienen como base la miel de abeja. A ésta se le agregan ingredientes considerados estimulantes sexuales, como jengibre, ginseng, maca, canela, damiana, guaraná, entre otros. El objetivo es aprovechar las propiedades energizantes y vasodilatadoras de estos ingredientes para estimular el deseo sexual, aumentar la circulación sanguínea y mejorar el rendimiento físico durante las relaciones íntimas.

“Creo que estamos en un contexto ideal para caer en la trampa de la industria farmacomédica y los mandatos de género hegemónicos. Los varones siguen buscando estas sustancias por la cultura del desempeño sexual, el terror al fracaso y la medicalización como solución mágica”, explica Carolina Meloni, sexóloga con perspectiva de Derechos Humanos.

“Varón (siempre cis) es igual a potencia, tiempo, cantidad, aguante, y todo lo sexual va a estar referido a la respuesta fisiólogica de los genitales. Si sumamos cómo se exponen de forma burlona las diversidades en las erecciones, los tiempos eyaculatorios, las formas pausadas de acercamiento y la falta de herramientas para conversar, consensuar y resignificar los encuentros sexuales, el ¨fármaco¨ es el parche perfecto. Sobre todo si se ofrece en negocios de cercanía como recurso natural, económico y de venta libre”, reflexiona Meloni.

La abeja reina está botando miel

Las mieles afrodisíacas se suelen consumir de forma oral. Algunas vienen en pequeños sobres individuales para tomar antes del encuentro sexual (de 30 minutos a 1 hora antes). También existen versiones diseñadas para uso externo, como complemento en masajes eróticos o juegos íntimos.

Sin embargo, en varios países ya se prendió la alerta de su gravedad: en Brasil, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) prohibió su producción, venta y promoción en 2021 tras detectar irregularidades. En Francia, las aduanas decomisaron en 2024 un cargamento de 13 toneladas proveniente de Malasia. España retiró del mercado varias marcas en 2024. Paraguay la calificó como publicidad “falsa y engañosa”. En nuestro país no existe una prohibición explícita, la sustancia se vende sin ningún tipo de registro ni control sanitario. 

“Este tipo de medicamentos pueden reforzar cierta dependencia asociada al rendimiento (mal llamada “potencia sexual”), que puede derivar en lo que en sexología conocemos como ‘ansiedad de desempeño’ ”, explica Ruiz Díaz.

Por su parte, Santiago opina que las mieles pueden generar la pérdida de autoestima, falta de confianza en el propio cuerpo, rumiación y dificultades para alcanzar el orgasmo como para sostener una erección. Además, puede generar consecuencias en los vínculos sexoafectivos como mayor presión, exigencia o desconexión con el propio deseo.

Según cálculos oficiales, en Argentina se venden 45 comprimidos de viagra cada 60 segundos. Sin embargo, esa cifra aumenta si se suman las pastillas que se consiguen en el mercado ilegal. Las cifras oficiales indican que las ventas han llegado a unos 24 millones de pastillas anuales para combatir la disfunción eréctil, lo que equivale a un promedio de 65.753 a diario. En 2014 se comercializaron con receta 35,2 millones de pastillas de sildenafil, vardenafil y tadalafil. Las consumen 1,5 millones de argentinos, de los cuales el 30% son menores de 21 años.

Además, un estudio realizado por el CONICET -junto con investigadores del Centro de Investigaciones del Medioambiente- analizó ríos y arroyos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y encontró restos de sildenafil (Viagra) y otros medicamentos en varios cursos de agua: se detectaron hasta 16 fármacos distintos, entre ellos paracetamol, ibuprofeno y medicamentos cardiovasculares con los que hubo variaciones estacionales, con picos de sildenafil en verano.

Si bien Adrián Rosa explica que las mielcitas pueden ser consumidas por mujeres, en la gran mayoría de los casos son utilizadas por varones de edad temprana que no necesitan medicalizar su sexualidad. Al contrario, están fisiológicamente aptos y lo hacen para aumentar la potencia sexual por presión de la cultura machista, que los obliga a tener cierto rendimiento en la cama. “Esto puede ser una mezcla de mandato, cultura e historia”, asegura. “Está muy relacionada con el porno, la cultura patriarcal y coitocentrista en el sexo -especialmente entre un hombre y una mujer-, lo que genera ansiedad de rendimiento y angustia”. 

Meloni advierte que las consecuencias físicas de sustancias sin certeza de su composición y sin aprobación de organismos de salud pueden ser riesgos cardiovasculares, interacciones con otros medicamentos, efectos adversos no documentados hasta dependencia psicológica («ya no puedo sin esto»). Además, en contextos de fiesta, mezclarla con poppers (nitritos) puede ser letal: ambas sustancias dilatan los vasos sanguíneos al mismo tiempo, la presión arterial se desploma en segundos y puede producir síncopes, colapso cardíaco o muerte súbita.

“En este sentido, mucha gente replica con su conducta sentidos discursivos en donde el sexo es una performance productivista: se tiene que poder, siempre, mucho, con un solo órgano y en la penetración (dado que la potencia se focaliza en la erección)”, asegura. Para ella, este tipo de sexo refuerza una violencia simbólica que patologiza la variabilidad de la respuesta sexual y “exige implícitamente el uso de cualquier vía de acción con tal de cumplir con los estándares”.

Con la miel en los labios me dejaste

Para el Doctor Rosa, la mayoría de los problemas sexuales no son orgánicos -aunque hay patologías que los pueden provocar- sino que gran parte tiene un componente psicológico. “En la consulta hay que evaluar lo que está pasando, porque la medicalización de la sexualidad es el último recurso. Es un grave error pensar que la persona siempre se tiene que medicalizar para tener un buen rendimiento”, enfatiza.

En su opinión, la psicoeducación es fundamental para no generar dos consecuencias: que se evite el encuentro sexual o que constantemente se tenga que recurrir a un medicamento que le ayude a superar esa angustia por la performance sexual.

“Las expectativas y ansiedades en la sexualidad constituyen mandatos muy complejos porque son múltiples los factores predisponentes que pueden estar jugándose en la mente -y posteriormente el cuerpo- del paciente; en particular en los varones, en tiempos donde la hiperconectividad, la productividad y la “hombría” son moneda corriente”, argumenta Santiago.

Al respecto cita a Rita Segato, quien asegura que la masculinidad -en contextos patriarcales- se construye como una exigencia de demostración constante de poder. «¿Y qué mejor escenario de ser susceptible de estas demostraciones como demandas que el sexo o el dinero?”, se pregunta.

Antes de finalizar, este medio no pudo aguantar las ganas de consultarle a Carolina Meloni si considera que los varones se sienten presionados por el empoderamiento sexual de las mujeres, en vez de contemplarlo como una oportunidad para recibir más placer.

“Es posible que muchos varones perciban el empoderamiento sexual de las mujeres como una amenaza al privilegio histórico de ser los únicos protagonistas del deseo, en lugar de verlo como una ampliación del campo de posibilidades eróticas”, sugiere y señala que para aquellos educados en la lógica del varón como parte “activa”, la actividad de la otra parte se siente como una presión muchas veces insostenible. “Cuando otra identidad procura su propio placer, es posible que el varón se lea a sí mismo como insuficiente, en lugar de entenderlo como un espacio compartido de co-creación y enriquecimiento mutuo”.

Carolina concluye diciendo que si dejáramos de ver el sexo como una prueba de rendimiento, cualquier empoderamiento sería una invitación a explorar en conjunto territorios de placer desconocidos.

“Mientras siga vigente la idea de que el varón debe demostrarle al mundo (a sí mismo) y «satisfacer» a la otra persona, estas sustancias van a seguir siendo el parche de una herida mucho más profunda: la imposibilidad de ser vulnerables, de no saber, de preguntar y explorar”.

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