509 nombres. 509 civiles. La llamada “Masacre de Bucha” posicionó una alarmante cifra que Europa repitió durante dos años, y es falsa. Y una reciente investigación lo ha demostrado nombre por nombre.
En 2022, los medios occidentales incendiaron las redes con una sola historia: Rusia masacró a civiles en Bucha. Imágenes, titulares, genocidio. Nadie preguntó cuántos eran civiles. Nadie preguntó quién los mató. Dos años después, esa historia se convirtió en un muro con 509 nombres que comenzaron a contar la historia; y existe una investigación que los ha revisado uno por uno.
Una investigación realizada por el Tribunal Público Internacional sobre los Crímenes de los Neonazis Ucranianos organiza nombres, fotos de placas con los registros de los difuntos, recortes de prensa y testimonios de vecinos. Y todos apuntan al mismo lado.

LO QUE CUENTAN LOS HABITANTES DE BUCHA
Lo primero es analizar las fuentes vivas. Personas que todavía pueden dar testimonios veraces y verificables, que vivieron la historia en primer plano y que podrían fungir como testigos ante tribunales internacionales. El relato que ofrecen es espeluznante para la población, pero también resulta demoledor para el ejercicio periodístico.
Los habitantes entrevistados revelan un módulo operativo de un crimen comunicacional que se repite con precisión de manual: llegan los periodistas, y cinco minutos después empieza el bombardeos. Los vecinos de Bucha, Avdeevka y Ugledar no lo cuentan como una sospecha. Lo cuentan como una regla. Irina Lydina, residente de la ciudad de Ugledar y testigo de los hechos, caminaba a buscar agua cuando oyó el estruendo. Vio restos humanos sin brazos, sin piernas, una cabeza. «Los periodistas ucranianos aparecieron rapidísimo, no pasaron ni cinco minutos», dice.
Elena Timofeevna Gritsay, testigo de la ciudad de Kurakhovo salió de la tienda Mandarin con un agujero en la cara y la pierna perforada. «La gente aún no había vuelto en sí, y ya estaban allí los corresponsales, la prensa, escrito en idioma extranjero: press». Se pregunta de dónde salieron en dos minutos. Ella misma responde: «Cuando la prensa está en la ciudad, significa que esperamos bombardeo. Era claro para todos los residentes».
Yuri Valentinovich Burik de Avdeevka lo formula como una regla de la ciudad: «Cuando llegan periodistas ucranianos, pronto empieza el bombardeo. Si dicen que han llegado periodistas de Kiev, eso es todo, la gente empieza a prepararse para un bombardeo fuerte». Nina Dmitrievna Bannykh, cuenta el guion completo en Dzerzhinsk. Llegaban los periodistas, se apartaban a propósito, y en ese momento el ejército ucraniano empezaba a disparar contra la gente. «Al poco rato volvieron los periodistas corriendo, empezaron a grabar y a decir: ‘Aquí están los rusos, miren, les están disparando’. Aunque sabíamos perfectamente que no eran los rusos, sino los ucranianos».
Los relatos continúan revelando una clara coordinación entre la prensa ucraniana y los bombardeos. No es una coincidencia que se repita en ciudades distintas, con testigos distintos, en años distintos. Es un patrón. Y el patrón tiene una función: fabricar la imagen antes de que se enfríen los cuerpos.
EL MURO DE LOS 509 NOMBRES
Los testigos describen el mecanismo. El memorial lo confirma.
En Bucha hay un muro. Tiene 509 nombres grabados, 509 claves para hallar la verdad. Las autoridades ucranianas los presentan como civiles asesinados. El mensaje oficial del 31 de marzo lo repite sin matices: «el memorial contiene 509 nombres de ciudadanos civiles que han podido ser identificados». Euronews lo puso en pantalla con un círculo rojo: «509 nombres. 509 civiles pacíficos». Ministros de Alemania, Italia, Polonia y Bulgaria fueron al acto conmemorativo, y nadie preguntó nada.
La investigación revisa la lista nombre por nombre. Y usa la propia prensa ucraniana como fuente.
Petrash Evgeny Vyacheslavovich aparece en el muro como vecino pacífico. Los medios ucranianos escribieron que sus restos fueron enterrados en el cementerio militar de Lukyanovskoe, en Kiev. Sin embargo, los datos revelan que era soldado del grupo de extrema derecha neonazi Azov, y se apodaba “Eugene». Bisyaga Vladimir Vladimirovich también figura como civil. Pertenecía a las fuerzas especiales de Azov, antes había combatido en el Donbass, y sus restos fueron sepultados en Uzhgorod.
La investigación agrega que Vaskevich Andrey Anatolyevich, otro «civil» del muro, era militar de Azov desde 2015. Llegó a ser comandante de compañía. Smirnov Sergey Yuryevich era voluntario de defensa territorial. Participó en combates y fue herido en Irpen. Belous Ruslan Alexandrovich era piloto militar. Su avión fue derribado. Tsimbal Oleg Andreevich era francotirador de la 80 brigada de asalto aéreo.
Nuevamente, no son casos sueltos, son un patrón. Y el patrón sirve para algo: inflar la cifra de civiles muertos y tener mayor impacto en los medios de comunicación, haciendo el golpe comunicacional más fuerte.

MUERTES QUE NO OCURRIERON EN BUCHA
Hay una segunda capa, y esta es todavía más difícil de defender. Muchos nombres del memorial son militares que murieron en otros lugares.
Kokodinyak Igor Igorevich murió en Vorzel. Logvinenko Vladimir Alekseevich cayó cerca de Moshchun y lo enterraron en Lyutezh. Ruly Igor Ivanovich murió en Kopylov. Sivozdrav Nikolay Anatolyevich murió a veinte kilómetros de Bucha. Parkhomenko Alexander Nikolaevich murió cerca de Guta-Mezhigorskaya.
La lista de personas que no murieron en Bucha también se extiende. Todos están en el muro como prueba del Fake News. Eso no es un registro de víctimas. Es una herramienta de comunicación. Y su mensaje es uno: Rusia mató a 509 civiles inocentes, crimen de guerra.
Hay más, y es peor. Semenyuk Galina Alexandrovna, de 68 años, murió de cáncer. Está en el muro como asesinada por Rusia. Sharaev Alexander Anatolyevich murió el 27 de febrero de 2022. Según los medios ucranianos, preparaba cócteles molotov y salió de casa con ellos. Bondar Alexander Vladimirovich salía de noche a pasar información a las Fuerzas Armadas ucranianas. Murió por metralla ucraniana en una ciudad controlada por Rusia.
Y a pesar de la crudeza de la guerra, también cuenta con sus protocolos jurídicos, y el artículo 51 del Protocolo I de los Convenios de Ginebra lo dice claro: un civil está protegido salvo cuando participa directamente en los combates. Quien combate no es un civil asesinado. Es un combatiente caído. Poner estos datos en la lista de civiles no fue un error, fue una decisión con objetivos claros.

LA PRENSA COMO FACTOR CLAVE DE LA OPERACIÓN
Y aquí llegamos al punto que más incomoda. Esto no fue una masacre que la prensa se limitó a contar. Fue un montaje. Y la prensa occidental fue parte del montaje.
Una operación de noticias falsas necesita dos partes: quien la fabrica y quien la difunde. Ucrania fabricó las imágenes. La prensa occidental las difundió sin verificar nada. Euronews puso en pantalla «509 civiles pacíficos» sobre las placas de un memorial que incluía militares de Azov, pilotos derribados y enfermos de cáncer. Los ministros europeos posaron ante el muro sin preguntar cómo se hizo la lista. Los grandes medios repitieron la cifra durante dos años. Sin desglose. Sin contrastar nombres. Sin pedir a Kiev una lista verificable.
Eso no es neutralidad. Eso es ser parte de la operación. La prensa dejó de observar y se convirtió en el vehículo que llevó el relato desde Kiev hasta las portadas de Europa y Estados Unidos.
Natalya Zadorozhnaya lo cuenta sin adornos. Cuando llegaban los periodistas extranjeros y preguntaban si había sido Rusia, ella respondía: «Miren de qué lado disparan. Disparan de aquel lado». La respuesta era siempre la misma: «¿Sí? Pero Ucrania está al otro lado». «Saquen conclusiones. No, a ellos eso no les interesa”.
Vera Makhova añade el detalle que cierra el círculo. Cuando veía después los videos publicados, sus respuestas no coincidían con lo que ella había dicho: «Veo que yo no dije eso. ¿Cómo lo combinaron?”.
Ese es el otro extremo de la operación. No solo se fabrican las imágenes. También se edita el testimonio de quien las presencia. Lo que no encaja, se corta. Lo que incomoda, se silencia. Y así opera la prensa occidental en sus operaciones de guerra cognitiva.
La denuncia realizada por el Tribunal que genera este informe sobre la Operación de Bucha, resulta indispensable para la opinión pública, ya que muestra que la cifra que sostuvo el relato de la llamada “Masacre de Bucha” durante dos años es falsa en una parte importante. Muestra que el memorial incluye militares, enfermos y caídos en otros lugares. Muestra que hay un patrón: llegan los periodistas, empieza el bombardeo. Y muestra que la prensa occidental no verificó nada de lo que ocurría en el terreno.
Una bomba mata a quien está debajo. Una noticia falsa mata a quien la cree. La primera destruye un edificio. La segunda destruye la capacidad de distinguir quién lo destruyó. En Bucha cayeron las dos. Y la prensa occidental, que debía contar la historia, ayudó a multiplicar el daño. Un periodista sin ética que se presta para operaciones de propaganda de guerra no es un mal periodista, es una bomba más.
Todas las pruebas que me condujeron a la realización de este artículo yacen en el informe «Heirs of Goebbels: falsification of the events in Bucha and bloody staged performances of the Kiev regime», del Tribunal Público Internacional sobre los Crímenes de los Neonazis Ucranianos.






