Contra los fanáticos del consenso

La misma grieta de siempre pero en modo siglo XXI

Es la misma grieta de siempre pero en modo siglo XXI. Algunos, los más ortodoxos, la entienden como la contradicción antagónica entre capital y trabajo. Otros vemos que durante la breve historia de nuestra Patria tomó diferentes formas. Cambió en sus formas y en sus contenidos, pero sigue siendo la misma línea divisoria que tira por el suelo la falsa ilusión de la "unidad de los argentinos".

Es la misma grieta de siempre pero en modo siglo XXI. Algunos, los más ortodoxos, la entienden como la contradicción antagónica entre capital y trabajo. Otros vemos que durante la breve historia de nuestra patria tomó diferentes formas: unitarios y federales, peronistas y gorilas, guerrilleros y militares. Cambió en sus formas y en sus contenidos, pero sigue siendo la misma línea divisoria que tira por el suelo la falsa ilusión de la “unidad de los argentinos”.

Hoy se condensa en Alberto y Macri. Y por más apología al cierre de la grieta que haga el candidato del Frente de Todos, gran parte de su suerte se juega en sostener y conducir la polarización, robusteciendo uno de sus flancos, amplificando márgenes y cicatrizando heridas, pero a costa de contener al núcleo duro (casi un 30% de la ciudadanía) que le permite ser, el día de hoy, el candidato peronista. La moderación que proclama Alberto es sólo posible con la “avenida del medio” liquidada: es una moderación que habla desde uno de los polos, que recompone lazos pero desde un emplazamiento concreto, que tiende puentes desde un consenso mayoritario construido en uno de los lados de la grieta.

Foto: Abril Pérez Torres

Alberto es la apuesta por la reconstrucción de una unidad nacional mayoritaria que pueda edificar grandes consensos sobre temas estructurales: deuda externa, mercado interno, industria, trabajo, economía y política social. También expresa una suerte de “punto de equilibrio” que permite condensar las distintas miradas que conviven en el Frente de Todos: un kirchnerismo radicalizado por izquierda y un massismo enclavado en la centro-derecha. Sin embargo, los ejes únicos y binarios (izquierda-derecha, arriba-abajo) son escollos a la hora de caracterizar procesos políticos. Izquierda y derecha no son más que uno de los elementos que permiten indagar en la complejidad de la vida interna del principal frente opositor.

El parteaguas no se agota en su posicionamiento político. Si Alberto es izquierda y Macri derecha, el peronista también expresa juventud, mientras que el oficialista representa a los sectores más envejecidos de la sociedad. Esta divisoria tampoco es tajante y la composición es más compleja de lo que parece, pero las encuestas y el pulso de la política dan cuenta de la grieta etaria que expresa la actual elección: les jóvenes están con Alberto, les viejes con Macri. En el análisis subyace la gastada premisa (que no compartimos) que invoca el aumento coordinado entre la edad y el nivel de conservadurismo. Pero la única verdad es la realidad y mientras las escuelas secundarias rebalsan de boletas del Frente de Todos, los centros de jubilados (y los locales partidarios de la nefasta y devaluada UCR) sostienen el andamiaje territorial del macrismo.

El tercer eje es el territorial. La histórica contradicción de nuestro pueblo entre federales y unitarios se replica 150 años después en una esquema donde, en la Ciudad de Buenos Aires, el macrismo ronda los 50 puntos, frente a un interior peronizado (Formosa o Chaco con 70% de intención para Alberto). Pero también se expresa a nivel local en cada uno de los distritos: la provincia de Buenos Aires se debate entre un conurbano empobrecido y kirchnerista y un interior próspero, sojero y macrista. Casos aparte son la Córdoba amarilla (en el 2015 Macri le sacó más de 30 puntos a Daniel Scioli) y una Santa Fe cada vez más albertista tras el triunfo del peronista Omar Perotti.

Foto: Abril Pérez Torres

La de hoy será una parada más en la puja histórica de la grieta que atraviesa nuestro país. Tal vez, la elección de Alberto -a cargo de Cristina Kirchner, conductora política de este lado de la grieta- exprese que la tarea sea ensanchar nuestro lado, robustecerlo, tolerar disidencias, relegar un poco del programa en pos de una gobernabilidad que habilite transformaciones a largo plazo. Lo seguro es que la grieta sigue intacta y que continuará existiendo en el seno de nuestro país y de nuestra humanidad. Pero hoy más que nunca, toma la forma del amor contra el egoísmo. Claro, que entre Dylans y Pichettos, en modo millenial y en pleno siglo XXI.

Foto: Abril Pérez Torres