Eduardo Pinto es director de cine, guionista y director de fotografía. Nacido y criado en Moreno, provincia de Buenos Aires, filmó varias de sus películas en el oeste del conurbano bonaerense.
Por su última producción, “Tafí Viejo.Verdor sin tiempo”, ganó el premio como mejor Director de Ficción en los Martín Fierro (MF) 2026. La serie también dio reconocimientos a la mejor ficción y al mejor actor (por Luciano Cáceres).
Tafí Viejo es una serie que narra historias familiares atravesadas por conflictos de clase, desigualdad en el acceso a la tierra y reclamos laborales, con la problemática cripto entre los jóvenes como hilo transversal que conecta lo local con lo global.
Filmada íntegramente en Tafí Viejo, Tucumán, la producción tiene una fuerte apuesta federal: el 70% del equipo es tucumano, y el reparto combina figuras nacionales con talento local. Actúan Luis Machín, Lili Juárez, Sergio Prina, Juan Palomino, Daniel Elías, Lautaro Delgado y Paloma Contreras. La serie se puede ver en Flow.
“Pinto” -como le dicen sus amigos- hizo un viaje en tren hacia Moreno para ver a su mamá, y un día después de haber ganado un MF como mejor director, respondió estas preguntas a El Grito del Sur.

Tafí Viejo es una producción construida desde el ámbito local. ¿Cómo fue ese proceso de gestación? ¿Cuáles son los desafíos concretos de montar una producción audiovisual por fuera de los circuitos urbanos típicos?
Tafí Viejo es una producción independiente que toma las formas de ese tipo de cine que yo vengo haciendo hace muchos años. Partiendo de esas formas, me conecté con el productor Javier Noguera, interesado en hacer una serie de su ciudad. A partir de ahí, más allá de sentarnos a escribir el guión, también pude volcar mis experiencias previas. Surgió la idea de poder contactar a industriales de la ciudad para que hagan su aporte y poder juntar ese dinero y ese presupuesto para hacer la producción.
El aporte mío fue el diseño de la producción en función de las películas que yo venía haciendo como “El Desarmadero”, “Las nubes” o “Corralón”. Esa forma de producir y ese diseño logré aplicarlo a la serie. Tafí Viejo es una serie independiente donde no está el glamour de las grandes producciones, sino que tiene que ver con una cosa más espiritual, esencial y humana. Atrás de la serie existió todo un grupo de gente trabajando para lo mismo.
El audiovisual argentino atraviesa quizás su momento más crítico: el desfinanciamiento del INCAA dejó un vacío que algunos gobiernos locales están intentando cubrir. ¿Cómo viviste ese contexto desde adentro? ¿Qué rol te parece que deben jugar las políticas culturales locales cuando el Estado nacional se retira?
Es claro que la industria audiovisual atraviesa una crisis profunda. En mi discurso en los Martín Fierro lo dejé en claro. Necesitamos volver a producir, necesitamos trabajar, necesitamos contar nuestras historias. El INCAA está desfinanciado y no se está ocupando del cine independiente. Es posible que el organismo necesitara un ordenamiento, pero no creo que se lo esté dando esta gestión. El cine está totalmente olvidado por el Estado, en un país que cuenta con una identidad de años respecto a la industria audiovisual.
Creo que las políticas culturales provinciales y municipales tienen que ocuparse también de sus producciones. Las películas viajan por el mundo y así pueden conocerse las ciudades y las provincias. Creo que hay formas variadas y posibles de poder sustentar producciones audiovisuales; puede ser un mecenazgo, o la generación de partidas específicas del presupuesto para que al menos la municipalidad pueda colaborar. También creo que hay que sumar a los privados para hacer una especie de coproducción.

Contar estas historias con actores del lugar no es solo una decisión estética, sino también política. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con ellos? ¿Qué porcentaje del equipo es local y qué le aporta eso a la serie?
Exacto. Desde el principio supimos que esta historia teníamos que contarla con actores tucumanos, cuyo nivel es altísimo. Ellos tienen un afloramiento del teatro independiente que viene desde hace años; por lo tanto, el nivel es muy bueno. Hay reconocimientos internacionales en películas específicas por sus participaciones. Artistas como Camila Plaate, Sergio Prina y Lili Juárez son una expresión de esto mismo.
Pienso que esta decisión es parte de una definición política, en realidad todo es política. No se puede contar una historia de tucumanos sin tucumanos. En este caso, el 70% del elenco es tucumano. Pero no sólo los actores, sino también el equipo técnico y las cabezas de equipo. Fue parte de una decisión política que tomamos junto con el productor Javier Noguera para respetar la esencia de los trabajadores tucumanos.
Hay una temática transversal en la historia que es el mundo cripto entre los jóvenes, un circuito que opera a escala global y llega hasta los pueblos más chicos. ¿Cómo apareció esa línea narrativa? ¿Qué te interesaba contar sobre eso?
Yo siento que soy como una esponja donde voy informándome de todo lo que va aconteciendo. La temática de las criptomonedas viene desde hace años. Me llamaba la atención cómo los chicos -en lugar de estudiar o de poder conseguir un trabajo duradero- apostaban a la cripto. Esto tiene que ver con la cultura de la timba, del salvarse, del instante, del capitalismo, del pasar a ser un millonario en pocos minutos. Me llamó mucho la atención esa temática, porque también descubrí que hubo casos de violencia extrema y asesinatos. Me parecía que la idea de salvarse está en esta sociedad moderna y capitalista, y que el Gobierno la fomenta.
En la construcción de la serie, vimos que el protagonista Mauro tenía la necesidad de salvarse, de salir de la pobreza y de un estado de austeridad, para pasar a otro lugar. Eso es algo que está sucediendo y me parecía que aportaba a la historia. Después vino lo de la estafa de la criptomoneda $LIBRA y todas esas cosas. Pero me parece que nosotros como escritores, como realizadores y artistas tenemos que nutrirnos de la realidad. Es como una alquimia: tomar cosas de la ficción y de todo lo que sucede en la realidad. Ahí aparece un cóctel definitivo.

Los paisajes de Tafí Viejo tienen una presencia muy fuerte en la serie, y vos además de director sos camarógrafo. ¿Cómo es narrar una historia desde el paisaje?
La construcción de una obra audiovisual tiene varias capas. Una de ellas es muy shakesperiana: dónde sucede, aquel paisaje que nos condiciona. También es importante analizar en qué momento del año sucede, si es verano o invierno. Todo esto condiciona la narrativa. En nuestro caso, Tafí Viejo posee la yunga, un accidente geográfico protagonizado por el monte, un cerro vestido de vegetales. Para mí era fundamental su presencia. Yo también soy director de fotografía y en mis obras audiovisuales la imagen, el cuadro, el encuadre son cruciales. La naturaleza acá viste y envuelve a los personajes. La yunga, su misticismo y algunas de sus leyendas están en la serie. Para mí era crucial ubicar esta historia en la pacha y en la importancia de la tierra. En la Ciudad de Buenos Aires estamos rodeados de cemento, pero la Argentina y cada una de sus regiones tiene su vestimenta, su vestido que envuelve y nos decora la historia. No se puede separar el hombre de la tierra y más en el norte, donde la pacha es tan importante.
En tu discurso de los MF sostuviste que es necesario producir contenidos que narren nuestras historias. En ese sentido, sos uno de los relatores del presente audiovisual argentino. ¿Qué responsabilidad sentís con eso? ¿Qué historia querés que quede?
Yo a esta altura me siento partícipe y responsable activo. Entonces cuando sentí que había una posibilidad de subir a un escenario para expresar y agradecer, dije: voy a tener un micrófono y un minuto para decir que es fundamental volver a apostar a la producción audiovisual porque genera trabajo, genera fortaleza en nuestra cultura e idiosincrasia. La producción audiovisual es un espejo donde vernos como sociedad. Yo me siento a esta altura un militante de la producción audiovisual. Esto me lo dicen mis pares, mis compañeros y colegas. Entonces sentí que era la oportunidad de decirlo. Es el momento de renacer, que renazca nuestra producción audiovisual que siempre fue vanguardia, de América Latina y el mundo. Las películas argentinas tienen una historia increíble de premios y de público. Cuando uno tiene la oportunidad de viajar, te hablan del cine argentino. Me parece que estamos en un momento apocalíptico, pero tengo la esperanza de que vamos a renacer. Creo que Tafí Viejo es parte de ese aporte y también un modelo a replicar, de poder empezar a filmar desde otro lugar.

El subtítulo de la serie es Verdor sin tiempo. ¿Cómo pensás la temporalidad en la sociedad en la que vivimos? ¿Cómo dialoga esa aceleración del tiempo cotidiano con el tiempo interno de la serie?
El título de la serie fue bastante discutido. Yo insistía en que tenía que ser Tafí Viejo por una cuestión de identidad. Me parecía que era el nombre ideal. Nos faltaba el subtítulo y llegamos al “Verdor sin tiempo” que es una frase de un poema taficeño que tiene que ver con la idea del verdor, relacionado con la tierra, su sabiduría y la ausencia del tiempo. La serie tiene flashbacks de distintos momentos de la vida de estas familias, que se relacionan con la idea del verdor sin tiempo. Es la posibilidad de volver a mirar hacia dentro, volver a mirar la tierra, conectarse con lo que somos y volver a hacer una pausa para vernos e identificarnos con la naturaleza, que no tiene tiempo, que es un estado espiritual.







