El Club de Fans de La Claudia y el amor maradoniano

😍 Hace 25 años, un intercambio de correos electrónicos acercó a María Alejandra Masciotra a Claudia Villafañe. Desde entonces, la admiración se transformó en vínculo, hasta convertirla en la creadora del principal club de fans dedicado a la ex esposa de Diego Maradona.
04/06/2026

El marido de María Alejandra Masciotra tenía la costumbre de chequear los mails. Al joven siglo XXI, todavía le faltaba bastante desarrollo para sus comunidades digitales. Corría el año 2000. Pero este repaso por los correos de la computadora era distinto. Vio algo inusual.

—Ale, llegó un mail, pero puede ser mentira, no te vayas a ilusionar.

Ella hizo lo único que alguien puede hacer en esa situación: ilusionarse. El escrito decía: “Hola, Ale. Soy Claudia Villafañe. Disculpá que te responda yo, pero los mails no llegan a Cuba”.

Maradona estaba en rehabilitación. Masciotra siempre le había dedicado cartas y cuando el astro armó dodici.com, un servidor web que recibía mails, no dudó en trasladar su amor al campo digital. Ese día de 2000, igualmente, algo más pasó: María Alejandra, maradoniana de ley, empezaba la relación con su verdadera gran ídola.

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Ahora ya es el 15 de octubre de 2020. No hay reality que resista la pasión. Con el delantal de “Claudia” (luego el de “Tata”), Villafañe compite en MasterChef y María Alejandra se convence de que hay que apoyar. Necesita preguntarlo, por respeto. Pero también decirlo, por cariño. Manda mensajes por Instagram y pone en palabras su idea de hacer un Club de Fans de Claudia. Todavía está solo en su cabeza: no tiene los 99.917 seguidores que ostentará en 2026.

—Dale para adelante —le dijo Gianinna, la hija más chica de Diego, a la que Masciotra llama cariñosamente “la Negra”.

Dalma fue un poco más vehemente:

—Estás loca como un plumero. Te quiero.

Feminismo a la Villafañe

La pava de metal tiene que trabajar sobre la hornalla varias veces: se acerca el invierno y el agua se enfría.

“Tengo muchas cosas en común con Claudia. Su mamá, la Loli, era geminiana como soy yo. Claudia es de Acuario y mi mamá es acuariana. Como que todo se entrecruza”, le dice a El Grito del Sur María Alejandra, en su casa de Villa Urquiza.

Es la creadora de la página de redes sociales La Claudia Fans Club (@laclaudiafansclub), iniciativa que lleva adelante en soledad, “remando en dulce de leche”.

El “fans club del amor”, como lo autocalifica Masciotra, tiene el objetivo de difundir y ayudar. “Si tenés un emprendimiento y yo te hago publicidad. Vos me querés mandar lo que tenés en tu emprendimiento, yo te lo acepto porque no te cobro. ¿Para qué quiero tantos seguidores si no puedo abrirme con otra gente y decirle ´te ayudo, te apoyo´? Siento que Claudia es así”.

No hace falta preguntarlo, pero María Alejandra es maradoniana de ley. Lo dicen su heladera, sus paredes, su remera de Diego y Villafañe juntos, sonrientes, felices.

—¿Por qué entrarle al maradonismo por Claudia?

—Porque cuando yo veía las notas con Diego, ella estaba ahí, siempre en un costadito, pero se la veía y yo la vi. No sé cómo explicártelo. Yo a él lo amo, lo amé y lo amaré eternamente, y con ella me pasó lo mismo. Yo la miraba y decía: la conozco. Sentía eso, ella no estaba en una pose.

—¿Qué valores encarna Claudia?

—Para mí Claudia es sinónimo de familia, de unión, de amor, de la crianza con las hijas. Hablamos de una mamá que, más allá de ser la mujer de Maradona, no dejaba de ser muy presente, muy compañera de las nenas. Ahora son chicas grandes, pero siempre tuvieron los pies sobre la tierra y para mí eso lo hizo Claudia.

—¿Ves algo de feminismo en esa reivindicación?

—Sí, sí. Yo estoy orgullosa de compartir género con ella y con las chicas. Me llena de orgullo.

Lande

María Alejandra no tiene guardados digitalmente los mails que le mandaba a Diego y a Claudia, pero recuerda las veces en las que les dijo que los sentía cercanos. Luego de la respuesta, ambas hablaron por teléfono. Masciotra le tuvo que pedir que le dedicara unos minutos a charlar con su marido, por miedo a que no le creyera.

Claudia no solamente lo hizo, sino que los invitó a la famosa casa de Segurola y Habana, en el barrio de Devoto.

El 6 de septiembre de 2000, a las cinco de la tarde, María Alejandra, junto a su pequeña hija Yuyú, fue con un ramo de flores en la mano a conocer el tríplex de Diego, Claudia y su familia. Masciotra sintió más de una vez que estaba en Disney, aunque con miedo de que pasara algo malo. Claudia la retó: “no hacía falta que traigas nada”. 

—¿De qué tenés miedo? —le preguntó Villafañe, que evidentemente es buena descifrando caras ajenas.

—De romper algo.

—No pasa nada.

Claudia corrió una gigantografía y se le vino encima una guitarra regalada por Charly García. “Casi la hago mierda”.

El esposo de María Alejandra llegó más tarde, porque ese día trabajaba en Floresta. Claudia estaba con un jean, una remera blanca y unas zapatillas, y logró transmitirles con sus gestos que ellos eran —y son— gente sencilla.

Les enseñó, además, la sala de trofeos de Maradona. María Alejandra vio una corbata regalada por Freddie Mercury, Balones de Oro y camisetas varias. Yuyú, pequeña y enrulada, pateó una pelota con la zurda, lo que hizo que Claudia pensara en ella, por un momento, como una pequeña Maradona bebé de una película que nunca se llevó adelante.

En un momento bajaron las dos hijas de Claudia, que estaban haciendo la tarea.

—¿Sabés quién es ella? —le preguntó a Dalma, su madre.

—¿La chica de los mails lindos?

Claudia los invitó a comer, pero desistieron. Les pareció demasiado. “Llevala entonces a un buen”, le dijo al marido. Terminaron en el Café de la U, en Urquiza. Cuando les abrió la puerta, Claudia se dio cuenta de que jamás había apagado las luces de la camioneta.

—Uh, la batería. Y hay que llevar a las chicas al colegio mañana.

Al día de hoy, María Alejandra recuerda la conversación entre Claudia y Yuyú. Ella misma le pidió que le preguntara a su hija por Diego. Y la pequeña, que por edad no pronunciaba todavía bien las letras ge y erre juntas, le dijo:

—Maradona, el más “lande” del mundo.

Dos abrazos

“Paren todo, la Tata tiene Club de Fans”.

La frase de Dalma le dio fama a la página de María Alejandra dentro del universo maradoniano. El apodo lo puso, de chiquito, Benjamín: Claudia era “Tata” y Diego, “Babu”.

Claudia y María Alejandra estuvieron sin verse físicamente por casi 25 años. Sí se mantuvieron en contacto por vía telefónica y, más acá en el tiempo, por redes sociales.

Un tiempo después del primer encuentro, Claudia se había ofrecido a pasar a buscar camisetas de María Alejandra para que Diego las firmara en Cuba, pero finalmente no pudo hacerlo por un accidente del propio Maradona. Ya con el Club de Fans, Masciotra pasó a buscar unos delantales de Claudia en el reality para sortear, pero Claudia no estaba en la casa.

Habían hablado por Instagram el día anterior a la muerte de Diego. Recuerda que ese día no había prendido la televisión, que Yuyú le preguntó cómo estaba, que ella respondió que bien, que su hija le dijo que viera las noticias y que la vida se volvió muy dura.

El reclamo para que haya justicia por la muerte de Diego la tuvo siempre en primera fila. Se sumó al colectivo “Justicia por D10S” en un momento duro de su vida personal y, al día de hoy, sostiene que esos pibes le salvaron la vida.

Forma parte del grupo de gente que acompaña a Dalma y a Gianinna en las audiencias, que arma actividades y movilizaciones para que se juzgue a los acusados o que copa los bares cercanos para evitar que los periodistas molesten a la familia. 

Se volvió a encontrar con Claudia el año pasado, en el debut de la obra de Dalma en el teatro Timbre 4. Se abrazaron. María Alejandra llevó margaritas, compradas en Chacarita, porque siempre tiene presente esa foto en la que la hija mayor de Diego le deja flores en las medias a su papá, vestido con la ropa del Napoli.

Cada vez que ve a Gianinna tienen un ritual. Hace un tiempo ya que María Alejandra le pide que se abracen dos veces al saludarse. 

Una, por ellas. Otra, por Diego.

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Periodista, docente UBA y militante. Hay cuatro libros que llevan su nombre como co-autor. Escribe en Tiempo Argentino y es uno de los impulsores del proyecto Lástima a Nadie, Maestro. Maradoniano, obvio. Como buen marxista, anhela que la tierra sea el paraíso.