Mujeres atómicas: las científicas que sostienen la soberanía nuclear argentina

Mientras el Gobierno avanza con despidos, recortes y la paralización de proyectos estratégicos, trabajadoras de la CNEA advierten que también está en riesgo un proceso silencioso: décadas de construcción de conocimiento y de conquista de espacios para las mujeres dentro del sistema científico argentino.
20/07/2026

La energía nuclear argentina es soberanía. Es un país que decidió no resignarse al lugar de simple comprador de tecnología y apostó, hace más de siete décadas con Perón, a construir conocimiento propio. Es hablar de reactores, radioisótopos, medicina nuclear, centrales de potencia y desarrollo científico. Pero también es hablar de quienes hicieron posible esa historia: las mujeres.

«Dentro de la CNEA hay mujeres en todos los espacios, aunque es verdad que las compañeras ocupan más puestos administrativos», resume Carolina Komar, investigadora y delegada general de ATE CNEA. Aunque hoy representan cerca del 37 % del personal, los sectores de producción y operación continúan siendo espacios donde predominan los varones. Allí también persisten los techos de cristal y la división sexual del trabajo.

Sin embargo, cuando las mujeres comenzaban a ocupar espacios históricamente vedados, gracias al crecimiento del feminismo en Argentina, el sistema científico volvió a quedar bajo ataque. La paralización del proyecto CAREM-25 en 2024, los cientos de desvinculaciones y la reciente ola de despidos y no renovación de contratos profundizaron una crisis que excede pone en riesgo la continuidad de un proyecto científico construido durante generaciones.

El conflicto gremial se acrecentó recientemente, a fines de junio y comienzos de julio, a raíz de una ola de despidos y no renovación de contratos que desencadenó protestas gremiales, ocupaciones pacíficas de edificios y un fuerte debate sobre el futuro del sector nuclear argentino.

El Gobierno confirmó la no renovación de 61 contratos, mientras que los sindicatos sostienen que el impacto real alcanza a un número mayor de trabajadores si se consideran todas las modalidades de contratación. Los ceses afectaron a distintas áreas de la CNEA y provocaron una inmediata reacción gremial.

Para las trabajadoras, esa ofensiva tiene además un impacto específico. No se destruyen únicamente puestos laborales: se interrumpen trayectorias que demandaron décadas de formación y enormes esfuerzos para abrirse camino en uno de los ámbitos más masculinizados del Estado.

«Las trabajadoras de la CNEA vivimos este escenario con una profunda preocupación. A la incertidumbre laboral se suma la angustia de tener sueldos de miseria por debajo de la canasta básica y de ver cómo se paralizan proyectos estratégicos, se reducen los recursos y se pierden capacidades construidas durante décadas», explica Carolina Ayala, profesional técnica del área nuclear del organismo.

Mercedes Cabezas

A esa precarización se suma otra desigualdad que continúa recayendo, sobre todo, sobre las mujeres: las tareas de cuidado. Florencia Saitta, secretaria de Prensa de la Junta Interna de ATE CNEA, describe una escena que revela esa tensión cotidiana. Muchas profesionales permanecen en la institución, aun con salarios deteriorados y escasas posibilidades de crecimiento, porque el jardín maternal dentro del predio les permite sostener la crianza de sus hijos. La conciliación entre la maternidad y una carrera científica sigue dependiendo, demasiadas veces, del sacrificio personal de las trabajadoras.

“Trabajo hace 14 años en la institución y siempre escuché compañeras profesionales con doctorados, con posibilidades de estar en otros puestos y no lo hacen porque priorizan el cuidado”, explica sobre la dificultad de compatibilizar las tareas feminizadas y el desempeño profesional. 

Mientras todo eso ocurre, desde el poder político se insiste en deslegitimar el trabajo estatal. Las entrevistadas denuncian un discurso que reduce a los empleados públicos a la caricatura de los «ñoquis», invisibilizando el trabajo detrás de cada reactor, de cada radioisótopo utilizado en hospitales o de cada desarrollo tecnológico estratégico.

“Muchas mujeres ocupamos roles altamente especializados en investigación, ingeniería, radioprotección, gestión de la calidad, desarrollo tecnológico y operación de instalaciones. La inestabilidad no solo afecta nuestras condiciones de trabajo, sino también la posibilidad de planificar nuestras carreras y nuestras vidas”, agrega Ayala.

Carolina Komar

Con el recorte del gobierno de Javier Milei está en juego la soberanía científica y tecnológica del país. También la continuidad de capacidades únicas en América Latina, la posibilidad de desarrollar reactores, producir radioisótopos para medicina, aportar a la generación eléctrica, fortalecer la industria nacional y formar nuevas generaciones de científicos e ingenieros.

Debilitar estas capacidades implica perder conocimientos estratégicos que requieren décadas para recuperarse, sobre todo los recursos humanos: lleva más de 20 años formar este tipo de capacidades. Por eso la pelea de la CNEA trasciende un conflicto gremial. Es una disputa por el modelo de país.

Como sintetizó Mercedes Cabezas, secretaria general adjunta de ATE Nacional: mientras millones abrazan la bandera durante un Mundial, quienes sostienen el Estado la abrazan todos los días desde sus lugares de trabajo. En los laboratorios, en las plantas, en los institutos y en cada oficina donde se construye aquello que no siempre se ve, pero que hace posible un país más soberano.

“Vibramos con el partido de Argentina y abrazábamos la bandera, pero quienes trabajamos en el Estado abrazamos esa misma bandera todos los días. Construimos soberanía desde nuestros puestos de trabajo, ya sea en una tarea administrativa o en el día a día. Estamos convencidos de que ponerse la camiseta de Argentina y luchar por un Estado soberano es el compromiso que asumimos quienes lo sostenemos cotidianamente”.

Carolina Ayala

El conflicto laboral se suma a una situación que ya venía siendo denunciada por trabajadores y especialistas: pérdida del poder adquisitivo de los salarios, reducción presupuestaria, demoras en proyectos estratégicos y renuncias de personal calificado. Desde mayo de 2026 ya se habían realizado movilizaciones para reclamar financiamiento y continuidad de los programas nucleares. 

A raíz de lo que el sindicato califica como «cesantías ilegales» y el desmantelamiento de sectores estratégicos, la conducción de ATE adelantó que convocó a diferentes instancias orgánicas para evaluar la implementación de un paro nacional.

“Cuando la CNEA cuando se funda en 1950 con el presidente Perón, había un Estado planificando todo, entonces no sólo se fundó la Comisión, sino que en la UBA se generó la carrera de Física y después se generaron los institutos internos, el Balseiro, el Dan Beninson, donde se pueden formar doctores en materiales, en en energía nuclear, e ingeniería nuclear”, explica Florencia. 

“Acá viene a formarse muchísima gente. Por eso, que el Estado esté invirtiendo ese dinero para que después las rentas se las lleven algunos privados, es uno de los grandes motivos para defender la institución”.

Florencia Saitta

Defender a las mujeres de la CNEA es defender mucho más que sus puestos de trabajo. Es defender el derecho de las próximas generaciones a encontrar un sistema científico vivo, capaz de producir tecnología para la salud, la industria, la energía y el desarrollo nacional. Y también es validar la trayectoria de estas mujeres que hicieron posible tanto logros en relación a la energía atómica.

“Recuperar ese capital humano puede llevar muchos años, afectando no solo a la CNEA sino al sistema científico y tecnológico argentino en su conjunto”, finaliza Ayala.

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