«Somos personas de bien y no nos queremos ir»: el Hotel Luján resiste un desalojo

🏠 Alrededor de 40 familias que viven en el Hotel Luján, sito en el barrio porteño de Constitución, denuncian un intento de desalojo impulsado bajo el argumento de "riesgo edilicio". Crónica de una visita y el testimonio de los vecinos.
30/04/2026

Es un martes húmedo en el barrio porteño de Constitución, la mañana fue lluviosa y a la tarde salió el sol. Estas cosas suelen pasar en un otoño que es cada vez más lluvioso e inestable. En esta ciudad se siente y se vive en inestabilidad y muy pocos logran encontrar momentos de paz o placer; por lo menos, eso es lo que se ve al bajar en la Avenida Juan de Garay, donde la gente camina apurada y se la ve molesta. Yendo dos cuadras hacia adentro, baja el ruido y el ambiente se siente tranquilo. A la derecha, está la calle Virrey Cevallos; al 1770 se encuentra el Hotel Luján. 

El sol se escapa por la cuadra del hotel, iluminando la fachada. En la puerta hay un perro petiso muy simpático, viejito. Una nena se le acerca y lo acaricia, después abre la puerta del hotel y camina hacia dentro. Dos nenes salen y comienzan a hablar entre ellos, otro chiquito juega con una moto estacionada. “¿A quién estás buscando?”, pregunta, atento a la mirada de una extraña hacia la puerta del hotel. 

La fachada está presentada con colores claros y un pasillo largo se extiende al cruzar la puerta. Se siente en el aire que hay una lucha sucediendo, na tensión casi imposible de explicar, la cual se disipa cuando los vecinos se saludan entre ellos en el marco de un ambiente familiar. 

En la caminata hacia la vereda de enfrente, se visualiza una unidad básica del espacio Peronismo Patriótico. Hay un espacio para que los niños jueguen y pasen tiempo, mientra que unas señoras participaban de una clase de estiramiento. Allí se encuentra Bautista Prusso, comunero del barrio, quien pelaba papas junto a un compañero para la olla popular de esa noche: cabe destacar que en la anterior habían repartido 40 porciones para los vecinos del barrio.

El Gobierno de la Ciudad quiere desalojar el Hotel Luján, un lugar en el cual se logró ubicar a un grupo de 40 familias, que incluyen niños, niñas, jubilados y jubiladas que desarrollaron allí su vida a lo largo de todos estos años. El conflicto se remonta a noviembre del año pasado, cuando llegó una notificación al hotel y recibieron un aviso de inspección por parte del Gobierno de la Ciudad, en el cual acusaron de peligro de derrumbe a la estructura edilicia. En el lenguaje institucional, peligro de derrumbe equivale a arrojar a las familias a la calle sin ninguna pertenencia ni mascota.

Desde ese día, comenzó la lucha de los vecinos que -sin dar un paso atrás- pusieron en marcha un plan de acción para impedir el desalojo del hotel de forma definitiva. Yanina, una de las representantes de los vecinos, se hace presente en la unidad básica: viene junto a su hija pequeña, la cual no tiene más de cuatro años. Junto a ella vienen Nora y Mili, otras dos vecinas del hotel, quienes se acercan y saludan tímidamente. “¿El Gobierno de la Ciudad ofreció alguna reubicación para las familias?”, preguntó esta cronista. 

“Nos ofrecen hoteles, ubicados en Ciudadela. Nosotros lo que le planteamos a ellos y lo que necesitamos es que se nos ubique en Capital, que es donde vivimos y desarrollamos nuestra vida. Tenemos trabajos que sostener aquí, niños que van al colegio en la zona. Fuimos a ver los hoteles que nos ofrecían en provincia, pero no son habitables para nosotros; se nos ofrece un lugar mucho más chico para cada familia, es muy precario. Para una familia de tres personas ofrecen un espacio con tres camas cuchetas, sin posibilidad de que nos mudemos con nuestras cosas ni mascotas. Tenemos que usar las cosas que nos proporciona el Gobierno de la Ciudad, no podemos ni siquiera llevar nuestros colchones”. 

Yanina contesta la pregunta con firmeza; no se la escucha con resignación, está dispuesta a proteger el lugar donde viven ella y sus hijos. Hace hincapié en que su vida transcurre en el barrio: ¿por qué una persona no tiene derecho a elegir dónde vivir? Bajo la gestión de Jorge Macri continúan los desalojos compulsivos en Constitución y el Jefe de Gobierno suele jactarse de la recuperación del espacio.

Recientemente se hizo una merienda solidaria en el Hotel Luján y la murga de Constitución estuvo presente. Entonces la protesta se volvió murga: los bombos en la vereda y vecinos en la calle. La alegría fue, por unas horas, una forma de resistencia y de mostrar lo que estaba pasando, una problemática que afecta al barrio completo. 

“Se comunican desde el Ministerio de Desarrollo de manera informal y ofrecen hoteles en la Provincia. Se vienen comunicando para ofrecerles otro hospedaje. Estamos un poco alertados, por eso hicimos la actividad de la merienda solidaria en la calle”, contó Bautista Prusso, quien se involucró en la situación para poder ayudar a las familias. 

“Nosotros tuvimos una mesa de diálogo con la Dirección de Estrategias Habitacionales, donde se ingresó un expediente que constató que no hay peligro de derrumbe para el hotel. Esto se empezó a trabajar en conjunto con la Defensoría del Pueblo, que encabezó la visita y envió a todos los organismos para constatar esto: la guardia civil y la guardia de auxilio, así como un juez y un arquitecto. Sí tiene falta de mantenimiento, pero no una posibilidad de derrumbe a la que hace alusión el gobierno porteño. Es muy cruel lo que quieren hacer con nosotros, no les importa que tengamos una vida ni una familia», contó Yanina. 

“Todos somos personas de bien, nos quieren hacer creer que algunos importamos y otros no. Tenemos derecho a poder elegir dónde vivir, no tenemos que renunciar a nuestra vida porque lo deciden ellos”, dijo Mili con sus lentes puestos. A su alrededor, más manos se suman a cocinar para la olla de ese día y el mate se pasa de mano en mano. 

“Me preguntó una asistente social: ¿por qué no me pude comprar una casa? Porque nunca nos dieron la oportunidad, nosotros queremos acceder a una vivienda a partir de un crédito que podamos pagar para tener una casa propia”, agregó Mili, manifestando la necesidad de tener un hogar estable. 

Por su parte, Nora expresó: “Soy jubilada, trabajé toda mi vida. Tuve que pagar cuando me jubilé porque trabajé en negro. Era elegir entre comer y vivir, no me alcanzó nunca para poder cubrir otros gastos. Me han dicho que por mi edad no puedo acceder a un crédito, que cómo puedo llegar a pensar en eso”. Ella hizo alusión a un sistema que eligió no regularizarla.

Luego se acercan María Ángeles y Jesús, también vecinos del hotel. La luz ya comenzaba a bajar, eran las siete de la tarde y la conversación continuaba. «Antes teníamos otra vida. Nadie vive de arriba, nadie nos regala nada, ni queremos eso. Queremos vivir dignamente y sin tener que soportar que se dirijan a nosotros con crueldad, que no nos subestimen. Todas las familias del hotel se negaron por escrito a abandonar el lugar, y eso lo dejamos asentado en el expediente que presentamos», planteó Mili.

“Sentimos que somos una carga para el propio Estado. Nos ningunean todos, desde nuestros asistentes sociales hasta quienes vienen a intervenir por parte del gobierno para querer hacer el desalojo. Yo me siento muy angustiado por la situación, hace meses que no duermo tranquilo. Nos da miedo que tiren la puerta abajo y desalojen de forma violenta”, contó Jesús y el resto asintió, compartiendo el sentimiento. 

“Pareciera que buscan degradarnos, aún más de lo que ya estamos, ya que encima que no nos dejan llevar nuestras cosas, tenemos que soportar que nos traten de esta forma», acotó María Ángeles. “Nosotros solo queremos vivir con dignidad, nada más”, concluyó Mili y todos asintieron. 

La noche termina de caer sobre la calle Virrey Cevallos, la olla empieza a hervir y se piensa la estrategia para repartir la cena.

Desde la puerta, el perro petiso ya no está. Del otro lado de la calle, el Hotel Luján casi no se ve, por la falta de luz en la cuadra. Sus ventanas iluminadas dejan ver siluetas de personas dentro, quienes no abandonan sus rutinas. Son vidas en movimiento, como cualquier otra. Nada parece extraordinario hasta recordar que, para quienes viven ahí, cada día transcurre bajo la amenaza de perder su lugar, donde viven hace años. 

En el barrio de Constitución, la crisis habitacional dejó de ser excepción para convertirse en normalidad. Las familias del Hotel Luján no reclaman privilegios ni caridad. Reclaman algo mucho más simple, lógico y fácil: el derecho a seguir habitando el lugar donde construyeron su vida, la de sus hijos y sus familias. 

Mientras el Gobierno de la Ciudad habla de «recuperar» espacios, en Virrey Cevallos 1770 cuarenta familias siguen resistiendo para no ser expulsadas del único lugar al que pueden llamar hogar, donde lograron construir pertenencia, vínculos y estabilidad.

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