A pesar de las dificultades que azotan al sector, la cooperativa de trabajo TAVA logró crecer haciendo de la autogestión y de la "arquitectura participativa" su principal potencial. En diálogo con El Grito del Sur, sus integrantes se mostraron fuertemente críticos con el modelo de urbanización que plantea el PRO para los barrios de la ciudad de Buenos Aires.

La cooperativa de trabajo TAVA reúne a una gran cantidad de arquitectos y arquitectas que bregan por una renovación de su oficio, una mejor calidad de sus proyectos y que, por sobre todas las cosas, se preocupan por el trasfondo político de su quehacer como profesionales. En ese marco, desde el año 2011 se dedican a cuestiones relacionadas a la arquitectura y la vivienda, brindando servicios al Estado, las organizaciones sociales y clientes particulares. “Creemos en una arquitectura de carne y hueso, participativa, cercana a la gente, acorde a sus problemas, necesidades y recursos”, resaltan sus integrantes como principal valor de la cooperativa. Asimismo, manifiestan su preocupación por la caída del consumo y el contexto político que desfavorece a la autogestión y al sector cooperativo en general. En una entrevista con El Grito del Sur, Pablo Deltin habló de estos temas y de la actualidad de la cooperativa.

GdS: Funcionan desde hace varios años como cooperativa y además están agrupados en FACTA-CTA. ¿Cuál es la situación actual de las cooperativas en este contexto político y, en particular, del sector cooperativo al cual ustedes pertenecen?

Por un lado, tenemos el problema de la baja de consumo a nivel general y los aumentos de tarifas y precios, que lógicamente afecta a los ingresos de las cooperativas. A diferencia de una PYME, nuestro sector no despide compañeros/as, pero sí nos vemos obligados en muchos casos a reducir nuestros retiros de excedentes para poder sostenernos.

Por otro lado, se empieza a sentir el avance sobre el sector a nivel político/judicial. En FACTA hay cooperativas como el BAUEN que están a punto de ser desalojados por un veto presidencial, cuando en el Congreso se había aprobado la expropiación el año pasado, o el caso del Restaurant La Casona sobre Av. Corrientes, también a punto de ser desalojados por una presión conjunta de empresarios y jueces.

De todos modos, a pesar de transitar el día a día con estas complicaciones, nosotros buscamos construir autogestión como herramienta política. Nuestra herramienta es el trabajo. Esto implica tener capacidad de reinventarse frente a las crisis y tener una agenda propositiva a pesar de las urgencias. Es en ese sentido que estamos trabajando constantemente en el armado de redes, políticas y de trabajo, con el fin de unir y fortalecer al sector.

GdS: ¿Qué método de trabajo y valores tiene la TAVA? ¿Qué entienden a nivel social por la arquitectura y el rol de los arquitectos?

Respecto al rol de los arquitectos/as, al igual que el resto de los profesionales, creemos que es necesario como primer paso reconocerse como trabajadores. En el caso de la arquitectura, luchamos contra el ideal del arquitecto subido a un pedestal, alejado de los mortales, capaz de decidir cómo deben ser los espacios que habita la gente. Creemos en una arquitectura de carne y hueso, participativa, cercana a la gente, acorde a sus problemas, necesidades y recursos.

Nuestro trabajo, tanto el privado como el que realizamos para las organizaciones, está atravesado por algunos principios que llamamos “técnico-políticos”, que son los que a grandes rasgos estructuran nuestra forma de trabajar. El primer punto es la participación de los clientes en los proyectos: creemos fuertemente en la necesidad de que aquel que va a habitar los espacios participe, de manera metódica y organizada, en la concepción de los proyectos. La escucha al cliente pasa a ser la base de nuestra forma de trabajo.

Otra cuestión en la que trabajamos es lo que respecta a la eficiencia: frente al preconcepto de que lo cooperativo es de segunda, o de mala calidad,  ponemos especial énfasis en la calidad del servicio que brindamos, y de las construcciones que realizamos. Nos interesa mostrar que el sector cooperativo puede ofrecer productos y servicios iguales o mejores a los de la economía tradicional, con una forma de trabajo más solidaria y sustentable.

Por último, creemos fundamental la concreción de nuestras obras: primero hacemos, después decimos. Buscamos que los proyectos en los que participamos, sean efectivamente posibles de realizarse. Es por esto que tomamos los recursos disponibles (materiales y humanos) como otro eje fundamental a la hora de pensar los proyectos.

GdS: ¿Qué elogios y críticas tienen hacia la urbanización que se está emprendiendo en la ciudad de Buenos Aires desde hace una década?

El PRO asume en la ciudad con un discurso de erradicación de villas de emergencia y asentamientos, algo similar al discurso que había respecto a este mismo tema durante la dictadura. Disfrazan esto con marketing y esas cosas que bien saben hacer, pero el discurso es erradicar las villas. Cuando asumen se encuentran que no es tan sencillo, entonces la política empieza a ser de embellecer las fachadas, que se vea lindo hacia afuera, y olvidarse de lo que pasa adentro.

La gestión de Larreta le da una vuelta a la cuestión, y empieza a hacer lo que le conviene para otros proyectos: es decir, los procesos de urbanización quedan subyugados a proyectos que responden a otros intereses, como el caso de Lugano y la Villa Olímpica, el Playón de Chacarita y la apertura de la Av. Triunvirato, la Villa 31 y los proyectos de expansión de la zona de Puerto Madero, etc.

La forma en la que encaran plantea una lógica participativa, con mesas vecinales, que a priori resulta seductora. El tema es que las decisiones surgidas de esos proyectos teóricamente participativos, luego no se cumplen en la práctica. Se ejecutan las obras con los mecanismos de corrupción clásicos de esta gente. Las obras las ejecutan empresas sin capacidad, designados por contratación directa y con presupuestos altísimos.

Un ejemplo concreto de esto nos tocó de cerca hace poco, trabajando como equipo técnico para la urbanización del Playón de Chacarita: comenzaron con obras de supuesta emergencia (la emergencia permite asignar recursos sin control ni auditoria), y se contrataron por ejemplo, empresas de pinturería para hacer pluviales, con el resultado de que ahora se inundan zonas que antes no se inundaban.

El problema entonces es que el eje no es la urbanización, sino la plata y los negocios que se puede sacar de eso. Las mesas de participación terminan siendo un circo, y los resultados lógicamente no son los que los vecinos esperan.

GdS: ¿Les preocupa la falta de acceso a la vivienda que existe en la Ciudad? ¿Qué función puede cumplir su sector como aporte a la resolución del problema de la vivienda?

La arquitectura puede aportar como herramienta a la mejora del hábitat, pero definitivamente la transformación y la resolución al problema tienen que ser política. La arquitectura es sólo una parte concreta del entramado, donde la salud, la educación, la cultura, el trabajo, lo público, son los verdaderos hacedores del hábitat.

Es por esto que nosotros decidimos organizarnos en una cooperativa de trabajo donde el objetivo primero es político, de transformación. Un espacio desde donde aportar como profesionales, pero por sobre todas las cosas como organización de trabajadores, capaces de enfrentar y proponer frente a las cuestiones políticas y económicas que llevan a los problemas de vivienda.

Desde este lugar, buscamos ocupar y participar de los espacios de políticas públicas, programas del Estado, vínculos con universidades, aportando nuestra lógica de trabajo autogestiva, participativa, eficiente y sustentable. Funcionamos como equipo técnico de organizaciones sociales y programas estatales, desde ahí es que creemos que nuestro aporte como profesionales puede servir efectivamente.

GdS: ¿Cuál es su inserción actual en los barrios y los objetivos territoriales que tienen de cara al 2018?

Actualmente la mayor inserción se da a través de los programas de políticas públicas que por el momento siguen vigentes,  y a través del vínculo con universidades.

Estamos trabajando en la urbanización del Playón de Chacarita como equipo técnico junto a otras organizaciones, estamos dando capacitaciones para cooperativas del Argentina Trabaja y Ellas Hace en San Martín, San Miguel y Escobar, y coordinando equipos de trabajo del Argentina Trabaja junto a la Universidad de Quilmes (UNQUI). También estamos construyendo dos cooperativas de vivienda en Bajo Flores, y trabajando en armados de una Red de Profesionales y una Red de Construcción de carácter cooperativo a nivel nacional.

Es difícil saber qué va a suceder el año próximo respecto a las políticas de gobierno, pero sí sabemos que vamos a trabajar en expandir y profundizar nuestro aporte como organización política de técnicos y profesionales. Nuestro objetivo es fortalecernos como cooperativa de trabajo, para crecer en cantidad y calidad, sumar más compañeros y compañeras a trabajar con esta perspectiva, apuntando a tomar trabajos y responsabilidades cada vez de mayor escala.