Desde la Asamblea por el Agua y la Tierra denunciaron que quienes arrojaron bombas molotov contra el destacamento de la Gendarmería en El Bolsón fueron "infiltrados" que no participaron de la marcha que convocó a 4500 vecinos movilizados en paz. Desconfían del Gobierno y los medios que transmitieron en vivo las imágenes de violencia.

Puro humo: ni la caminata de tres kilómetros bajo la lluvia protagonizada por 4500 vecinos, ni las banderas y los carteles que pedían en paz por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Las cámaras de los canales oficialistas hicieron foco en un grupo de no mas de diez “encapuchados” que, según la crónica policial -difundida en simultáneo con la represión en Plaza de Mayo-, lanzaron “bombas molotov” contra la sede de Gendarmería de El Bolsón. “Suponíamos que podía pasar algo así. Ya desde los preparativos de la marcha advertimos que se nos iban a infiltrar. Estuvo preparado, hubo una complicidad del Gobierno con los medios masivos de comunicación para señalarnos como violentos a los que nos manifestamos en paz como tantas veces”, denunció en diálogo con El Grito del Sur la vocera de  la Asamblea del Agua y de la Tierra de esa localidad, Silvia Rojas.

Lo que no mostraron las cámaras, relató la vocera, es que “los encapuchados llegaron al lugar en camionetas Hilux y, una vez montado el circo, volvieron a subirse y partieron”. Además, “muchos de ellos estuvieron a pocos metros de los gendarmes, que los dejaron hacer, para que todo salga bien claro a la luz de las cámaras”.

A un mes de la desaparición de Santiago Maldonado, los vecinos de El Bolsón nucleados en la Asamblea decidieron marchar hacia la sede del escuadrón 35 de la Gendarmería nacional, una de las dos sedes allanadas -la otra fue la de Esquel- por orden del juez Guido Otranto, en el marco de la causa por la desaparición del joven. Allí fue hallado el Unimog negado en un principio por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, además de una soga, manchas de sangre y cabellos. Las precauciones de los movilizados contra cualquier hecho de violencia se basaban, precisamente, en evitar otro intento de victimización de la Gendarmería.

“Ninguno de los ecnapuchados- siguió la vocera- participó de la marcha, que llegó hasta el edificio de la Gendarmería después de recorrer a pie tres kilómetros y decidió quedarse sobre la ruta, lejos de la escena que se vio por televisión”. “Uno no conoce a todo el mundo de esta localidad, pero no recordamos que los que lanzaran fuego hayan formado parte nunca de ninguna de las marchas que venimos realizando”, destacó.

Entre diciembre del año pasado y febrero de este año, la comunidad de El Bolsón se movilizó masivamente contra el loteo de tierras que beneficiaba un emprendimiento del maganate inglés Joe Lewis, accionista de Edenor, amigo personal del Presidente y socio de marcelo Mindlin -principal accionista, ahora, de IECSA, la nave insignia del grupo de Socma- en Pampa Energía, que a su vez tiene en su poder las acciones de Petrobras Energía que pertenecían al fondo de garantía de sustentabilidad de la Anses. Ambas marchas fueron puebladas -salieron a la calle diez mil personas, más de la mitad de los habitantes de El Bolsón- y no se lanzó una sóla piedra: las marchas terminaban en abrazos colectivos y festivales musicales. En ninguna de ellas estuvieron presentes las cámaras del Grupo Clarín.

La verdadera marcha en el bolson ayer. Cortesía Revista Cítrica

La verdadera marcha en El Bolsón ayer. Cortesía Revista Cítrica

Hay otro detalle, que Rojas se encargó de resaltar: la semana previa a la marcha los vecinos lograron otra victoria -parcial- más contra Lewis. El propio gobernador de Río Negro, Alberto Weretilnek, decidió dar de baja el megaproyecto de una central nuclear en la zona atlántica de la provincia en la que Midlin y Lewis compartían intereses, y por la que Mauricio Macri presionó con fuerza al gobernador. Ya en junio, la provincia dió marcha atrás con la central hidroeléctrica que el magnate pretendía levantar en El Bolsón violando todos los tratados ambientales y, aunque no se crea, apropiándose del cause del Río Escondido, un afluente del lago que ya se apropió en la zona.

Semejante oposición civil, dice Rojas, convirtió a El Bolsón -ciudad donde estuvo Santiago antes de sumarse a la resistencia mapuche en Chubut- en una suerte de Soviet. “Quieren que El Bolsón sea como la tucumán del 75”, arriesgó. Razón no le falta. “Volvemos a la teoría de los dos demonios: empezaron demonizando la palabra ambientalista, que pareciera que es casi un horror. Así van alineando las fichas del dominó para ir armando el cuadro, construyendo que nos tapamos la cara, que somos violentos”, explicó.