“Taylor es la poeta de nuestro tiempo”

✨ El semiólogo Ariel Gómez Ponce acaba de publicar "Taylor Swift. Versiones de una crítica pop", el primer libro en castellano dedicado íntegramente a la artista. En esta entrevista reflexiona sobre feminismo, cultura digital, comunidades de fans y las contradicciones de una figura que se volvió clave para entender el presente.
13/08/2026

Desde fines de la década de 1970, el teórico cultural Frederic Jameson sostuvo que no existe producto de la cultura de masas que no esconda una utopía o una promesa de futuro. Años después, el semiólogo Ariel Gómez Ponce retoma esa idea para poner bajo la lupa a una de las figuras más influyentes del pop contemporáneo: Taylor Swift.

Taylor Swift. Versiones de una crítica pop (Prometeo Editorial) es el primer libro publicado en castellano y dedicado íntegramente a la cantante. Recién editado, el volúmen reúne once ensayos de diferentes autores que analizan la obra de Swift como un fenómeno cultural atravesado por el feminismo, la política, la industria musical y las transformaciones de la cultura digital.

Lejos de reducirla a una estrella del entretenimiento, el libro propone leer a Swift como un síntoma de época. Su disputa por recuperar los derechos sobre su propia música, la construcción de una comunidad global de fans y la dimensión política que fue adquiriendo su figura, convierten a la artista en mucho más que una compositora de éxitos.

En Argentina, las tres noches que agotó el estadio de River Plate durante The Eras Tour confirmaron una convocatoria inédita. Pero el fenómeno swiftie excedió los recitales: grupos de fans construyeron comunidades digitales y se posicionaron activamente en el debate público durante el balotaje presidencial de 2023, apoyando a Sergio Massa y manifestando su rechazo a los discursos de extrema derecha.

Para profundizar en el tema, El Grito del Sur conversó con Ariel Gómez Ponce, Doctor en Semiótica, investigador del CONICET, docente de la Universidad Nacional de Córdoba y conductor del proyecto comunicacional Laboratorio Pop, sobre los desafíos de pensar a Taylor Swift desde la academia.

¿Por qué elegir a Taylor Swift como objeto de análisis y no a otra figura del pop contemporáneo? 

A Taylor no la elegí yo, la eligió el pueblo. Según un relevamiento que hicimos en la Universidad de Córdoba, en base a una población de 180 mil estudiantes, una de cada cinco personas la considera un ícono cultural, compartiendo el podio junto a Lionel Messi y Lali. Ante esos números, y con un equipo de investigación formado por muchas swifties -me incluyo-, organizamos unas jornadas de investigación que se materializaron en este libro. Sentimos que ameritaba pensar a Taylor en clave local. Siempre se considera que los objetos de consumo, especialmente si son foráneos, no son parte de nuestra cultura. Nosotros creemos que, de un tiempo a esta parte, especialmente para los que se han criado con un teléfono en la mano, Taylor es cultura.

Muchas críticas señalan que su feminismo es blanco, heterosexual y de clase media. ¿Cómo dialoga el libro con esas observaciones? 

Sí, efectivamente es un feminismo blanco, heterosexual, de clase media con una gran marca anglosajona y norteamericana, que no es menor, porque es un feminismo rápidamente mercantilizable. Más allá de las críticas que uno pueda señalar, el objetivo del libro es identificar sus contradicciones, para que seguidores, público en general, críticos o curiosos puedan ver lo que se va construyendo en torno a una figura.

Yo insisto con la idea de que, más allá de lo que los artistas quieran decir o hacer, hay ciertas condiciones de recepción y cierta cuestión activa en los consumos de masas que permite que los sujetos hagan más cosas de las que los artistas prevén.

En el momento que vino a la Argentina generó un gran revuelo ya que, en plena campaña por el balotaje, se posicionó en contra de Milei. ¿Cómo entendés este fenómeno? ¿Crees que hubo repercusiones?

No sé si hubo consecuencias directas o influencia en el caudal de voto. Sin embargo, visibilizó que -alrededor de ciertos consumos- una comunidad que si bien no se identifica con los partidos tradicionales, puede compartir ciertas ideas políticas. Cuando surgió la consigna “swifty no vota a Milei”, tenía que ver con que todo ese conglomerado de consumos no iba acorde a las ideas en contra de los derechos humanos. 

Eso nos hace pensar algo de lo que en general el progresismo reniega y es que la cultura pop tiene un componente político. Desde su surgimiento, la cultura pop es refugio para feminidades y disidencias sexuales. Los gays hemos encontrado en las divas un refugio, hemos formado una comunidad en torno a cantantes y películas de culto. Siempre el pop va a tener algo político, no en cuanto a militancias partidistas sino en estas comunidades que se agrupan con consignas comunes.

¿Cómo dialoga Taylor Swift con los feminismos actuales? ¿Hay tensiones entre su discurso de empoderamiento y su posición dentro de la industria? 

Hay una tensión en eso, pero también es cierto que Taylor permitió a una generación sentirse identificada con el feminismo a través de cuestiones que pueden parecer un poco banales, como fragmentos de una canción, un videoclip o una frase. Uno puede creer que son productos que la industria está usando para vender, pero también diseminan esas ideas a nivel global generando un sentido. Es muy difícil pensar los objetos de la cultura de masas como blanco y negro. Hay que tratar de pensar en las contradicciones. Son esas contradicciones, que conviven muy bien, lo que las hacen interesantes. 

¿Puede su pelea por recuperar los derechos de sus grabaciones leerse como una reivindicación feminista? 

Me parece que sí porque corona toda la lucha que ha sostenido, desde el momento en que pierde todo, hasta lo que ha hecho con cada una de esas versiones, los guiños que ha establecido, los mensajes que ha mandado. Es importante esta conquista porque históricamente las mujeres han sido las primeras en ser cosificadas por la cultura de masas: en los teatros de revista, las manifestaciones artísticas, los espectáculos de Broadway. El nacimiento de la cultura pop está basado en la explotación y la cosificación de la mujer.  

También es cierto que las mujeres del pop han sido mujeres fuertes, como Madonna que siempre ha reivindicado a las minorías, disidencia y feminismos. Ha sido una pionera en eso.

En el libro, los autores exploran en profundidad la definición del amor para Taylor. ¿Podrías hablarme de esto?

Para mí Taylor es la poeta de este tiempo. Creo que ha logrado canalizar muchos de los grandes motivos de las tradiciones románticas y literarias que han forjado nuestro imaginario sobre el amor y sobre la poesía. La imagen del poeta torturado que logró es una estrategia de mercado impresionante. Logró combinar, mezclar y aggiornar motivos de larga tradición, que han marcado un modo de percibir el amor, mezclándolo con los grandes motivos hollywoodenses y con algunas consignas feministas. 

Ha generado algo que está muy perdido culturalmente y es la revalidación del lenguaje. El uso de las metáforas y de expresiones, el hecho de que una piba de 11 o 12 años se detenga a pensar qué significan las palabras que está utilizando la cantante que sigue y valore esas palabras como si fueran un poema, para mí es una de las cosas más valiosas que tiene. En ese sentido, el amor ocupa, por supuesto, un lugar primordial, porque atraviesa su obra desde principio a fin y uno puede ver incluso evoluciones.

Por último, ¿qué nos permite entender Taylor Swift sobre nuestra época?

Me parece que permite entender una coyuntura de cambio, donde se están volteando algunos mandatos tradicionales y se están aceptando otros consensos novedosos, como el feminismo y la lucha de las disidencias. También muestra, y creo que es lo más importante, que el pop, ese género bastardeado y menospreciado desde tiempos inmemoriales, tiene la potencia de volverse representativo de una época y una juventud. Demuestra que el pop tiene larga vida como lenguaje cultural.

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