Un Mundial en miniatura. Eso armó la Confederación Brasileña de Fútbol en 1964, cuando organizó la Copa de las Naciones, que se jugaría entre el 30 de mayo y el 7 de junio de ese año. El fútbol verdeamarelo cumplía medio siglo y su selección venía de ser bicampeona del mundo (Suecia 1958 y Chile 1962). Su gran figura, Pelé, engalanaba el mundo también a nivel clubes con el Santos: ganó la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1962 y 1963. Todo armado para una fiesta.
Los invitados al salón fueron, en primer lugar, dos europeos. Inglaterra, que se preparaba para organizar el Mundial de 1966, que lo terminaría consagrando, y que llevaba en sus filas a figuras como Bobby Charlton, delantero del Manchester United y leyenda del fútbol británico. Por otro lado, Portugal, que terminaría en el tercer puesto de 1966 y que tenía entre sus filas a uno de los mejores puntas del planeta: Eusebio, figura del Benfica, campeón de la Copa de Europa (actual Champions League) en 1961 y 1962, y subcampeón del mismo torneo en 1963 y 1965. Fue segundo en la carrera del Balón de Oro en 1962 y finalmente obtuvo el galardón en 1965.
El último llamado a la tertulia era para Italia, que terminó desistiendo por razones logísticas. También fueron tanteadas selecciones como Alemania Occidental, Hungría y España. Había que invitar a uno más y la cercanía fue clave: Argentina. La AFA asumió el compromiso de participar una semana antes y designó a José María Minella como técnico, luego de un magro tercer puesto en el Campeonato Sudamericano de 1963. El mito indica que la Selección fue casi sin ningún entrenamiento. Sin estrella mundial alguna, a diferencia del resto, sí tenía buenos jugadores. Algunos de ellos: Amadeo Carrizo, Antonio Rattín, Ermindo Onega, Luis Artime, Alfredo Rojas, Roberto “la Oveja” Telch.
El seleccionado albiceleste sorprendió de arranque, en la victoria por 2 a 0 ante Portugal, en el Maracaná, con goles de Rojas y Alberto Rendo. El plato fuerte, sin embargo, vendría en el segundo partido. Brasil venía de vencer 5 a 1 a Inglaterra y tenía en su formación titular a figuras de peso acompañando a Pelé: Carlos Alberto, Gerson, Vavá y varios otros. El partido fue duro, áspero. Tanto que Pelé se vio superado en su ansiedad y le pegó un cabezazo al jugador argentino José Mesiano. El juez suizo Dienst no acusó recibo, pero Minella tuvo que meter a Telch por el lesionado y dejar la marca a Pelé en manos de Rattín, que anuló al astro brasileño.
Luego de las marcas férreas, vino la gambeta rioplatense: un gol de Onega y dos de Telch, para el 3 a 0 definitivo en el Pacaembú de San Pablo. El mito indica que el entrenador inglés Alf Ramsey, que estaba en la tribuna junto a su equipo mirando el partido, se levantó e instó a todos a irse por no poder soportar la gran marca argentina contra Pelé.

Sorpresa y certeza: a Argentina le bastaba solo un empate ante Inglaterra para hacerse del campeonato en el que entró por la ventana. No necesitó especular: en el Maracaná, ante 15.000 personas porque sobraban entradas ante un frustrado partido definitivo de Brasil, Argentina venció a la futura campeona del mundo 1 a 0 con gol de Rojas.
La crónica del periodista Osvaldo Ardizzone, de la histórica publicación El Gráfico, titulada “Salimos a enfriar el partido, lo enfriamos, y lo ganamos”, dice lo siguiente: “El partido frente a Pelé participó de los dos matices: fue cerebral y fue emotivo. Argentina expuso sobre el césped de Pacaembú, además de un verdadero «tratado de fútbol», una gran carga de amor propio, de pudor, de una vergüenza individual y colectiva que se ocultaba en el fondo de su tímido triunfo frente a Portugal. Contra Inglaterra todo fue científico. Todo fue el frío examen de una situación, el cálculo especulativo de su posición en el torneo. ¿Para qué arriesgar? ¿Para qué jugar el valor de un triunfo ilustre sobre los bicampeones del mundo? Y el esquema fue el mismo. Una línea de cuatro hombres en el fondo. Rígida y en permanente penitencia táctica. Los dos volantes más la colaboración de Telch, desdibujado con el número once, el mismo que había utilizado Mesiano frente al «cabezazo» de Pelé”.
Fue el primer gran título argentino, que hasta allí solo tenía los (importantes) Campeonatos Sudamericanos. Contra el que será uno de nuestros grandes rivales. En el estadio de nuestro clásico continental. Con sorpresa. Lo que se dice fútbol argentino.






