Moria Casán, serie y leyenda: «todo el mundo me llamará la One»

💅 La artista, conductora, jurado y vedette vive el estreno de su serie en Netflix como regalo de su cumpleaños 80, mientras múltiples generaciones seguimos siendo testigos de ella. La productora Mercedes Reincke, y Juampi Mirabelli, amigo personal, cuentan detalles y confidencias, con la certeza de su promesa: ¿ya logró ser inmortal?
16/08/2026

— Moria, ¿te traigo algo? 

— Unos sanguchitos de miga me hacen feliz.

Argentina está formada de leyendas. Y Moria Casán es una cosa de no creer. Ella, que se talló a sí misma —“Veo pasado, presente, futuro; toda yo me veo”—, por primera vez permite que otros la cuenten. Pero se mantiene omnipresente. Dirigida por Javier Van de Couter (tras “Tesis de una domesticación” con Camila Sosa Villada y de trabajar con Sofía Gala Castiglione en “Alanis”), que combina lo mejor de un cine más experimental, onírico y queer, con la escala mainstream de Netflix y la producción de About Entertainment, la serie es un homenaje que llega a sus 80 años.

Doscientas personas -entre técnicos, actores, director y productores- preparan la escena de un momento que la vio surgir. En Afrika, el boliche de la fauna de la farándula y uno de los más frecuentados por las figuras de la época, un novio tironea para sacarla a la fuerza y como se resiste, la golpea. Elegante y elocuente, se levanta en su pisada más escénica y mientras él es sostenido por dos hombres que evitan que salga de la pista, desata el filo de su lengua marcial: “Me despido de tus celos, porque la única trompada que voy a soportar de ahora en más es la trompada del éxito”. Tiene a todas las miradas entre impactadas, entretenidas y fascinadas; y no defrauda porque entiende que empezó el espectáculo, así que pícara incita que respondan: “¿Es la trompada del…?” – “Éxito”, vociferan. 

“Era una escena con muchos extras, estaba Sofía, hacía frío…”, recuerda la productora Mercedes Reincke sobre ese día. Cuando apenas pisó el set, le avisaron: «¨Parece que está llegando Moria¨. Estacionó y bajó del auto con Galo (su asistente) en la calle frente al cementerio de Recoleta. Entró, revisó los monitores, pidió el micrófono y empezó a agradecer. No sabés lo que hizo con la energía, fue una arenga casi de fútbol. Encima Sofía estaba con una sangre artificial en la nariz, y ella habló tan hermosamente de lo que significaba y que la estuviera interpretando su hija. Tengo un abrazo entre Moria y Sofía grabado en mi retina que me lo guardo para siempre. Fue increíble», detalla a El Grito del Sur, resaltando la simpleza al preguntarle qué podía ofrecerle para comer mientras compartía la jornada con el equipo.

Tomando elementos de su autobiografía, y tras el podcast de Anfibia, para plantear la ficción de su vida, Van de Couter recupera el punto de vista de Moria como –dice que es– una extraterrestre, y se aproxima desde el cariño o (más en su termimorialogía) la adoración. Por eso, convoca a su familia y amigos para que formen parte de la serie, pone el foco en preguntas sobre la identidad como qué es ser una mostra, e ilumina con (un desnudo) cuidado, y claro también acidez, aspectos más sensibles como el vínculo madre-hija, la detención de sus amigos en Dictadura, la violencia en su infancia, y la tiranía del paso del tiempo. 

«Todo su entorno está presente en la serie homenajeándola”, resalta la productora y una de las responsables en ir en busca de Van de Courter para plantear la serie: “Eso habla de un director que entendió la importancia de la familia para Moria».

Allí, por supuesto, intervino la decisión de convocar a Sofía. Mercedes se sonríe de las paradojas del proceso y le echa la culpa a los hilos de Moria: «Le escribí por Instagram, y viste que si no te siguen no te pueden leer. En fin, nunca me leyó Sofía. Fue así de genial que fuimos como a pedirle permiso a Moria’. Y por supuesto Moria dijo que sí. Y ahí Sofía yo creo que no lo dudó». De ahí en más, Sofía interpreta hasta llegar a ella misma, los sucesos que derivan en su nacimiento, como dice su madre «tuvo que parirse a ella misma».

«Esto no le va a gustar a Moria, por supuesto, pero es hermoso. Para mí, Sofía es la versión optimizada de Moria. Sofía es Moria mejor», afirma Juampi Mirabelli, en una charla que invita desde su casa. —¿En la vida o en la serie?— le repregunto. «En todo. Hay una potencia emocional que maneja. Pero, además, yo siempre las vi parecidas. Era impresionante ver fotos de Moria chica y decirle: ‘Boluda, ¡sos tu vieja!’. Y ella: ‘¿Te parece? No, bueno, qué se yo’. Sofía siempre identificándose mucho con la madre, pero también mucho con el padre, tiene mucho de él también».

La serie representa desde el cariño la figura de Mario Castiglione, en una gran actuación de Marco Antonio Caponi. «Si bien a Mario no lo conocí, lo conozco tanto a través de Sofía, que es una persona a la que yo quiero y además también me recuerda mucho en un montón de cosas a mi papá. Los dos eran radicales, los dos eran buenos tipos, los dos eran de esa misma generación. Y lo que hace Marco Antonio es extraordinario, porque además de que también logró un parecido físico, que es lo de menos, hay algo de ese tono, esa simpatía, esa manera de mirar que es alucinante. Me decía en el cóctel que hubo después del estreno, que nunca le había pasado algo como esta experiencia: él estaba actuando del padre de mi amiga y mi amiga de su mamá. Realmente algo muy raro pero hermoso», expresa.

Juampi Mirabelli, actor, artista y primera vedette hombre, es amigo íntimo de Sofía, y por tanto, de la One. Su participación en la serie reafirma ese círculo de pertenencia: interpreta a su abogado, César Carozza, a quien por supuesto conoce. Y si bien esa cercanía le generó que más de una actriz le preguntara: “¿y vos qué pensás que Moria va a decir?”, “¿esto lo hago así o mejor así?”, su ingreso se dio –a partir de la amistad que también mantiene con Van de Courter, y su ojo para que el verdadero ámbito cercano esté representado – luego de dos instancias de castings. “Yo no quería que Moria sepa nada”, reconoce.

En esta intimidad, la serie contiene a su vez el debut actoral de Helena, interpretando a la adolescencia de su abuela. «Moria cuenta en su libro que escuchó a sus padres en la habitación de al lado coger y los celos se apoderaron de ella, y salió al jardín de su casa y se hamacó y se hamacó hasta que se sacó los celos del sistema circulatorio, ¿entendés?»— destaca —»Los primeros momentos de conexión con su cuerpo, con la danza, mirarse distinta, esa mirada que ha sido muy juzgada y que hoy el mundo la entiende, ¿no? Esos padres se daban cuenta que tenían una hija que era incontrolable y por eso también tuvo que atravesar por un electroshock; era otra época. Y todo eso lo hace Helena, que está feliz y es una persona increíble. Dante también».

La serie parte de su fiesta de cumpleaños, desde donde la mismísima Casán relata su vida como una diosa gigante que recorre, interviene y supervisa los escenarios de su vida como la Avenida Corrientes, Mar del Plata, y su casa en Parque Leloir, recreados cada uno en maquetas. «El laburo que se hizo con las maquetas es demencial», confirma la productora, que retoma el hilo conceptual del director al plantear a Moria como la «titiritera de su vida», una «King Kong» que está tomando las decisiones como desde un futuro que todavía no conocen. «Moria supo en el mismísimo momento con Castiglione que iba a quedar embarazada, y que iba a tener una mujer, que es una hija aliada y también es una hija rival. Todo está impregnado en la serie, y tiene como objetivo – y la cito a Erika- ‘un golpe a la conciencia’. Es poder decidir, ser la dueña de tu existencia. ‘El amor de mi vida soy yo’, decía Moria. Todo contado con muchísima belleza y profundidad narrativa», manifiesta la productora.  

Ocho capítulos que hilan fino entre grandes actuaciones, un tono estrafalario digno de la One y una reconstrucción precisa de sus escándalos y recordadas intervenciones televisivas, en un guiño constante con el público argentino, entendiendo que por más bien interpretada que está principalmente por Sofía Gala que sorprende hasta en el parecido físico, y por Griselda Siciliani que despliega un gran trabajo actoral de la etapa más histriónica, hay algo incapturable en esta mujer que establece su propia profecía barroca: “Vos no te preocupes, que al tercer día no pero el cuarto resucito seguro”. Así, como por arte de Moria y todo un equipo que sostiene, su serie es toda una obra performática.

«Moria está muy feliz, está muy emocionada, y está muy omnipresente, porque la ciudad está toda empapelada», resalta Mercedes, consciente de la fantasía que es poder contar la historia de esta conductora, actriz, vedette, jurado, modelo y artista, pero ¿cómo decidió volverla realidad? Hace dos años, en un almuerzo con la directora Erika Halvorsen (hoy al frente de los contenidos de Argentina en Netflix). «Viste lo que es el olfato en el mundo de las historias y elegirlas que atraviesen a todo nuestro territorio argentino», asegura la productora, próxima a presentar su novela. 

«Siempre es un desafío encontrar la manera de llegar a Moria, seducirla. Ella es tan intuitiva, que como dice, vio en mi mirada y en la del Chino Fernández y Carolina Urbieta  —productores con quienes llevé adelante esta serie—  esa ¨mirada infantil¨, de dos personas talentosas que se querían poner al frente de esta nave. Después ella se involucró lo justo. Confió, intuyó todo. Nos dejó ser porque sabía que lo que íbamos a hacer era muy bueno y que iba a estar a la altura de lo que ella imaginó. Recuerdo mandarle los guiones, algunos con miedo, porque por ahí se hablaba de temas como la droga, la cárcel en Paraguay, o más ásperos como algún enfrentamiento con su hija; y ella nos devolvía audios que son una delicia: ‘Más, quiero más, quiero más'», destaca mientras resalta el asombro por su puntualidad y predisposición, pues en sus años de experiencia afirma que más de una figura se le ofuscó en un set. 

Fueron 67 días de rodaje, que incluyeron exteriores como el Teatro Astral, el Lola Membrives (donde luego se realizó la premiere), locaciones en Mar del Plata, la calle Corrientes y en su casa, que es -como ella dice- su «Carriló de zona oeste»: «un lugar lleno de pavos reales, que al principio Moria no quería, entonces tuvimos que hacer toda una limpieza», comenta entre risas. «También tuvimos obviamente tensión con las horas extras, cambiar algunas cosas de rodaje a último momento, porque hizo un frío inesperado y teníamos que hacer una jornada en el Tigre con Sofía y no queríamos que el equipo pasara frío, entonces tuvimos que hacer medio una locura para ordenar el plan. Pero todo alineado, como dice Moria, angelado. Hacíamos videollamadas con ella. Obviamente nos quedaron muchas cosas afuera y siempre jugamos con la idea de que esto siga, pero es una biopic muy completa, porque cuenta todo. Y eso lo ves en cómo está la puesta de cámara, lo ves en cómo se vistió ella y todo el equipo: el trabajo que hizo Flor Tellado, en la puesta de Javi con Lucho Badaracco, en el arte, el animal print, las plumas, los detallecitos entre kitsch y oriental, Moma, algo mezclado con identidad total. Sin miedo al ridículo, porque con Moria ‘más es más'», añade, y define las grabaciones como un proceso de trans-e, referencia a la energía queer que se habitaba.

Una personalidad que dejó infinidad de frases que de los clips, pasaron a memes y hasta mashups, que hace años ya se rebautizó como el Obelisco con tetas, ¿cómo se reafirma como ícono de la Argentinidad?

«Está bueno hablar de esa Argentina también en los contenidos audiovisuales, que no sea marginal necesariamente, que sea así de pop. «Moria es nuestra «Matria»; así como Diego Maradona, nos ha dado tantas alegrías. Moria atraviesa una cantidad de décadas de la Argentina brutal. O sea, pasamos por la Dictadura [agregó: cuando el cine atravesaba además una censura brutal a excepción de las películas ultra sexualizadas de Olmedo y Porcel], pasamos por la televisión, luego por esos momentos en que la gente iba a los programas de televisión a hablar de sus problemas, a buscar gente, a decir: ‘Mi marido me está metiendo los cuernos con mi vecina’. Por el Teatro de Revistas, que es algo que Moria ama con toda su alma, entre otras cosas porque le enseñó el rigor: de la puntualidad, de cuidar tus elementos de trabajo como las medias que todavía conserva, de tener la espalda derecha. El celebrar que se tiene trabajo y lo que significa comprarte una casa con el trabajo del arte. Viste que hay una fantasía siempre en relación a la televisión. Lo que significa la relación Moria-Susana, dos mujeres que tomaron sus caminos distintos pero también se cuidaron la espalda muchos años» —sintetiza la productora— «Moria quiere ser inmortal y probablemente vea en esta serie un legado muy hermoso. Me da miedo hablar de esto, yo no soy una persona religiosa, pero sí soy muy espiritual y esotérica, si hubiese misa los domingos de la iglesia de Moria Casán, iría», ratifica entre risas.

«Por más que sea súper cercana y que esté todos los días en la televisión, en la calle, en el teatro, a la vez genera mucho misterio de cómo es adentro, cómo es afuera, y cómo es estar con ella. Mucha gente me dice: «mi sueño sería tener una conversación con ella». Te digo, yo soy siempre consciente del regalo que es que me haya tocado ser testigo, porque es extraordinaria a todo nivel», reflexiona Juampi. «Ella ventila, pero en el mejor de los sentidos. Es abrir una ventana del encierro y de lo que podría pudrirse. Es como dejar la moralina de lado». 

«Me impresiona mi fama», reafirma una Moria que va viendo el impacto que provoca. En la serie, reacciona a la foto filtrada desde la cárcel y al mashup de «Japaleta», pero bien podría ser el audio que se filtró desde el celular de nuestro entrevistado: «Hola, Juampi querido, mi amor adorado 5.15 am (…) mucho chongo como nunca», y que terminó titulando su show.

Juampi Mirabelli en la serie

«Ella sabe que es muy graciosa. Porque sino no podría ser quien es. Era realmente una papa caliente ese audio», se ríe. «Por supuesto no lo quise viralizar, pero lo escuché y le vi el potencial, dije ¨es un manifiesto¨. Pero bueno, ya pasó hace tantos años y ahora solamente la anécdota. En el momento dije ¡Me mato! Y ella enseguida me tranquilizó: ‘No pasa nada’. La gente se lo sabe, aparte tipo Padre Nuestro. Es algo que me hubiese gustado que no sucediese. Fue mi humilde aporte a la cultura nacional, que en realidad yo no hice nada pero de mi celular salió», reconoce carismático.

¿Alguna de tus Morias (Griselda o Cecilia Roth) te pidió algún consejo para interpretarla?

Sí. Y yo me permití decirle, porque yo sé cómo Moria trataba a César: «Griselda, Moria le dice tal cosa así», y enseguida se copaba. Nos divertimos mucho grabando. Es una saeta, es precisa. Yo la vi hacer cosas en el set que no lo puedo creer, el nivel de bestia actoral que es. Y trabajar con Cecilia, fue soñado, le tengo un cariño especial porque además es la protagonista de mi película favorita: «Todo sobre mi madre».

¿En qué detalles viste el nivel de producción, por ejemplo?

Había un entusiasmo de parte de todo el equipo, desde el catering a los chicos de transporte. Es realmente un homenaje lleno de amor que le regala todo este equipo. Un gran regalo para sus 80 años, pero para siempre. Es el estreno del año, sin dudas, como el año pasado fue El Eternauta, y con todo lo que se lo merece, porque es una mujer que le ha dado 50 años de entretenimiento al país y que encima está más vigente que nunca, porque eso es alucinante. En la presentación le dije: «Mo, no entiendo, yo estoy estresadísimo, durmiendo como el orto desde hace cuatro días y para vos todo esto es una rutina». Es una fuerza de la naturaleza. Creo que generó en todos ese entusiasmo. Tengo amigos míos que me pedían: «quiero ir a hacer un cameo así sea de extra en la platea del teatro, si tengo que ser un pajero, soy un pajero».

Y lo comparabas al nivel de “El Eternauta”, porque Moria es esa argentinidad, sin dudas. ¿Cómo sentís que representa un ícono nacional y queer? 

Ella indiscutiblemente es un ícono, pero no desde ahora. Ahora por ahí está hiperpresente por las redes, porque la tenemos en el teléfono todo el tiempo, la llevamos en el bolsillo, pero ella ya era esa estrella ni bien empezó. Ella es la materialización de la fantasía absoluta que puede tener un niño, joven o adulto que está en su casa pasándola mal o no pudiendo terminar de ser quién es, y que al prender la tele se encuentre con su nivel de libertad. Ella nos saca del agujero, nos potencia y nos quiere. Ella quiere a toda su marginalidad [o como ella dice, margenialidad]. Pasa mucho con la cultura queer, que incluso muchos gays hacen uso y abuso… y ni hablar de los heterosexuales, que hacen una apropiación cultural permanente. Ella no hace apropiación cultural porque es la cultura. A mí me representa mucho más Moria que Madonna o Cher. Ella es parte de un mundo que se está apagando.

Un desmoronamiento social y político…

Moria es un sujeto político muy importante. Y fijate cómo ella sin posicionarse porque jamás va a ser peronista, siempre bancó a la gente que tiene interés en que el que tiene menos esté mejor. Me acuerdo, incluso cuando todos nos equivocamos y votamos a Scioli, ella fue la última en irse del búnker. No había quedado nadie, y quedaba ella diciendo: «Bueno, todo divino, le deseo suerte a Macri». 

Y muchas veces eso genera un riesgo, ¿no? Hoy es el miedo a perder seguidores… antes era público.

Yo siempre digo: ella no nos necesita a nosotros porque no es peronista, pero el peronismo la necesita a Moria. En las últimas elecciones, hicimos una manifestación por calle Corrientes con un grupo artístico, con el lema: «Tenga memoria, vote como Moria».

Y cierro: ¿inspiró al primer vedette hombre?

Sí, obviamente, ¿cómo no lo va a inspirar? Por supuesto, obvio. Y no solamente me inspiró, sino que me ayudó a hacerlo. Me dijo:  «Tengo una capa divina de 7 metros que te la puedo dar, pasala a buscar», «después te mando esto» y «tengo unas medias que usé una vez», «Galito, buscale, mandale…». O sea es el level de generosidad.

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