¿Dónde está la capitana Adriana Acosta?

🏑 Jugadora de hockey que llegó al seleccionado. Militante política en el movimiento estudiantil platense. Detenida desaparecida desde hace 48 años. Vale bien recordarla en la misma semana en que Las Leonas se disputan un lugar entre las mejores del mundo.
28/08/2026

Mira para los costados y no la ve. Hace un tiempo que le pasa: camina por la calle con el anhelo de encontrarla. ¿Dónde está? No importa si va a trabajar, si va al kiosco, si sale con las amigas: siempre está buscando a su hermana. Pasa todos los días hasta ese día: la encuentra, en el subte de Buenos Aires. ¿Dónde está? Leticia la abraza, a Adriana posiblemente le gane el miedo.

-¿Los siguieron?

-No.

Febrero o marzo de 1978. Leticia vio a su hermana, Adriana Acosta, por última vez. La seguía desde siempre, era su ídola. Se sentía la cola del barrilete en el que su hermana volaba. La última vez es solo la repetición más cercana. Seguramente triste. La puerta al para siempre.

Leona

Los 22 años de vida que se le conocen a Adriana Acosta empezaron el 19 de enero de 1956 en Lomas de Zamora. Vivió en Castelli 1396, esquina Mentruyt, y fue al Colegio Balmoral. 

Ya de muy pequeña sorprendía con la impronta sagaz y el empuje solidario. “Mamá, me dijo la señora que el chico está atrasado en el colegio y va a repetir. ¿Puedo traerlo acá para enseñarle?”, le dijo a su madre Teresa Bernardi de Acosta, hoy Madre de Plaza de Mayo. Ella misma recordó la anécdota en el documental de Canal Encuentro (2013) “Deporte, Desaparecidos y Dictadura”, producto de la investigación homónima de Gustavo Veiga. Teresa indicó que si el chico no hacía los deberes correctamente, la pequeña Adriana lo retaba. Conserva su madre los boletines llenados con nueves y dieces.

En quinto grado, la pequeña Adriana le escribió a Teresa una suerte de expresión literaria. Fue como una carta de amor: “Mamá, qué buena y dulce eres. Eres mi mejor amiga y entre todas las mujeres no hay nadie más buena que tú. ´Mamá´: esa es la palabra más dulce que he escuchado en mi vida”. Abajo de su firma puso “5to B”.

En esa dinámica apareció una de las grandes pasiones de su vida: el hockey. Empezó a jugar en el club Lomas, como no podía ser de otra manera. “Ya en el colegio le pusieron un palo de hockey. Ella lo quería con locura. Estaba tan acostumbrada al palo que una vez se lo llevó en el micro cargando. De repente vi que volaba una cosa cuando cerré la puerta: me lo había revoleado al jardín”, recordó Teresa.

Ya más grande, la vida requeriría de un esfuerzo mayúsculo: vivir en Lomas, entrenar en Capital Federal o San Fernando, estudiar en La Plata. Salir en el tren o colectivo con los libros, la mochila, el palo, la ropa para entrenar. Le dicen pasión.

Nadia Loray era una de las compañeras de “Lechu”, como hasta el día de hoy recuerda a Adriana. “Tuvimos la suerte de ganar muchas cosas juntas en el equipo juvenil y luego nos tocó pasar al superior”. Acosta se destacó tanto que fue convocada para jugar a los diecisiete años con el equipo más lindo de todos. Rememoró Nadia: “Todo jugador aspira a llegar al seleccionado. A ella le tocó. Siempre admiré eso de ella. Junto a Graciela Maestripieri fueron elegidas para representar al seleccionado argentino en 1973 contra EE.UU. Yo recuerdo haber ido a ese partido muy orgullosa de que dos compañeras estuvieran representándonos”.

En 1972 fue designada capitana del equipo juvenil campeón metropolitano del club Lomas Athletic, y en 1973 hizo lo propio en la selección de Buenos Aires que ganó el campeonato argentino. Según cuenta Veiga en su libro, la carrera de Acosta terminó, por supuesto joven, jugando en Longchamps.

La movilización política por Memoria, Verdad y Justicia le dio merecidos homenajes. Los Andes la recuerda como una de sus socias eternas. Durante muchos años, la ONG El Puente Posible -dedicada al trabajo con los niñas y adolescentes de barrios humildes a través del hockey- la llevó como bandera. “Ver un sueño, hoy una realidad, mañana una leyenda”. HIJOS puso un esquinero con la insignia “capitana y una leona inolvidable”.

El relato más conocido sobre Las Leonas indica que el apodo surgió durante los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. La psicóloga Nelly Giscafré reunió a Karina Masotta, Magdalena Aicega y Vanina Oneto para preguntarles con qué animal se identificaban y las tres pensaron el mismo, analizando la garra del equipo argentino. Terminarían con la medalla de plata.

El hockey argentino recuerda todos los días a Acosta. La cancha central del CENARD, en la que muchas veces ha entrenado el seleccionado argentino, lleva el nombre de Adriana y una placa en su honor. Dice, desde octubre del 2009: “Cancha Adriana Inés Acosta. En homenaje a una excelente jugadora de hockey sobre césped, comprometida con su pueblo en la búsqueda de la justicia y la igualdad”. Una leona.

Militante

Adriana fue secuestrada el 27 de mayo de 1978 mientras almorzaba a las dos y media de la tarde en una conocida pizzería llamada La Tuerca de Pérez en Beiró y Segurola, barrio de Devoto. Se sabe que estuvo presa en “El Banco”, centro clandestino de detención y tortura en la zona de La Matanza, cerca de la intersección entre la Ricchieri y Camino de Cintura. Nunca apareció su cuerpo. Se supone que formó parte de los “vuelos de la muerte”. Guillermo Rivarola, juez federal, rechazó todos los pedidos de habeas corpus. Sus dos padres, Teresa y Oscar, y sus dos hermanos, Leticia y Marcelo, la siguen buscando. 

Pagó el precio del terror por pensar un mundo mejor. Cuando llegó a la Universidad de La Plata para estudiar Ciencias de la Educación en la Facultad de Humanidades, tomó contacto y empezó a militar en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Según plantea Brenda Rupar, investigadora del CONICET, el PCML fue una organización de orientación marxista-maoista que existió en el país entre 1968 y 1977 y su actividad se desarrollaba principalmente en La Plata y sus alrededores. Su momento final llegó en diciembre de este último año con la “Operación Escoba”, un avance de las fuerzas represivas a militantes y estudiantes de la zona.

Adriana ya vivía en Capital, pero igualmente fue al mismo centro clandestino que el resto de sus compañeros, o ex compañeros (no es claro si ella militaba de manera orgánica en el momento de la detención). Su madre Teresa recuerda que su hija tuvo que quemar libros por miedo a la persecución. El último tiempo de vida lo pasó lejos de su casa, por miedo a involucrar a su familia. La única excepción fue la vez que se cruzó a Leticia en el subte.

En el tubo 26 de “El Banco”, espacio muy chico en el que solo entraba un colchón, Adriana compartió celda con Cristina Tortti, ex militante del PCML, y con María Elena Bugnone de Bonafini, nuera de la histórica presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Tortti sobrevivió y contó que siempre pensó que sería Adriana quien saldría viva, y no ella.

En una de las últimas charlas telefónicas que pudieron tener, Teresa quiso que su hija se exilie.

-¿Por qué no te vas?

-Yo no tengo que escapar de nadie, no hice nada malo.

Foto: Leticia Acosta

¿Dónde está?

Jorgelina Rimoldi, ex integrante de Las Leonas, habló el día del homenaje en la cancha del CENARD: “Me complace que esta cancha lleve el nombre de Adriana, el de la delantera humilde y leal que dedicó la mitad de su vida a este deporte”.

Teresa contó que en el barrio, alguna vez, vio pintadas con una pregunta: ¿Dónde está la capitana Adriana Acosta?

Ahora es 11 de septiembre de 2010. Leticia mira para los costados, pero no la ve. No está. Pero se siente. Está en Rosario, donde Las Leonas están a punto de jugar la final del mundo ante Holanda. Leticia va como invitada. Le dice a Natalia Florio, periodista de Tiempo Argentino, que no sabe si su hermana y las Leonas juegan con la misma fuerza. Pero en el fondo siente que sí. No lo dice, ni lo dirá, pero siente que sí.

El cuerpo no está, pero la memoria es una jugadora de toda la cancha. ¿Dónde está Adriana Acosta?, entonces. 

En cada piba que quiera ayudar a un amigo con la tarea, en cada jugadora de hockey que entrene después de horas y horas de laburo, en cada estudiante que milita, en cada soñador de un mundo mejor, en cada partido de Lomas o de Las Leonas.

Cada vez que aparece un mundo de nuevo. Dijo Teresa: “Es muy importante para mí cada vez que la recuerdan”. La definieron, alguna vez, en una copa homenaje: “Una leona antes que nadie, enfrentó una época atroz sin medir los riesgos”.

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Periodista, docente UBA y militante. Hay cuatro libros que llevan su nombre como co-autor. Escribe en Tiempo Argentino y es uno de los impulsores del proyecto Lástima a Nadie, Maestro. Maradoniano, obvio. Como buen marxista, anhela que la tierra sea el paraíso.