Muchas veces, cuando pensamos en religiosidad o creencias, lo vinculamos a palabras inmateriales: alma, espíritu, fuerza vital. Sin embargo, en ocasión de la Peregrinación Juvenil a Luján, parece que la religión es un asunto también corporal.
Este año tendrá lugar la 52° edición de la Peregrinación Juvenil a Luján, que ha llegado a reunir dos millones de personas luego de la elección del entonces Cardenal Bergoglio como Papa Francisco y que ha tenido lugar ininterrumpidamente desde 1975.
Los 60 kilómetros de peregrinación desde Buenos Aires se cubren en aproximadamente 16 horas en promedio, aunque -quienes no puedan caminar esa distancia- pueden sumarse en cualquier punto del recorrido. Una caminata de esa índole supone que el cuerpo se ofrece: la idea de sacrificio, incluso de padecer, se integra en un sentido festivo, se resignifica. Lo que cuesta, vale. Lo que se ofrece a la Virgen, vale.
El cuerpo que sufre y el cuerpo que celebra son el mismo cuerpo: al decir de la CELAM, organismo que reúne a los obispos de toda América Latina, las peregrinaciones latinoamericanas son expresiones “penitentes y gozosas” caracterizadas por las multitudes espontáneas como “signos de universalidad”.
Y acá podemos entender uno de los primeros puntos referidos a Luján. La peregrinación es una inclusión radical donde la experiencia colectiva se palpa y se justifica a sí misma en su masividad: hay un sujeto colectivo, un pueblo que clama y agradece. Volveremos a esto.
Blas es docente de Educación Física y feligrés de la parroquia de la Candelaria. Colabora con la organización de la propia parroquia, junto a su hermana, su cuñado y otros familiares. Antes lo habían hecho sus padres. Sus razones para caminar a Luján son “fundamentalmente por fe”. Su relato familiar evoca una situación en la que, junto a su hermana, “se empezó a escuchar el nombre de mi otra hermana que falleció”. La familia como piedra angular de su fe se amalgama con sensaciones devocionales y con expresiones de estupefacción: “cada uno tiene que hacer su experiencia [de la peregrinación], es algo zarpado”.
El caso de Blas no es aislado. La propia peregrinación tuvo su origen en los grupos juveniles que, más allá de las institucionalidades ya conformadas como Acción Católica, comenzaron a congregarse en las parroquias. Casi de manera informal, esos primeros jóvenes tomaron la idea de peregrinación a Luján de expresiones anteriores y le dieron un marcado sentido juvenil que su nombre actual todavía recuerda. El Cardenal Caggiano y la Curia declaraban, en ese momento, que no tenían conocimiento de la iniciativa.

“Éramos unos 50 mil que caminábamos por la derecha de la vieja avenida, mientras que a la izquierda todavía pasaban los autos”, nos cuenta Eduardo Barrantes, peregrino de esa primera caminata en 1975. Su hermano Claudio vira la mirada e interpreta esas primeras peregrinaciones como un “grito silencioso”: “esos jóvenes se daban cuenta de lo que pasaba en el país, querían visualizar lo que pasaba con los militares; de hecho, los empiezan a investigar”. Prosigue articulando un concepto que nos lleva a pensar Luján nuevamente: “Luján era la Patria en Argentina, había que hacer algo por la Patria”.
Retomamos entonces donde habíamos dejado. La Virgen de Luján representa la Patria para el pueblo creyente, es la Matria. La argentinidad, si es que existe, engarza nación, pueblo y fe y el lugar privilegiado de emergencia de esto es la Peregrinación.
Federico Rudi, secretario general de Juventud Peronista de CABA, aborda una dimensión de agradecimiento, que articula con la militancia: “empezamos a organizar la peregrinación para agradecer por la vida de Cristina, después de su intento de magnicidio, en 2022”. Retoma el espíritu juvenil inicial de base: “nuestro vínculo es con las parroquias de nuestros barrios, en lo territorial… el peronismo junto con el cristianismo son las dos grandes corrientes de pensamiento que llevan como bandera la justicia social”.
Lo popular está presente en varios sentidos: en la propia organización de la Peregrinación, en las familias, sindicatos, parroquias y espacios políticos que articulan y organizan a los peregrinos; en la masividad del Pueblo que toma la calle, escenario de todas las causas justas, en la idea de Patria y Matria que se presentan como inseparables, como experiencia trascendental.
Luján es, al parecer, el corazón de un mundo sin corazón donde Fe, Pueblo y Nación sólo se separan en las preclaras mentes de los ilusos creyentes de la racionalidad moderna.






