Ser madre, un dilema: el deseo de maternar y la espera en tiempos de baja natalidad

👩‍🍼En apenas diez años, la cantidad de nacimientos en el país cayó casi a la mitad: pasó de 777.012 en 2014 a 413.135 en 2024, según el nuevo Monitor de Niñez y Adolescencia de UNICEF. Especialistas analizan este fenómeno.
02/10/2026

Históricamente, la capacidad de gestar ocupó un rol central en el papel de la mujer como construcción social. La reproducción no era entendida como una posibilidad, sino como una etapa necesaria y obligatoria en su vida. Sin embargo, a medida que pasan los años, las tradiciones pierden legitimidad, valor y peso. Hoy, el lugar que ocupa la maternidad se ha resignificado: algunas deciden no transitarla y otras postergarla.

Este fenómeno no necesariamente indica que “las mujeres ya no quieren ser madres”, sino que el papel de la maternidad se ha corrido del centro. Sin embargo, esto trae aparejadas consecuencias que se evidencian en las salas de partos: en Argentina, como en gran parte del mundo, nacen cada vez menos chicos.

En apenas diez años, la cantidad de nacimientos en el país cayó casi a la mitad: pasó de 777.012 en 2014 a 413.135 en 2024, según el nuevo Monitor de Niñez y Adolescencia de UNICEF. Argentina registra una cantidad de nacimientos similar a la de 1948. 

Romina Cecilia Bebenroth, médica obstetra desde hace más de 25 años, proveniente de la ciudad de Gualeguaychú (Entre Ríos), ejerce en el Hospital Centenario de dicha ciudad y asegura percibir la realidad que plantean las estadísticas. Bajo su mirada, los factores pueden ser varios: el trabajo, el estudio o incluso la situación económica que no acompaña los proyectos familiares. “Creo que la generación actual no busca ni piensa en familia y embarazo. Tienen los objetivos puestos en otros lados”, afirma. 

Agustín Pasqualini, director de SAMeR (Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva) y del Instituto Médico Halitus, es tocoginecólogo y especialista en Medicina Reproductiva. “No solamente se posterga la búsqueda del primer hijo, la edad de consulta en los centros de fertilidad es de aproximadamente 39 años. Además, muchas familias que antes proyectaban dos o más hijos hoy terminan teniendo uno, es decir, familias más chicas”, señala. La caída de la natalidad no se materializa únicamente en la decisión de no gestar, sino que también se evidencia en una maternidad tardía, la cual lleva a que la cantidad de hijos por familia se vea reducida. Y agrega: “Hoy muchas llegan a una edad más avanzada buscando su primer embarazo y, naturalmente, la ventana biológica disponible para completar ese proyecto es menor”.

Ante este escenario, Pasqualini aconseja pasar de una medicina que actúa cuando aparece la infertilidad, a una medicina que también informe y prevenga. Comenzar la educación reproductiva con antelación, tener hábitos saludables, aunque estos últimos “no detienen el envejecimiento reproductivo ni el pasar del tiempo”.

La medicina reproductiva ha avanzado enormemente en las últimas décadas, pero hay un límite que todavía no logra sortear: el tiempo. “Por eso el mensaje no debería ser “tené hijos antes”. El mensaje debería ser: “conocé tu fertilidad antes”. La medicina reproductiva puede ofrecer cada vez más alternativas, pero la información temprana sigue siendo una de nuestras herramientas más importantes”, plantea Pasqualini.

¿Y qué sucede cuando el deseo de maternar existe, pero la gestación no forma parte de ese proyecto o no resulta posible? Allí aparece otra alternativa: la adopción. Lejos de resolver la tensión o problemática, expone aún más las dificultades a la hora de maternar.

La adopción no es un trámite sencillo, ni mucho menos funciona siempre a la par del deseo del adoptante. Entre quienes buscan convertirse en padres y quienes esperan incorporarse a una familia, intervienen procesos judiciales, tiempos, postulaciones, evaluaciones y, sobre todo, la voluntad de los propios chicos. La adopción no consiste simplemente en encontrar padres para niños sin familia, sino en encontrar una familia adecuada para cada uno de ellos.

Las estadísticas del año 2025 del Registro Central de Aspirantes a Guardas con Fines de Adopción de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires demuestran que la mayoría de las postulaciones se orienta hacia niños y niñas de menor edad; la disponibilidad empieza a disminuir desde los 2 años y cae de manera muy marcada desde los 6. La normativa procura preservar los grupos de hermanos y por eso se intenta encontrar familias que puedan recibirlos conjuntamente; sin embargo, cumplir con esta ley es más difícil de lo que parece: el recuento demuestra que las postulaciones durante el 2025 para grupos de más de dos hermanos, fueron solo 3. Por otro lado, solo 6 aceptaban discapacidad física/sensorial, y 3 aceptaban discapacidad mental/intelectual.

Ana Karina Alvarez, Técnica en Intervención Social y Comunitaria, es la directora ejecutiva del Hogar de Niños «María Luisa» de Ballester. Allí buscan la recuperación de niños y adolescentes víctimas de maltrato y violencias intrafamiliares, ingresados por el Estado provincial. En el Hogar residen jóvenes de entre 3 y 17 años, los cuales llegan “en muy mal estado físico, emocional y psicológico. Hay muchos signos propios de las víctimas de violencia que son reconocidos en los chicos y adolescentes, y es sobre los cuales trabajamos. Los chicos llegan “partidos al medio” en la mayoría de las veces, o sea escindidos”. Actualmente, el Hogar María Luisa aloja un total de 50 chicos. 

“Cada niño y/o adolescente que ingresa necesita de un plan personal para recuperarse. Desde su salud integral, hasta su inserción escolar y social en general. Establecer nuevos lazos con lo social y comunitario. Aprenden hábitos, adquieren niveles de autonomía de acuerdo a su edad y sus posibilidades. Problematizan lo que les sucedió, a veces amplían y se llega a tener que acompañarlos en denuncias penales. Se los acompaña materialmente y psicológicamente en todo el proceso. Y, cuando se conoce cuál es la estrategia de egreso que tendrán, se comienza a trabajar por esa estrategia. En los casos de vinculaciones también se los acompaña tanto a los chicos como a la familia”, agrega Ana.

Hay niños esperando ser adoptados, y padres buscando adoptar. Sin embargo, que existan ambas realidades no quiere decir que éstas se encuentren. 

Ana concluye: “Vivimos en una sociedad donde desde hace años viene decreciendo la cantidad de personas que se inscriben para adoptar. En nuestra sociedad hay muchas personas que no están en condiciones de maternar y paternar: el consumo, la salud mental, etc. No todos los chicos están preparados para iniciar un proceso familiar nuevamente, a veces deciden no ser adoptados porque no están dispuestos a un nuevo rechazo. Creo que hay mucho que trabajar para que este sistema sea más centrado en el niño y menos en los adultos y/o agentes que intervenimos”.  

Tal vez la caída de la natalidad no refleje únicamente cuántos chicos nacen, sino también cuánto cambió la percepción y el ideal de la familia. Si durante años gestar, maternar y ser mujer parecieron formar parte de una misma ecuación, la realidad actual nos obliga a empezar a pensarlas por separado.

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