Nuevas opciones en la era del streaming

Humor político virtual y a la gorra

Los principales humoristas políticos sobrellevan la cuarentena a su modo con shows virtuales desde la intimidad de sus casas. "Es todo muy autogestivo en este momento. Yo actúo y, al mismo tiempo, soy el DJ", cuenta "Un Rubio Peronista" en diálogo con El Grito del Sur.

Las y los artistas también se adaptan a los nuevos tiempos, donde -al igual que el resto de la ciudadanía- deben quedarse en sus casas cumpliendo la cuarentena. Sin embargo, para algunes es más facil llevar adelante esta circunstancia de parate en las actividades laborales dadas sus ventajosas situaciones económicas. En el caso de los humoristas políticos, a lo largo del último mes han apelado al ingenio para seguir desarrollando shows a través del sistema de la gorra virtual, que con el correr de las funciones ha logrado atraer a una gran cantidad de público que está a la espera de chistes y risas en estos días difíciles de encierro.

Gustavo Berger («Un Rubio Peronista») y Emanuel Rodríguez («Peroncho») fueron los primeros en implementar esta nueva modalidad. Bajo el lema «combatimos la cuarentena con humor y amor peronista», ambos decidieron unirse desde sus hogares para realizar espectáculos por Facebook Live. Pantallas compartidas, ambientes íntimos, interacción con el público a través de preguntas y comentarios, todo es nuevo para los artistas en este contexto. Afortunadamente no sólo pudieron superar algunos problemas técnicos, sino también profesionalizar sus shows para hacerlos cada vez más atractivos.

El pasado sábado 11 de abril, los autodenominados «primos políticos» se cruzaron en un vivo de Facebook con mucha repercusión: en total cosechó 25 mil reproducciones y 2200 comentarios. Ésta es la paradoja de los nuevos tiempos: mientras una función en vivo puede llegar a tener la presencia de hasta mil espectadores, el streaming permite que el alcance se masifique. Sin embargo, tanto «El Rubio» como «Peroncho» destacan que el intercambio cara a cara con el público resulta fundamental al momento de tirar chistes e incluso lograr esas improvisaciones mágicas que generan carcajadas. Sus funciones son los martes y sábados de abril a las 22 horas a través de sus páginas de Facebook (FB: Un Rubio Peronista / Emanuel Rodríguez) y, si bien no existe una obligación de aportar económicamente, los humoristas reconocen que la gorra virtual es su única forma de lograr ingresos monetarios mientras continúe la suspensión de los espectáculos públicos.

«Si bien uno tiene el ejercicio de ir a los medios, ya sea para hacer notas o para trabajar haciendo un show, esto no es lo mismo porque es muy difícil darle la misma dinámica al espectáculo si no tenés escenario, luces ni público del otro lado. A esto se le suma que el armado se hace todo desde casa, no hay un productor ni un operador. Es todo muy autogestivo en este momento. Yo actúo y, al mismo tiempo, soy el DJ: estoy ahí ponchando las cámaras, metiendo los mensajes de la gente en vivo. Es prueba y error», reconoce a El Grito del Sur Gustavo Berger, más conocido como el «Rubio Peronista».

«El Rubio» cuenta que la idea original, cuando empezaron las primeras restricciones a la movilidad, era grabar los shows en un teatro con 30 personas en el público -de forma tal que la «risa genuina» estuviera presente- y luego transmitirlo a través de las redes sociales. Cuando llegó la cuarentena total, la única opción posible terminó siendo hacer el show desde el hogar a través del streaming. «Con el tiempo uno empieza a saber manejarse con esas contingencias técnicas: por ejemplo, en el último show que hicimos con Peroncho ya sabemos que hay un pequeño delay y que las pausas tienen que ser un poco más grandes porque, si acotás algo, capaz el otro aún no terminó de hablar», explica.

Por último, el humorista señala que hacia delante la idea es «hacerlo siempre a dúo porque el streaming te obliga a otro formato. Cuando vos hacés un show de humor en un teatro, tu partener es el público: es quien te devuelve la risa y te retroalimenta para seguir actuando. Hay un ida y vuelta; en cambio, con la virtualidad esa vuelta no está y entonces uno trata de hacerlo con un compañero para encontrar ahí un canal de diálogo».

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