Barracas: llega a juicio el triple lesbicidio que el feminismo se negó a dejar impune

🏳️‍🌈 A dos años de la masacre de Pamela, Roxana y Andrea, el juicio oral comenzará el 18 de mayo con la figura de crimen de odio. La organización de lesbianas, feministas y disidencias fue clave para impedir el encubrimiento judicial y denunciar cómo los discursos de odio, el ajuste y la precarización de la vida también producen violencia.
16/05/2026

Barrio porteño de Barracas: el 6 de mayo de 2024, Pamela, Roxana, Andrea y Sofía compartían una habitación de hotel. En medio de una ciudad expulsiva, donde el acceso a la vivienda se volvió un privilegio y no un derecho, habían construido una red de amor, cuidado y supervivencia. Cuatro lesbianas sosteniéndose entre sí frente a una crisis habitacional que golpea con mayor violencia a quienes viven bajo múltiples formas de exclusión.

Esa madrugada fueron atacadas mientras dormían. Fernando Barrientos, un vecino que las había hostigado y amenazado reiteradas veces por ser lesbianas, arrojó una bomba molotov de manera deliberada. Lo que ocurrió no fue un accidente ni un hecho aislado: fue una masacre lesbicida, misógina y de odio, una expresión brutal de las violencias que el patriarcado descarga sobre las existencias disidentes cuando se atreven a vivir, amar y organizarse por fuera de la norma heterosexual.

Solo Sofía sobrevivió. Conserva todavía las marcas físicas de las quemaduras y el dolor inmenso de haber perdido a la familia afectiva que había construido junto a su pareja y sus amigas. También se encuentra en un contexto donde la discriminación persiste y donde el Estado continúa llegando tarde. Si hoy este crimen no quedó enterrado bajo la carátula de un “incendio accidental” fue gracias a la organización colectiva, a las lesbianas, feministas y disidencias que salieron a pelear contra el encubrimiento y la desidia judicial.

“A este crimen se lo intentó pasar como incendio accidental. Y fue una primera lucha demostrar que hubo alevosía y que fue un ataque”, señalaron desde la Coordinadora LESBICIDIOS NUNCA MÁS, nacida al calor de las asambleas en la Facultad de Sociales de la UBA. Porque incluso frente a una masacre de esta magnitud hubo que disputar sentido, exigir pruebas e impedir que el odio fuera borrado de la escena. Hubo que pelear durante meses para que existiera una querella colectiva y llegar hasta Casación Penal para que la Justicia reconociera lo evidente: que las mataron por lesbianas.

De cara al juicio oral que comienza el lunes 18 de mayo en Talcahuano 550, las organizaciones advierten que este caso condensa algo mucho más profundo que la violencia de un solo hombre. “En él se cristaliza el odio que se quiere naturalizar”, explicaron. Un odio alimentado por discursos oficiales que habilitan la crueldad, señalan enemigos internos y buscan disciplinar a quienes desafían el orden patriarcal, heterosexual y conservador.

“Frente a los discursos de odio que se habilitan desde el gobierno fascista de Milei y que se materializan en ataques miserables como éste, frente a la destrucción de políticas sociales, habitacionales, educativas y sanitarias, exigimos un límite a la crueldad”, expresaron desde la coordinadora. Porque el lesbicidio de Barracas no puede leerse por fuera del contexto de ajuste, empobrecimiento y abandono estatal que vuelve más precarias y vulnerables las vidas de mujeres y disidencias.

Tras la presión de las querellas, la fiscalía y el movimiento LGBTIQ+, finalmente la causa fue elevada a juicio oral con el agravante de odio de género y a la orientación sexual. Un avance conquistado por la lucha colectiva, no por voluntad espontánea del Poder Judicial. Hoy el reclamo sigue siendo claro: justicia con perspectiva de género y diversidad, condena ejemplar y reparación integral para Sofía, cuya situación habitacional aún permanece sin resolverse a dos años de la masacre.

En diálogo con la Agencia Presentes, la abogada querellante Luciana Sánchez sostuvo: “Fue un ataque dirigido directamente a matarlas a ellas cuatro por su percepción como lesbianas”. La orientación sexual de las víctimas no fue un detalle secundario: fue el motivo del crimen.

“Por las existencias lésbicas sin violencia ni agresión y porque, como dijimos con Pepa Gaitán, justicia es que no vuelva a pasar”, afirmaron las integrantes de la coordinadora. Porque cada lesbicidio es también un mensaje disciplinador hacia todas las que se animan a vivir sus identidades y deseos con libertad. Frente a ese intento de imponer miedo, la respuesta sigue siendo la organización feminista, lesbiana y transfeminista en las calles.

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