En la Argentina se vive un momento complicado en términos de salud sexual. Los casos de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) subieron, especialmente aquellos de sífilis que tuvieron un incremento de más del 40% en lo que va del año según el Boletín Epidemiológico Nacional. En paralelo, los discursos anti-ESI proliferan y son propiciados desde el propio gobierno nacional. El servicio público respecto a la salud sexual no se cumple como debería, en cuanto a la entrega de preservativos, y los consumos culturales orientados a los jóvenes romantizan la falta del cuidado sexual. Bajo este complejo panorama que favorece la desinformación, un tema fundamental queda marginado: el VPH.
El Virus del Papiloma Humano es una infección de transmisión sexual que puede afectar la piel, la zona de la boca, la zona genital o anal. Existen más de 200 tipos de virus y pueden dividirse en dos grupos: de bajo riesgo, que se relacionan con las lesiones benignas, como las verrugas; y de alto riesgo, que pueden llegar a provocar la alteración de las células generando lesiones precancerosas, las cuales pueden evolucionar y convertirse en un cáncer. El VPH genital se transmite de una persona a otra, independientemente de su sexo, a través del contacto piel con piel en las relaciones sexuales. La Fundación Huésped estimó que cuatro de cada cinco personas contraerán uno o varios tipos de VPH en algún momento de sus vidas.
“Lo que se observa es que sigue circulando el virus en mujeres, pero también en hombres, en pene y en ano”, señaló Leandro Cahn, Director Ejecutivo de Fundación Huésped, a El Grito del Sur. Y agregó: “mientras países como Australia han eliminado prácticamente la circulación del virus, y por ende las consecuencias de un eventual desarrollo a cáncer, en Argentina todavía estamos en una situación subóptima”.
En este sentido, surge la incógnita de cuál es el quid de la cuestión en la problemática de la salud sexual. Pablo José Gómez Cicilia, médico urólogo especialista en medicina sexual del Hospital Durand, expresó que uno de los motivos es que a veces se considera que muchas infecciones de transmisión sexual pertenecen a otro tiempo. Cahn retomó la misma idea y sostiene que las nuevas generaciones no ven al VIH como un tema prioritario para su salud. Siguiendo esta misma línea, explicó: “el resto de las infecciones de transmisión sexual ya eran más ocultas. A veces se escucha hablar de la sífilis como si fuera una nueva infección de transmisión sexual y tiene más de 500 años. Hace poco se viralizó una chica que tenía un chancro por sífilis en la boca y el propio equipo médico le estudió un montón de cosas antes de hacer un test de sífilis, tratar el chancro y curarla con penicilina”.
En el primer semestre de este año, el Gobierno hizo entrega de apenas el 23% de los preservativos que tenía previsto distribuir como parte del programa de Desarrollo de la Salud Sexual y la Procreación Responsable (Ley 25.673). Cahn opinó sobre la falta de atención ante temas de salud sexual: “El desfinanciamiento, el ataque a la ESI, la no entrega gratuita de preservativos y la falta de campañas de vacunación son un combo explosivo que hace que veamos con preocupación cómo crecen todas las infecciones de transmisión sexual”. “Los temas vinculados a la comunicación de la salud y al cuidado de la salud en general, están bastante ausentes de los medios. La responsabilidad mayor siempre le cabe a quien tiene que generar la rectoría en salud pública, que es el Ministerio de Salud de la Nación”, agregó.
Según la OMS, en el 90% de los casos de VPH, el sistema inmunitario elimina por sí solo la infección. No obstante, si ésta persiste puede causar cáncer cervicouterino y está también asociada a cánceres de vulva, vagina, boca/garganta, pene y ano. En Argentina se introdujo en el año 2011 como parte del Calendario Nacional de Vacunación la vacuna contra el VPH para niñas, pero en 2017 se amplió para todos los varones de 11 años. Al respecto, Gómez Cicilia comentó a este medio que la información sobre esta vacuna no circula demasiado, “en la población masculina es poca la consulta por ese tema en particular, hay quienes la conocen y la piden, cuyo nombre es Gardasil 9”. “De la mano de la gran desinformación, también viene esto: la mayoría de la gente no sabe que hay una vacuna. Es más, la mayoría de las mujeres no sabe que se la pusieron, porque estaba incluida en el calendario”, planteó.
En una época en que internet y las redes sociales deberían facilitar el acceso a información fidedigna sobre la salud pareciera que, paradójicamente, sucede todo lo contrario. Sissi Caterina Tenner es psicóloga y se especializó en sexología en la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH) y adjudicó a esta época la característica de la sobreinformación: “Internet democratizó enormemente el acceso al conocimiento, pero también produjo una circulación masiva de contenidos sin ningún tipo de mediación profesional”. Además, expresó que “el desafío ya no es solamente ‘informar’ sino desarrollar alfabetización en salud sexual: enseñar a las personas a reconocer fuentes, formular preguntas, identificar evidencia y consultar profesionales cuando sea necesario”.
A esta situación se suman las producciones culturales para jóvenes y adolescentes que romantizan las prácticas sexuales poco seguras, llamadas relaciones sexuales “a pelo”. Al respecto, Tenner resalta el poder de estas producciones para construir imaginarios. “Cuando el sexo sin protección aparece asociado sistemáticamente con espontaneidad, intensidad, confianza o placer, mientras que el cuidado aparece representado como algo que interrumpe la escena erótica, estamos transmitiendo una determinada idea de sexualidad”, dijo.

Asimismo, en Argentina circulan discursos anti-ESI que llegan desde las esferas gubernamentales. Clara Muzzio, vicejefa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, caracterizó a la ESI como una “trampa mortal” y declaró que transmite “ideas monstruosas”, aludiendo a lo que muchos denominan erróneamente como “ideología de género”. Respecto a estos discursos, Gómez Cicilia remarca haber participado en charlas de ESI en escuelas del conurbano y subraya la importancia de informar a las niñas que serán vacunadas sobre qué es el VPH. Por su parte, Tenner advierte los peligros de la falta de información sobre salud sexual y cómo propicia el “dejar a las personas más expuestas a construir sus referencias a partir de internet, de sus pares, de la pornografía o de discursos que no necesariamente tienen fundamento científico”.
Por último, otro tema relegado sobre la salud sexual es el método de barrera conocido como campo de látex. Al no conseguirse en Argentina, este método debe construirse cortando en forma de rectángulo un preservativo para pene con el fin de practicar sexo oral en la vagina o en el ano, o en el caso de frotar genitales. Gómez Cicilia indica que el paso del tiempo indicará si el uso de este método tiene éxito o no, pero lo considera un gran avance. Desde otra óptica, Tenner lo nombra como una de las grandes deudas de la educación sexual: “seguimos enseñando, muchas veces, la prevención desde un modelo heterosexual y reproductivo”. También explicó que la prevención más difundida pareciera estar pensada para relaciones con penetración pene-vagina y que cuando se habla de sexualidad entre personas con vulva “se instala la idea de que ‘no hay riesgo’”.
¿Qué hacer frente a este escenario complejo de desinformación respecto a la salud sexual? Gómez Cicilia sostiene que la educación debe comenzar en las escuelas con la ESI y que la sexualidad sigue siendo un tema tabú en la sociedad. Por ello, para que deje de serlo, cree que el tema debe ser normalizado y debe haber claridad al utilizar términos científicos sin “esterilizar” la información. Cahn propuso “fortalecer las campañas de información en distintos medios y garantizar el acceso gratuito a herramientas de cuidado, por ejemplo, los preservativos”. Tenner expresó la necesidad de cambiar la forma en que hablamos del cuidado y la importancia de que se relacione con el erotismo: “me interesa construir una sexualidad habitada desde la ternura, el diálogo, el pensamiento crítico y el encuentro entre los cuerpos”. “Si solamente decimos ‘cuidate porque sino te podés enfermar’, construimos una sexualidad basada en el miedo. El objetivo debería ser que el cuidado pueda formar parte del placer, del consentimiento y de la autonomía”, concluyó.






