Caso Molinari: La condena que interpela al deporte argentino

Federico Molinari fue condenado por grooming tras enviar mensajes con insinuaciones sexuales a una gimnasta de 15 años a la que entrenaba. El fallo expone cómo el abuso de poder y las fallas de las instituciones deportivas profundizaron la vulnerabilidad de la adolescente.
22/07/2026

“Hoy por fin puedo respirar profundo… Después de tantos años, puedo cerrar una etapa sumamente difícil y dolorosa: la Justicia dictó sentencia. Se terminó el proceso y la verdad se demostró”,  escribió M. en sus redes sociales. 

Durante un año, a sus 16, M. recibió mensajes con insinuaciones sexuales y reiterados intentos de generar intimidad por parte de su entrenador, el ex gimnasta, que entonces tenía 38 años, Federico Molinari. En 2012 Molinari se había convertido en el primer argentino en llegar a una final olímpica en anillas. 

«Cómo agitaste al público, te llevaste todas las miradas, incluso la mía», fue uno de los mensajes incorporados como prueba durante el juicio. En otra oportunidad escribió: «¿Querés que te cuide un día de estos? Creo que me animo». También le pedía activar el «modo efímero» de Instagram, una función que elimina los mensajes una vez leídos.

La joven había venido desde Mendoza a Buenos Aires para entrenar de manera profesional gimnasia artística. Eligió el gimnasio que coordinaban Molinari y su pareja en Don Torcuato, empatizando con la idea de que él también había nacido en el interior del país -en la provincia de Santa Fe- y había emigrado para profesionalizarse.

M. empezó a entrenar durante la pandemia, a los 15 años. Pero en 2021, cuando la cuarentena comenzó a ceder y los entrenamientos volvieron a ser presenciales, comenzaron los mensajes, las reacciones a sus historias y el acoso. El miedo y la culpa terminaron alejándola del deporte que amaba. Como en la mayoría de los casos de grooming, del otro lado de la pantalla no había un desconocido, sino una de las personas en las que debía poder confiar: su entrenador.

“Transitar este camino fue durísimo. Me costó abandonar el deporte que tanto amaba, alejarme de mi entorno y procesar la traición de compañeros y “amigas” que decidieron declarar en mi contra, sumado a todos aquellos que prefirieron juzgarme de “mentirosa” antes que mirar de frente la realidad”, posteó en su cuenta de Instagram la víctima. 

Fue a partir de un tratamiento psicológico que la joven relató, años después, los motivos reales que la llevaron a abandonar el entrenamiento. En 2023, su madre, al tomar conocimiento de los mensajes, confrontó a Molinari, quien según la denuncia, le ofreció cambiar de entrenadora y darle un trato especial a la menor a cambio de que el asunto no trascendiera, en particular hacia su propia pareja. Lejos de mejorar la situación de la joven dentro del gimnasio, la denunciante afirmó que su hija fue relegada y excluida de competencias para las que ya se había clasificado.

Durante el juicio, varios compañeros de M. declararon en favor de Molinari. La jueza descartó esos testimonios en la valoración de la prueba y, según la abogada de la querella, respondían a un discurso construido por el acusado.  “El abogado de la defensa quiso construir  la imagen de la mala víctima, dijo que la víctima era conflictiva, la víctima que salía con gente más grande”, explicó María Emilia García Marquez, abogada de la joven.

Cuando el prestigio deportivo deja de ser un escudo

Este viernes, el ex gimnasta olímpico Federico Molinari fue condenado a un año y ocho meses de prisión condicional. La sentencia fue dictada por la jueza Mariela Quintana, titular del Juzgado Correccional N.° 3 de San Isidro, quien además le impuso una prohibición de acercamiento a la víctima, la obligación de realizar tratamiento psicológico y dos años de supervisión del Patronato de Liberados bonaerense.

Molinari, emitió un comunicado donde afirmó que «ningún tipo de abuso ni contacto físico con la menor, sino que hace referencia a aparentes mensajes inapropiados».

«De todas formas, niego enfáticamente haber remitido mensaje alguno con contenido o sentido sexual. Siempre tuve un cordial vínculo con la alumna y los contactos que he mantenido con ella han estado destinados a acompañarla y levantarle el ánimo en momentos difíciles que ha tenido. Lamentablemente, la realidad ha sido tergiversada», sostuvo tras la denuncia.

“En su momento la fiscalía, que no es la fiscal actual, nos había pedido aceptar una suspensión de juicio. Sin embargo, sabíamos que si no aceptaba un juicio abreviado, que es cuando el imputado acepta la condena, íbamos a juicio, porque no queremos que esto quede impune”, explicó García Marquez. Desde la defensa de la víctima habían pedido los 2 años y medio de condena, alejándose del mínimo legal de la pena y fundamentándose en los agravantes.

La abogada de la víctima explicó que uno de los principales argumentos de la querella para solicitar una pena mayor fueron los agravantes derivados de la relación de poder que existía entre Federico Molinari y la adolescente: él la doblaba en edad. Pero además existía una relación profundamente asimétrica por el lugar que ocupaba como referente de la gimnasia deportiva y director del instituto al que asistía la víctima. Además, Molinari integraba el Comité Olímpico, la Federación Bonaerense y la Confederación Argentina de Gimnasia. Todos esos cargos le otorgaban una posición de autoridad frente a niños, niñas y adolescentes.

“Desde la defensa intentaron permanentemente correr el eje del debate. El objeto del proceso eran los mensajes y el grooming, pero buscaron desviar la discusión hacia otros aspectos que nada tenían que ver con los hechos investigados», aseguró.

La conducta por la que Molinari fue condenado se encuadra en el delito de grooming, incorporado al Código Penal en 2013 mediante el artículo 131, que prevé penas de prisión para quienes contacten a menores con fines sexuales. 

“A los que me dieron la espalda o eligieron ser cómplices con su silencio o sus mentiras: el tiempo y la justicia ya pusieron las cosas en su lugar. A los que estuvieron conmigo: gracias por acompañarme, por creerme y no soltarme la mano”, continuó el texto de M.

Antes de acudir a la Justicia, la familia de la adolescente intentó que el caso fuera abordado por las propias instituciones deportivas. La madre de la víctima presentó una denuncia ante la Confederación Argentina de Gimnasia, que contaba con un protocolo para intervenir en situaciones de violencia de género y vulneración de derechos humanos.

Según explicó la abogada de la joven, en esa instancia participaron el entonces presidente de la Confederación Argentina de Gimnasia y la presidenta de la Federación Bonaerense de Gimnasia. La Confederación resolvió abrir un sumario administrativo, pero delegó la investigación en la Federación Bonaerense.

Durante el juicio, ambas autoridades fueron convocadas a declarar. «La presidenta de la Federación Bonaerense dijo que prácticamente no recordaba lo ocurrido en aquella audiencia e incluso manifestó que desconocía el contenido de los mensajes, pese a que nosotras los habíamos aportado oportunamente», señaló la letrada.

En ese sentido, el fallo también dejó al descubierto las falencias de los organismos encargados de controlar la actividad deportiva. La jueza remarcó que no existió una articulación adecuada entre la Confederación Argentina de Gimnasia y la Federación Bonaerense. “Eso es particularmente grave porque justamente son las instituciones que tienen la responsabilidad de prevenir, investigar y sancionar este tipo de situaciones», explicó la abogada.

Para la querella y la familia de la adolescente, esa falta de respuesta tuvo consecuencias concretas. Mientras las actuaciones administrativas no avanzaban, Federico Molinari continuó desempeñándose como entrenador y representando a la gimnasia argentina en competencias nacionales e internacionales.

«Ese abandono institucional revictimizó a la adolescente. Las organizaciones que debían protegerla no estuvieron a la altura de las circunstancias y, al sostener a Molinari en sus funciones, profundizaron su sensación de vulnerabilidad», concluyó la letrada.

Cinco años después de los mensajes que la alejaron de la gimnasia, M. escribió que, por primera vez, volvía a respirar profundo.

“La verdad siempre prevalecerá por encima de la mentira. La justicia tarda, cuesta, te desgasta física y mentalmente, pero llega. Esta condena no es solo eso; es la prueba absoluta de que valió la pena defender mi verdad y de que todo lo que pasé fue real”, finalizó.

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