El hundimiento de «El Repunte»: tres muertes, siete desapariciones y seis años de impunidad

🛳️ El barco pesquero El Repunte se hundió un 17 de junio de 2017, con un saldo de tres muertos, siete desaparecidos y dos sobrevivientes. Los familiares fundaron el movimiento "Ningún Hundimiento Más" y exigen justicia. Los imputados son miembros de Prefectura, la Armada y de la empresa de Caputo, Ostramar.

«Primero esperábamos encontrarlo con vida, posteriormente encontrar su cuerpo y después empieza la etapa de hacerte la idea de que no va a aparecer”, sostiene Gabriela Sánchez en diálogo con El Grito del Sur cuando recuerda a su hermano y habla acerca de cómo fue el hundimiento del barco pesquero El Repunte, el 17 de junio de 2017. “Ahora el dolor es como si se me hubiera hecho carne, es un dolor más profundo, espantoso. Me siento como en un duelo permanente. Hay momentos donde estoy feliz o contenta, pero Gustavo no está… Es muy complejo, muy difícil”, agrega entre lágrimas con su mirada gacha.

Seis años pasaron desde el hundimiento de El Repunte. El 13 de junio de 2017, el buque zarpó desde Puerto Madryn para realizar un viaje hacia la zona de pesca de langostino. Estuvo operando en la provincia de Chubut, hasta que tres días más tarde recibieron una alerta meteorológica de vientos intensos en la zona, por lo cual iniciaron su regreso al puerto. 

El barco se hundió el sábado a la mañana, previo al Día del Padre. Allí hallaron el cuerpo de tres personas, siete siguen desaparecidos y dos sobrevivieron. “Logramos mantener la búsqueda cuatro meses, al menos oficialmente era lo que decían. Al buque lo encontraron a los trece días, pero al resto de la tripulación no. Fue la búsqueda más larga que se hizo sobre el hundimiento de un barco”, afirma Gabriela. Ella es socióloga, lleva en alto la bandera de la lucha como portavoz de las familias de las víctimas y está estudiando, junto a su hermana, la carrera de Abogacía para poder estar al tanto de los avances de la causa.

Fotos: Florencia Ferioli

El Repunte fue incorporado a la Marina Mercante Argentina en el año 1968 y venía de España con un hundimiento en su haber. El barco era propiedad de la empresa Ostramar S.A. y “estructuralmente tuvo muchísimos cambios”, informa la hermana del capitán. “No era para pescar merluza y le hicieron en la proa un montón de modificaciones. Todos los barcos de Mar del Plata están en mal estado, viejos y oxidados”, confiesa.

Entre los meses de enero y abril de ese año, este barco salió a navegar cinco veces, realizando pesca de diferentes especies, según detallan en el Informe de Seguridad Operacional (ISO) de Sucesos, Marítimos, Fluviales y Lacustres, confeccionado por la Junta de Seguridad en el Transporte, organismo descentralizado del Ministerio de Transporte de la Nación. El mismo sostiene, además, que el barco tenía afectada la estabilidad, producto de la cantidad de reformas realizadas por la firma propietaria: “Una situación crítica de estabilidad que desencadenó en la decisión de la tripulación de abandonar la nave”. El informe también señaló las deficiencias en el control y la fiscalización por parte de la Prefectura, que permitió que este buque y muchos otros siguieran operando sin cumplir con las normas mínimas de seguridad.

“Cuatro horas y media pasaron desde que mi hermano emitió la alerta para que los rescaten hasta que llegaron. En el medio del mar, en pleno junio y con un temporal. ¿Qué hubiera pasado si salían a buscarlos cuando mi hermano avisó? Estaban a 10 minutos…” se pregunta Sánchez al referirse al trágico naufragio que protagonizó el pesquero marplatense. 

Fotos: Florencia Ferioli

Gabriela habla de su hermano en tiempo presente: “Gustavo, como es capitán, tiene esa personalidad de tomar buenas decisiones, de saber lo que hace. Yo, antes de esto, jamás tuve miedo, porque estaba muy segura que no fue el mar, fue el estado del barco”, agrega. “Una vez hundido El Repunte, yo pensaba que él se habría dormido, por la hipotermia… pero después me di cuenta de que los dos sobrevivientes estuvieron cuatro horas y media despiertos… No sé si tuvo desesperación, no lo sé y no lo sabré”, informa a El Grito del Sur. 

Cuando lo recuerda, se le iluminan los ojos: “Me acuerdo cuando mi mamá lo trajo en brazos, nunca vi un bebé tan hermoso. Gustavo era bueno, él navegaba desde los 17 años. Él, como nosotros, amaba el mar. Viajó por todas partes del mundo, le gustaba andar en moto, pero sobre todo era muy tranquilo, muy pensante. Ahora reflexiono en lo doloroso que es no poder despedirlo. Ninguno se merecía morir así”, dice mientras mira fijamente las fotos de los marineros.

Los tripulantes que perdieron la vida a bordo del Repunte fueron: Horacio Airala (Jefe de Máquinas), Gustavo Sánchez (Capitán), Silvano Coppola (1° oficial de máquina), Claudio Islas (Marinero), Néstor Paganini (Marinero), Jorge Luis Gaddi (Engrasador), Fabián Samite (Engrasador, oriundo de Miramar), Isaac Cabanchik (Engrasador), José Omar Arias (1° oficial de pesca, de Puerto Madryn) y José Ricardo Homs (cocinero). Los dos sobrevivientes son Lucas Trillo y Julio Guaymas.

Fotos: Florencia Ferioli

A raíz de esto, los familiares fundaron el movimiento Ningún Hundimiento Más, lo que fue central para la sanción de la Ley 27.514 que creó la Junta de Seguridad en el Transporte. Además, consiguieron logros muy importantes en materia de seguridad para las y los trabajadores de los barcos. Su lema es la corrupción mata y aseveran que la responsabilidad es del Estado, así como de los funcionarios del área de pesca y de la empresa privada, que eran los responsables de la seguridad del buque. 

Gracias a su lucha, todos los navíos pesqueros de Argentina deben tener doble balsa salvavida (para garantizar que si una no funciona, haya otra de repuesto) e incluyeron de forma obligatoria “trajes de exposición”, que además de ser aislantes térmicamente, una vez puestos sobre la ropa mantienen el cuerpo flotando hasta 6 horas en el mar. “Entonces, podés estar desmayado, en el peor de los casos muerto, pero flotando. Así se recupera el cuerpo. Si bien la muerte es muerte, no es lo mismo encontrar un muerto, que tener un cuerpo desaparecido”, informa Gabriela.

La causa avanzó poco en estos años y los logros que han tenido fueron por la presión de los familiares, “no porque la Justicia quiera saber la realidad, porque la realidad la sabe. Lo que no quieren es que los responsables tengan el castigo que deben tener. El año pasado recién cerraron la etapa de instrucción. Quienes fueron imputados son de Prefectura, de la Armada y de la empresa de Caputo, Ostramar”, afirma.

“Con todo lo que hemos pasado, creo que una condena nos ayudaría a lograr un poco de paz. Justicia es una palabra muy grande. Esta es una industria con mucho poder, uno de los poderes más importantes y que prácticamente trabajan en silencio”, concluye la socióloga.

Fotos: Florencia Ferioli
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