«Los amigos se volvieron un elemento importante en la red de las personas mayores»

👨‍🦳 Ricardo Iacub es psicólogo, Doctor en Psicología y uno de los principales especialistas argentinos en psicología del envejecimiento y gerontología. El Grito del Sur fue a buscarlo para hablar sobre el envejecimiento, la soledad, la sexualidad en la vejez y la posibilidad de envejecer en comunidad.
08/09/2026

Hay un momento de la vida en el que la casa parece hacerse más grande. No porque cambien los ambientes, sino porque ya no hay nadie que pregunte cómo estuvo el día, que te llame gritando desde otra habitación o que te espere con un plato de comida caliente.

Para muchas personas, envejecer puede significar convivir con esas ausencias: hijos que se fueron, parejas que murieron, amistades que quedaron atrás, rutinas que dejaron de existir. La soledad no siempre es estar físicamente solo. A veces es tener a quién llamar y no encontrar con quién compartir lo que te importa.

El aumento de la expectativa de vida en el mundo convive con una paradoja: mientras las personas mayores tienen cada vez más años por delante, no siempre cuentan con redes capaces de acompañarlas durante ese tiempo. 

La soledad se convirtió así en uno de los grandes desafíos de la vejez. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2021), entre el 25% y el 32% de las personas mayores de América Latina experimentan sentimientos de soledad, mientras que se estima que una de cada cuatro vive en situación de aislamiento social.

Pero, ¿qué sucede cuando envejecemos y nos quedamos solos? ¿Cómo nos mira la sociedad? ¿Cómo nos miramos a nosotros mismos? ¿Qué sucede con el deseo, el apego y la construcción de redes? 

Ricardo Iacub es psicólogo, Doctor en Psicología y uno de los principales especialistas argentinos en psicología del envejecimiento y gerontología. Actualmente es profesor titular de la cátedra Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la UBA y director del Posgrado de Psicogerontología, además de dirigir prácticas de investigación y profesionales vinculadas con el envejecimiento.

El Grito del Sur fue a buscarlo para hablar sobre el envejecimiento, la soledad, la sexualidad en la vejez y la posibilidad de envejecer en comunidad.

¿Qué significa hoy envejecer en una sociedad que vive la vejez como algo que hay que combatir?

La vejez es, en gran medida, una construcción social a partir de la cual uno va viviendo un fenómeno social. El envejecimiento no es solamente propio, sino que está marcado por representaciones que van mutando. Tenemos representaciones negativas pero también existe un envejecimiento más activo, con más proyectos y posibilidades. 

Podemos decir que actualmente hay una mirada más positiva de la vejez, por más que también haya un fuerte viejismo -o lo que algunos llaman edadismo- . Son tendencias que están coexistiendo: una mirada negativa que imposibilita, pero al mismo tiempo que exige y que en algún punto se vuelve extremadamente demandante para personas mayores.

¿Qué cambió en la experiencia de envejecer respecto de generaciones anteriores?

En un momento, a cada edad le correspondía una actividad, un rol social, una vestimenta, una actitud. Actualmente, se borraron ciertas diferencias, es decir, hoy vemos que las personas mayores se visten prácticamente igual que las personas más jóvenes. Ya no hay roles tan definidos, más allá de que todavía está la jubilación. Incluso hay muchas personas mayores con actividades que no están asociadas a los viejos roles. Pasamos de una época muy controlada y vigilada a una donde las posibilidades son mucho más abiertas, donde hay más libertad.

¿Por qué la soledad se convirtió en uno de los grandes problemas asociados a la vejez?

En alguna medida, la soledad es parte de una elección que tiene que ver con vivir de manera más individual. Estamos hablando mucho de la soledad, pero al mismo tiempo cada vez hay más gente que elige vivir sola, no solo los viejos, sino también la gente joven. De hecho, los promedios de edad de la gente que vive en Buenos Aires son muy parecidos a los de Europa y la tendencia es creciente.

Lo que quizás no elige son los periodos muy prolongados, ya sea de aislamiento o de sentirse en soledad. Entonces la soledad, en alguna medida, está relacionada con una ética de nuestro tiempo de ser lo más auténtico posible, más libre. Por eso ya no queremos muchos de los contratos familiares de mediados del siglo XX. Todo esto se va liberalizando y en alguna medida deja como resto un monto de soledad. Obviamente, la soledad después tiene otras razones. Creo que para mí el término es “aislamiento”, que es una palabra mucho más clara. El aislamiento es estar efectivamente solo, no tener gente alrededor durante mucho tiempo.

¿Por eso muchos están buscando compañía? En el sentido de vivir en comunidad.

En los momentos de mayor riqueza la gente tiende a vivir más sola, cuando hay más pobreza la gente se junta. Pero también podemos ver que hay culturas que viven juntas porque tienen un enlace comunitario muy fuerte. La amistad en alguna medida vino en reemplazo de una familia que, en algún sentido, le dio un marco en el mundo a los viejos. En las décadas de 1980 y 1990, era muy difícil explicarle a un viejo por qué tenía que ir a un grupo de mayores. Porque ellos te decían: «¿Por qué tengo que estar con mayores? ¿Cuál es la lógica?”. Había una idea de que el viejo estaba con la familia, el grupo eran los familiares, entonces podía tener amigos obviamente de toda la vida, pero el verdadero grupo es la familia.

En ese sentido, ¿los amigos transforman un poco la realidad?

Cuando la familia dejó de contener desde este lugar, ya sea porque la mujer salió a laburar o porque hay una mayor libertad de elección en cómo cada uno diseña su vida, los amigos y especialmente los coetáneos, con los que se comparte más tiempo, se volvieron un elemento muy importante para consolidar la red que necesitan las personas mayores. Los amigos toman una relevancia importante en todas las edades.

¿Y las personas que eligen vivir en comunidad? Pienso en instituciones como los cohousing, que cada vez están más en boga. ¿La búsqueda de pares es una forma de recuperar la autonomía?

De alguna manera, el cohousing es un reemplazo de la estructura familiar, pero al mismo tiempo es el reemplazo de una estructura muy individualista, que justamente deja mucha soledad como el resto. Se intenta recuperar una especie de comunitarismo a la vieja usanza, un poco como los kibbutzim en Israel o como tantas estructuras en las cuales la gente intenta recuperar esa sustancia comunitaria que no te va a dejar solo.

Al mismo tiempo, cuesta mucho armar el cohousing porque significa ceder ciertas libertades. También hay un sueño que contrarresta la idea del geriátrico, que es el lugar de la necesidad y de la obligación de llegar por el déficit. El cohousing es elegirse y poder vivir lo que se pueda vivir juntos, porque también tiene un problema: ante situaciones de mucha dependencia, no tiene la estructura para poder acompañar a la gente.

Por último, ¿por qué es tan difícil todavía hablar de la sexualidad en la vejez?

Hay un fuerte arraigo cultural, por lo menos occidental, que se manifiesta de diferentes formas en distintas sociedades. Por ejemplo, en el judaísmo no hay ninguna restricción frente a la sexualidad en la vejez. De hecho, el primer judío supuestamente nace de dos viejos porque se celebra la sabiduría. El cuerpo no tiene el mismo peso que en el sujeto griego.

En Grecia, posteriormente en Roma y en gran medida en toda nuestra cultura, lo que se celebra es el cuerpo de la juventud. Y, en este punto, la vejez encuentra un lugar particularmente negativo. Los griegos tenían un pensamiento muy polar, es decir, la juventud es lo contrario de la vejez y no una continuidad, como en otros momentos históricos. Buscaban los opuestos, donde en la juventud se celebraba la vida, el nacimiento, la reproducción y la vejez se asociaba directamente con la muerte. Bajo el cristianismo está representada en la idea de que el alma es joven y el cuerpo es viejo. En realidad también hay algo que todavía nos rechaza del cuerpo de los viejos, que es la fealdad.

¿Cómo es eso?

Es decir, todo nuestro constructo acerca de la belleza, de los modelos estéticos, aparece en relación a la juventud de la manera griega. Todavía nos impresiona el cuerpo y por eso creo que una de las labores más revolucionarias que podemos hacer es mostrar cuerpos de viejos de nuevo en situaciones eróticas, en situaciones lindas, porque tenemos que acostumbrar nuestra mirada a reconocer que también ahí aparece la belleza.

Cuando el cuerpo se asemeja a lo que tenemos estereotipado como vejez, algo nos molesta. No sabemos decirlo, porque quizás somos progresistas en un montón de cosas, pero cuando lo vemos nos impacta. Por otro lado, se pone en juego la posibilidad de que la sexualidad no tenga que ver con la reproducción. Por último, toda una mirada muy medicalizada de pensar el cuerpo de los viejos como un cuerpo enfermo.

Cuando uno es viejo suele estar más enfermo o con alguna discapacidad, por lo cual aparece un pragmatismo sanitario, que significa que todo lo que importa es que esté sano. La sexualidad puede quedar para otra vida. Entonces creo que justamente en un momento donde puede haber dolor, puede haber un sufrimiento, la sexualidad podría ser un buen encuentro con el disfrute y sin embargo no lo vemos del todo así.

Tenemos que desmontar muchos siglos de historia para poder cambiar esto, pero creo que hay un movimiento bastante fuerte y personajes muy interesantes que se muestran sexualmente vigentes, más allá de cuántas relaciones tengan, porque hoy la sexualidad no se define por el coito y mucho menos en la vejez, donde se vuelve multidimensional.

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