En la calle Sierra de las Palomeras, en el barrio obrero de Vallecas, los ojos de una anciana quedan secos: ya no hay más lágrimas. Indignación, impotencia, amargura, tristeza. Todo a la vez. Es noviembre del 2014 y, en lugar de permitirle disfrutar del júbilo, a Carmen Martínez Ayuso, de 85 años, la obligan a irse de su casa. ¿La razón? Era garante de su hijo, que no llegó a pagar la hipoteca de su casa ni a llegar a un arreglo con el prestamista: el usurero quería la casa. Y la consiguió. La policía cortó la calle.
El caso fue icónico: problemas económicos, crisis de la vivienda, falta de cuidado y ataque a las personas de la tercera edad. Pero lo mejor estaba por venir.
Paco Jémez, entrenador del Rayo Vallecano, equipo del barrio y representante del mismo en el mundo, anuncia que la plantilla y el club ayudarán a Carmen a cubrir los costos de su vivienda. Ayuso morirá en 2022, y la imagen que le quedará a la eternidad sobre su figura tendrá la camiseta blanca con una franja roja pegada al cuerpo.
Es 2014 y los “Bukaneros”, la hinchada del Rayo, sale con sus tradicionales trapos de consignas. “#CarmenSeQueda”. “Desahucios de un Estado enfermo. Solidaridad de un barrio obrero”.
Anarquistas, borrachos, antifascistas
Como el caso de Carmen, el Rayo y su gente son conocidos no solamente por la solidaridad popular, sino también por dejar en la tribuna planteos políticos agudos. Algunas consignas que han pasado por sus gradas: “Pequeño en lo deportivo, grande en valores, que viva el Rayo de la clase obrera”; “Si el capitalismo no tiene salida, no te quites la vida. Unios hermanos proletarios”; “Lucha obrera, huelga contra el capital”; “América ya existía, fue invadida y saqueada”; “Luchar es nuestro destino. Con la rabia de un niño palestino. Stop genocidio de Israel”.
-¿Por qué en el mundo el Rayo Vallecano es conocido por ser el equipo de la clase obrera?
-Porque Vallecas lo es.
Iván Vargas, escritor español e hincha del Rayo Vallecano, habla con El Grito del Sur el día anterior a viajar a Alemania para lo que será uno de los acontecimientos de su vida de fanático: el Rayo Vallecano jugará la primera final europea de su historia en Leipzig, por la Conference League, contra el Crystal Palace de Inglaterra, este miércoles 27 de mayo.
Sigue Vargas: “No es un eslogan construido desde un departamento de marketing: es un barrio levantado por gente que ha tenido que pelearlo todo. El Rayo nace y crece ahí, entre bloques humildes, bares pequeños, familias trabajadoras y gente que muchas veces ha vivido más cerca de sobrevivir que de ganar. El club representa eso. No tanto desde los títulos, porque apenas los tiene, sino desde la identidad. Por eso el estadio puede caerse a pedazos y seguir lleno cada domingo. Porque el Rayo nunca ha dependido demasiado de los despachos, sino de su gente”.
La humildad también se refiere al ámbito deportivo. El Rayo ha oscilado como un “sube y baja” entre la primera y la segunda división: de hecho, entre 2004 y 2008 estuvo en tercera (Segunda División B). También clasificó por Fair Play a la Copa UEFA 2000/2001 y llegó a cuartos de final, lo que era hasta este año su mejor desempeño internacional. Este presente es sublime.
Dice Vargas, más allá de todo, que la cuestión de pertenencia es lo importante: esto se acrecenta por contrastes. “Lo que hace distinto al Rayo es que funciona más como una identidad que como un equipo de fútbol. Hay clubes que se apoyan en la gloria, el dinero o los títulos; el Rayo se sostiene en el sentido de pertenencia. En Vallecas puedes comer en el Kebab Rayo, cortarte el pelo en la Peluquería Rayo o aprender a conducir en la Autoescuela Rayo. Eso no pasa en muchos sitios. Y luego está el contraste con los otros dos grandes equipos de Madrid. El Real Madrid representa el poder, la grandeza, la exigencia de ganar siempre. El Atlético tiene esa épica del sufrimiento y la resistencia. El Rayo, en cambio, es otra cosa: es el barrio. Es un equipo que muchas veces vive al margen del fútbol moderno. Más pequeño, más vulnerable y quizá por eso más humano. Mientras otros clubes hablan de conquistar Europa, el Rayo celebra volver a ella como quien encuentra algo que creía perdido para siempre”.

Vargas le da mucho peso a la gente, como no podría ser de otra manera. “La hinchada del Rayo es muy difícil de explicar si no la has vivido. Tiene una comunión perfecta con su equipo, lo protege como si fuera un hijo. Hay una conciencia de pertenencia muy fuerte. Mucha gente siente el Rayo como una extensión de su vida y de su barrio. Es una afición muy de rituales. El fútbol empieza en los bares, en las previas, en las conversaciones de camino al estadio. Hay abuelos que llevan cuarenta años sentándose en el mismo asiento, chavales que heredan camisetas antiguas y niños que crecen escuchando historias de Cota, Onésimo o Wilfred como si fueran personajes mitológicos. Y luego tiene algo precioso: la capacidad de convertir cualquier partido en algo emocionalmente enorme. En Vallecas, el fútbol nunca se vive desde la superioridad: se vive desde el miedo a perderlo. Quizá por eso se celebra todo tanto. Porque nadie da nada por garantizado”.
Lo dice Ska-P y tiene razón. “Somos los hinchas más anarquistas. Los más borrachos, los más antifascistas. Nuestro Rayito revolucionario. Todos los fachas: Fuera de mi barrio”.
Harry Kane
Los pies extienden los márgenes de sus hombros. Espera un centro que llega para otro. El arquero da rebote y está él: lo ilumina el escenario de los nadies. La empuja. Es uno de los tantos más fáciles de su vida. Es una de las glorias más difíciles. Alexandre Zurawski, mejor conocido como Alemao -ídolo de Vallecas-, sale corriendo porque su equipo gana y se trepa a la cima de Europa.
Además del centrodelantero brasileño, los dos argentinos Augusto Batalla y Oscar Trejo son figuras de esta plantilla.
-¿Qué tiene este plantel puntual de diferente como para haber llegado tan lejos? – le preguntamos a Vargas.
-Tiene algo muy difícil de fabricar: autenticidad. No parecen futbolistas que estén de paso. Parecen gente que entendió dónde estaba. Trejo representa eso mejor que nadie. Llegó siendo un cedido más y terminó convirtiéndose en uno de los nuestros. En Vallecas no basta con jugar bien; hay que implicarse, sufrir y celebrar como si todo fuera colectivo.
Este grupo transmite la sensación de que nadie se siente inferior a nadie. Hay una mezcla muy rara de humildad y convencimiento. Además, (el entrenador) Iñigo Pérez ha conseguido que todos entiendan el contexto. El equipo juega con una calma y una personalidad impropias de un club acostumbrado a sobrevivir.
Sobre el gol de Alemao contra el Estrasburgo, el Diario AS dice que es el tanto más importante de la historia de la clase obrera futbolística. En la red social X (ex Twitter), al rubio número 9 le pusieron un apodo bastante viral. Lo comparan con una de las estrellas del fútbol mundial. Le dicen “el Harry Kane de los pobres”.

SAD es triste
El Rayo hace 35 años que es una SAD. Su composición genera tensiones permanentes de todo tipo. Todo comenzó en 1991 cuando -en tiempos de globalización naciente y crisis económica latente- el club quedó en manos del empresario andaluz José María Ruiz-Mateos, conocido por serias actividades fraudulentas, dueño del conglomerado de empresas Nueva Rumasa que armó luego de salir de la cárcel.
Es una práctica bastante común en España: salvo tres clubes de la primera división, todo el resto pertenece al capital privado.
En 2011 el pool de entidades de Ruiz Mateos entró en quiebra, poniendo en jaque al propio Rayo. Terminó detenido, como había estado antes de ser empresario futbolístico. En las malas, salió el fuerte de la institución: su gente. Movilizaciones, donaciones a través del sistema “Fila 0”, denuncias al empresario con la simbología mafiosa de El Padrino, reclamos como aquella bandera en el puente dictaminaron que “87 años de historia merecen más respeto”.
Finalmente, el club siguió siendo SAD pero con otra cara: Martín Prensa. El problema sigue. Me cuenta Vargas:
-¿Ser una SAD genera contradicción con su identidad, o es simplemente un hecho?
-En España todos los clubes son SAD, excepto 3. El problema es el dueño, que no entiende a la afición ni al barrio.
-Contame un poco sobre eso.
-Él no fomenta el cariño a la afición: hay que esperar largas colas para comprar entradas porque no hay venta online; cuando él llegó el equipo femenino era campeón de España y ahora está perdido por divisiones inferiores. No cuida los campos de entrenamiento y la ciudad deportiva.
-¿Y la hinchada lo confronta?
-Sí. En todos los partidos se canta “Presa, vete ya”.







