Tobar García: el único hospital público en salud mental infanto-juvenil de CABA

🏥 Cada día, en los pasillos del hospital, familias, profesionales y adolescentes conviven con una crisis silenciosa que crece desde hace años. Recorrimos el único hospital público especializado en salud mental infanto-juvenil de la Ciudad de Buenos Aires.
30/07/2026

El ascensor tarda apenas unos segundos en llegar al quinto piso. Son las diez menos cuarto de la mañana de un día soleado. 45 minutos después subirá un carro de metal con potes de gelatina y flan. En la huerta, algunos chicos observan las plantas. Otros esperan en silencio junto a sus familias el turno con un psiquiatra. En las paredes, hay carteles pintados a mano que indican el camino hacia consultorios externos, hospital de día, internación, escuela hospitalaria o rehabilitación. En el corazón de Barracas, hace demasiado calor para ser invierno. El hospital comenzó, o nunca dejó de funcionar.

Detrás de esa rutina cotidiana, se levanta una de las instituciones más singulares del sistema público argentino: el Hospital Infanto Juvenil Carolina Tobar García, el único hospital monovalente de salud mental para niños, niñas y adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires.

“La misión fundacional se basa en que es inadmisible que no haya un hospital nacional que se ocupe de los niños con problemas emocionales”, relata Irene Scherz, mientras se acomoda su pelo claro. Aunque no nos conoce, identifica nuestra presencia al entrar. Es Jefa de Docencia, pero pasó por hospital de día. Mientras habla recorre mentalmente las diferentes áreas que se fueron abriendo por la demanda, las refacciones que se llevaron a cabo, las instalaciones que se mejoraron. Antes, nos contarán en un rato, todo el hospital se ubicaba en una sola torre y las salas de internación tomaban apenas un piso.

Fotografía: Catalina Distefano

La historia del Hospital “Tobar García” comenzó a fines de la década de 1960, cuando un edificio abandonado fue recuperado para crear una institución especializada en salud mental infantil y adolescente. Su primer equipo estuvo integrado por profesionales que hasta entonces trabajaban en el Hospital José T. Borda. Comenzó con el área de internaciones. Los primeros pacientes vinieron de la Colonia Montes de Oca, pero cuando la demanda se fue ampliando surgieron nuevas áreas de trabajo. En 1993 pasó a formar parte de la Red Municipal de Salud de la Ciudad de Buenos Aires y se consolidó como un centro de referencia nacional. 

Se trata de un hospital de tercer nivel, que trabaja con patologías agudas e internaciones cortas, entre tres y seis meses, pero también con consultorios externos, terapia ocupacional y terapias familiares. Los servicios incluyen pediatría, odontología, trabajo social y diferentes áreas de reinserción. Una vez terminado el tratamiento, los pacientes se derivan a diferentes Centros de Salud o efectores de menor nivel de complejidad.

Romina Martínez e Irene Scherz. Fotografía: Catalina Distefano

Sin embargo, mientras el hospital intenta responder a una demanda creciente, también enfrenta otra incertidumbre: el futuro de la Ley Nacional de Salud Mental, cuyo modelo organiza buena parte de su funcionamiento y que genera debates, como veremos posteriormente. 

“En el imaginario social se cree que este hospital es solo de internaciones”, explica Irene. “La mayoría son pacientes que pasaron por otros lugares”, continúa. Esta frase marca el ritmo cansado de los pasos de cientos de niñeces frustradas de peregrinar de hospital en hospital buscando una respuesta al malestar.

En el quinto piso se ubica el área de docencia e investigación. Hay ventanas que dejan filtrar la luz, sillas de madera enchapada del tipo universitarias y pizarrones de plástico. Durante alrededor de veinte minutos Irene, licenciada en Psicología; y Romina Martínez -pelo negro y sweater verde agua-, psicoanalista y Jefa de Sección del hospital, hablan por turnos, sin pisarse, intercambiando miradas. Sostienen posiciones similares frente a temas difíciles.

“La vía de internación es por la guardia o por oficio judicial”, explica Romina. Al día de hoy también existe la línea 147, creada por el Ministerio de Salud porteño, donde hay psicólogos y psiquiatras que pueden derivar a una admisión en el hospital. Dentro de la internación hay sala de varones, mujeres y niños pequeños, que se abrió hace alrededor de 20 años cuando se decidió independizar del sector de mujeres a esta población a raíz de la amplia demanda. 

La segunda entrevista será unos minutos después, en la oficina contigua. Allí trabaja Marcia Braier, psiquiatra, jefa del Departamento de Docencia e Investigación del Tobar García y docente de las cátedras de la Universidad de Buenos Aires que funcionan en el hospital. Lleva el pelo rubio, remera de manga corta y anteojos colgados sobre el pecho.

Fotografía: Catalina Distefano

“Las patologías más comunes en el área de internaciones son esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad, esquizofrenia con adicciones, intentos de suicidio, brotes psicóticos, trastorno bipolar y en niños menores trastornos de comportamiento”, relata la psiquiatra. En el área de consultorios externos, las patologías se repiten pero con menor intensidad.

“Nosotros tenemos chicos que son abusados y que tienen síntomas psicóticos, ansiosos, por el abuso físico, sexual, emocional o negligencia, es decir, cuando las necesidades básicas están insatisfechas”, explica. El diagnóstico psiquiátrico se puede dar basado en tres ejes: la patología mental en sí, el ambiente socio-cultural y la patología médica que puede (o no) haber de base.

El Tobar, ubicado al lado de otros hospitales especializados en salud mental, parece respirar lentamente a pesar del paso agitado de sus profesionales. En cada pasillo se puede ver un animal -real o imaginario- pintado con pintura látex. En las paredes que alguna vez fueron blancas hay murales de colores, realizados por la artista Jovana De Obaldia

Fotografía: Catalina Distefano

Crisis en salud mental

Mientras la salud mental infantil se volvió una emergencia sanitaria, el sistema sigue teniendo los mismos recursos —o menos— para responder.  Más de 50 años después de su creación, el Tobar García enfrenta una demanda creciente en un contexto de aumento de los padecimientos de salud mental en niños y adolescentes. 

Según los informes del Órgano de Revisión Nacional de Salud Mental (ORN), hubo un incremento sostenido de las internaciones en los últimos cinco años. De hecho, en la provincia de Buenos Aires, las internaciones por motivos de salud mental pasaron de 28.732 en 2020 a 59.474 en 2024, con un aumento de la presencia de menores de 18 años.

“Los recursos del hospital pueden sostener hasta determinada cantidad de gente, pero el ingreso es muy alto porque hay una demanda insatisfecha”, enfatiza Romina Martinez. “La falta de lugares que los puedan absorber es la principal dificultad para externar pacientes”. 

Después de la pandemia, lo que más aumentó fueron los síntomas de ansiedad, depresión y adicciones. Si bien actualmente los pacientes rotan por las distintas áreas del hospital, lo cual mejora su situación ya que no quedan enquistados, disminuyó la capacidad de ingresos que puede tener cada sector, ya que cuentan con cupos limitados.

Marcia Braier – Fotografía: Catalina Distefano

La Ley de Salud Mental en la mira

En Argentina existe una Ley Nacional de Salud Mental con perspectiva de derechos humanos y metas tales como el cierre de los hospitales monovalentes. La Ley Nacional N.º 26.657 fue sancionada en 2010 y estableció, entre otras cosas, un cambio de paradigma al priorizar tratamientos interdisciplinarios, internaciones excepcionales y dispositivos comunitarios. Además, alienta a que las internaciones se realicen en hospitales generales. 

Si bien entre los especialistas hay voces en contra y a favor -como dentro del Tobar-, la misma pasó a estar en el centro de la cuestión desde que el presidente Javier Milei intentó modificarla a través de la ley Ómnibus y con diferentes proyectos de ley posteriores. 

“Estrictamente, la Ley Nacional de Salud Mental plantea una refuncionalización”, continúa Scherz. «Ya hay internaciones en hospitales generales, pero hay muchos que no tienen ni la infraestructura ni el recurso humano necesario».

“Todo el trabajo en este hospital es interdisciplinario porque se piensa en tanto a las necesidades del paciente”, agrega Romina con respecto a cómo se adhiere el funcionamiento del hospital a la ley. 

Fotografía: Catalina Distefano

Uno de los principales argumentos del nuevo proyecto surge de la interpretación de que la Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657 establece requisitos y controles estrictos para las internaciones involuntarias. En ese sentido, la iniciativa del Poder Ejecutivo propone modificar ese esquema para que la decisión ya no recaiga en un equipo interdisciplinario, sino únicamente en un médico psiquiatra. 

“La ley bien leída dice que la internación es involuntaria cuando se trata de riesgo inminente para sí mismo y para terceros. Si esto no pasa es porque la intervención estuvo mal hecha”, añade Irene. “Me parece que la reforma de la ley responde a cuestiones económicas, más allá de que parte de la comunidad científica pueda estar en desacuerdo”.  

Leer la ley pensando solamente en la diatriba internación o no, sin plantear que es una opción que en momentos no es evitable, es simplista. Tanto Irene como Romina coinciden en que es difícil imaginar el cierre de los hospitales en un momento donde está colapsado tanto el sistema público como el sistema privado.

“El problema es que hay un imaginario de que los hospitales psiquiátricos son depósitos de personas. Eso no es así, en el Tobar ni bien entra alguien a internación ya se empieza a pensar su salida”, concluye Irene.

Fotografía:Catalina Distéfano

En el consultorio de al lado, Marcia disiente. Es tajante y dice explícitamente que se opone a la Ley Nacional de Salud Mental. Para ella, la internación en psiquiatría es como la terapia intensiva en la clínica. 

Las diferencias sobre el futuro de la ley existen incluso dentro del propio hospital. Algunos profesionales creen que el camino es profundizar el modelo comunitario; otros sostienen que los hospitales especializados siguen siendo imprescindibles. Pero todos coinciden en algo: hoy faltan dispositivos, equipos y políticas públicas capaces de responder a una crisis de salud mental que ya dejó de ser excepcional. 

“Hay enfermedades que no se pueden manejar en otras instituciones porque deben tener profesionales muy formados con una infraestructura determinada. Un paciente psiquiátrico no puede ir a cualquier lado”, agrega Marcia. «Es fundamental que se cambie esta ley, que se le dé valor a los hospitales especializados, que se formen estructuras si se quiere cambiar las previas», enfatiza. 

Cuando uno sale del Tobar García, el ruido vuelve de golpe. Los colectivos pasan por Barracas como si no hubiera una pequeña ciudad escondida detrás de esas paredes con murales. Seguramente en algún pasillo volverá a pasar el carro, esta vez con la merienda. Una familia seguirá esperando un diagnóstico y un equipo volverá a reunirse para pensar cómo sostener una nueva crisis. Mientras el Gobierno resume el debate sobre la salud mental a leyes o presupuestos, dentro del Tobar García la pregunta sigue siendo cómo ayudar al otro.

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