La zona más relegada del bastión amarillo

Villa La Cava: la otra cara del San Isidro macrista

La grieta que iban a cerrar se profundizó en San Isidro durante los últimos 4 años: la mayoría pudiente avanzó contra la minoría más humilde. Junto a la concejal Fernanda Miño recorrimos La Cava, donde los planes de ajuste se sintieron con mayor fuerza y ya nadie espera la aparición de brotes verdes en la economía.

San Isidro es un claro bastión amarillo. Mansiones, casas quintas, jardines decorados en detalle, piscinas gigantescas, autos importados y cabinas de seguridad por todas partes. Esta composición social acomodada, que es mayoritaria en el caso de este distrito de la zona norte de la Provincia de Buenos Aires, se reflejó nuevamente en los resultados de las PASO del 11 de agosto: el 40% del total de electores optó por la continuidad del radical Gustavo Posse, que gobierna aquí en forma ininterrumpida desde hace 20 años, por sobre el 26% que obtuvo el Frente de Todos.

Sin embargo, no todo es lujo y extravagancia en el gueto que eligieron miles de chetos y chetas para desarrollar su vida cotidiana alejades de las miserias que padece una gran parte de la población por estos tiempos. En el corazón de San Isidro, Villa La Cava se erigió hace varias décadas como un dolor de cabeza y una piedra en el zapato para aquellos sectores más adinerados que buscaban perpetuar la pureza de su exclusivo lugar de residencia.

La grieta entre el San Isidro lujoso y el San Isidro humilde es impactante porque se puede transitar de uno a otro en cuestión de pocos minutos. El contraste es ineludible: La Cava mantiene características de villa a partir de la resistencia que han tenido sucesivos gobiernos municipales y provinciales para avanzar con planes de urbanización a fondo. Al ingresar a este barrio popular, lo primero que aparece es la sensación de encontrarse en un laberinto con múltiples entradas y salidas.

Fotos: Julián Galán

Es muy sencillo perderse en los pasillos angostos de La Cava, que guían una caminata marcada por la presencia de construcciones de viviendas hacia arriba, un cablerío impresionante que se torna peligroso para les habitantes del barrio y una gran cantidad de perros que acompañan a les niñes mientras éstos juegan o trasladan productos para vender y ayudar al sostenimiento de sus hogares.

Precisamente, la situación social en La Cava -donde viven en la actualidad unas 13 mil personas- se vio agravada en gran medida por la política económica de la administración de Mauricio Macri a nivel nacional. Fernanda Miño, concejal de Unidad Ciudadana y vecina de este barrio popular desde que nació, hace 45 años, cuenta que en el comedor que dirige “se han acentuado los problemas: antes los chicos venían a hacer la tarea y era anecdótico lo de tomar la leche, pero hoy cuando entran al apoyo escolar lo primero que te preguntan es eso. Es un termómetro enorme y nos viene pasando en los últimos 3 años. Muchas familias perdieron sus trabajos y sus changas”.

Fotos: Julián Galán

El contexto actual difiere, según palabras de esta dirigente del Frente Patria Grande, con lo vivido durante la época del kirchnerismo, puesto que en ese momento “teníamos la base de la pirámide satisfecha: la salud, el trabajo y la comida. Entonces uno puede pensar en el otro y en la otra, le puede dar una mano a aquellos que todavía no le llegan los beneficios o que tienen otras problemáticas”.

Durante los últimos días se produjo un tiroteo entre banditas que viven en La Cava, en medio de disputas por el control del territorio con eje en el narcotráfico. Por esta razón, la Gendarmería llegó con la cara tapada y se ubicó de prepo en el epicentro del barrio, donde se ubican la canchita de fútbol -inundada a pesar de que no llovió mucho últimamente-, los locales comerciales, las sedes de varias organizaciones sociales/políticas y hasta una iglesia.

Fotos: Julián Galán

“A estos barrios sólo se los hace visibles cuando hay algún caso de delincuencia o de drogas. Esto también es signo de que hay una ausencia muy grande del Estado, puesto que no hay oportunidades para salir de esta realidad. Hay mucha gente de trabajo, con carencias y que no accede a los servicios sociales por problemáticas personales o porque no hay seguimiento. Hay un contraste obsceno e inmoral entre un parque con dos piletas, con todos los servicios, y del otro lado de un paredón 30 casas en la misma cantidad de metros sin los servicios básicos”, explica Miño durante la recorrida con El Grito del Sur.

San Isidro concentra alrededor de 80% de clases media-altas y apenas un 20% de sectores populares. Esta realidad contrasta con lo que sucede en el resto del Conurbano bonaerense, donde la torta está invertida y las necesidades sociales son mucho mayores. La situación de minoría que sufren los grupos más postergados en este distrito se materializa habitualmente en instancias discriminatorias, que parten, inclusive, de la propia boca de los funcionarios del gobierno de Cambiemos. Por esta razón, desde su banca en el Concejo Deliberante -que ocupará hasta el año 2021-, Fernanda Miño ha tenido dificultades para solucionar problemas de los vecinos y las vecinas. En ese momento de la charla se emociona con lágrimas: “Me enfurece cuando dicen que son vagos y que viven de planes. Acá me vienen a pedir trabajo. ¿Cómo romper todo eso desde una realidad que he vivido y después seguir confiando de que todo puede ser mejor? Vamos a seguir reclamando por cuestiones estructurales”.

Fernanda Miño. Fotos: Julián Galán

La referente provincial del Frente Patria Grande, muy cercana a Juan Grabois, sueña con convertir décadas de olvido en la posibilidad de alcanzar transformaciones de fondo: “Venimos de una lucha desde hace mucho tiempo por las reivindicaciones de los barrios. Quiero que haya inclusión social y urbana, una condición para acceder a otros beneficios -no sé si esa es la palabra- o sueños. Es muy difícil soñar si vos tenés preocupaciones cotidianas como la falta de agua o luz. Todo es más posible cuando tenés ciertas cosas garantizadas de base. También quisiera trabajar en educación política para poder concientizar a los sectores populares de que la política también es necesaria para cambiar la realidad de las personas. Nunca vamos a claudicar en esas luchas”.

Con más obras perífericas que estructurales y demasiadas carencias sociales acumuladas en el último tiempo, La Cava está aguantando los últimos meses de la gestión Macri con el sueño de que lo que venga sea un poco mejor. Porque más zarpazos y embestidas del chetaje serán difíciles de aguantar.