Los días sin librerías

Cómo los libros sortearon la cuarentena

El nuevo decreto presidencial habilitó la venta de libros con el sistema “puerta a puerta” desde el 13 de abril. El sector independiente celebra la apertura parcial del comercio, pero toma recaudos para volver a trabajar. Un repaso por lo que vivió el mundo del libro en estos días de aislamiento.

En los comienzos, fue el eBook. Los primeros días del aislamiento obligatorio, desde el 20 de marzo, transcurrieron con incertidumbre pero también con optimismo y cierta euforia por la renovación: “hay que volcarse a lo digital, más que nunca”. El inicio de la cuarentena representó un momento ideal para la lectura. Las editoriales llevaron sus catálogos a las web, las plataformas de eReader liberaron títulos y las redes sociales se colmaron de recomendaciones. Al mismo tiempo, explotaron las charlas online, las presentaciones, los talleres de escritura a distancia y las lecturas en vivo, como así también los proyectos de escritura colectiva y diarios de cuarentena. Al igual que muchos otros ámbitos, la actividad libresca intentó seguir su rumbo en el soporte digital.

Pasada la euforia inicial, apareció el discurso crítico. Se advirtió que la cosa podía ir para largo y que era necesario buscar soluciones que no sólo den visibilidad sino ingresos. Desde España, el agente literario Guillermo Schavelzon lanzó la primera propuesta el 25 de marzo, indicando que la crisis golpeaba a todo el mundo por igual: “Es el momento en que los más poderosos de la industria editorial reaccionen. No hablo de pedirles solidaridad, sino de cuidar su negocio futuro”.

El planteo de Schavelzon sugería tanto al sector privado como al Estado agilizar la circulación de capital en el circuito del libro: terminada la pandemia se debía proveer de dinero a las bibliotecas para que éstas compren a las librerías más cercanas geográficamente. Por su parte, las librerías deberían pagarle rápidamente a las editoriales y ellas hacer lo mismo con los autores, para, de esta manera, acelerar la rueda del consumo.

Schavelzon también indicaba: “Regalar libros electrónicos suena más a propaganda que a solidaridad real. La gente quiere libros de papel, los e-books no han llegado en diez años al 5% del total de libros vendidos. No veo sentido regalar lo que la gente no parece querer”.

El 26 de marzo, desde Página12, Juan Forn se manifestaba en el mismo sentido, queriendo apaciguar la sobrestimación del eBook: “Me impresiona un poco esa ansiedad general por avisar a todos tus contactos que hay tal página con libros gratis. Me permito hacer una sugerencia al respecto: ¿qué tal si rompemos la lógica de la acumulación? Todos tenemos en nuestras casas más libros de los que hemos leído”.

Por otro lado, algunas editoriales notaron la necesidad de activar un plan lo antes posible, entendiendo que no se puede esperar hasta el fin del confinamiento (cosa que nadie sabe cuándo va a ocurrir), para retomar el trabajo y allí acelerar la circulación de capital. El 30 de marzo, también desde España, pero con repercusión en las editoriales independientes de Argentina, la editorial Nórdica elaboraba otra posible salida. Anunciaron: “Librerías, os echamos de menos y queremos que volváis. Todas.”

La iniciativa consistió en una donación a las librerías del 35% del total de cada ebook comprado en su sitio web. “Queremos que comprar ebooks y objetos literarios en la web de Nórdica Libros sea también un apoyo directo a tu librería favorita, a tu librero o librera de toda la vida”. De esta manera, con el plan aún vigente, el cliente que compra en la página de Nórdica elige a qué librería quiere destinar ese porcentaje y así apoyarla hasta que pueda abrir sus puertas.

Este emprendimiento fue visto con buenos ojos en nuestro país, pero rápidamente se desestimó por la poca venta de ebook y porque las mismas se realizan a través de plataformas intermediarias, que no brindan ese apoyo a las librerías. Sin embargo, propuestas de este estilo estaban marcando el camino de la solidaridad y la salida conjunta. Para afrontar la crisis actual y las consecuencias de la misma, todos los actores del sector debían aunar esfuerzos. El mensaje, viral en todos los ámbitos de la sociedad, mancomunó a los libreros: “Nadie se salva solo”.

Por su parte, el sector de las libreras y editoriales independientes, muy acostumbrado a lidiar con crisis (casi su hábitat natural), puso el ingenio y la creatividad (una vez más) para sostenerse también en esta situación inédita. Los primeros días de abril fueron apareciendo, entonces, algunas propuestas concretas:

  • El proyecto Mi librería, ideado por Sebastián Lidijover, que promueve una suscripción de $250 para colaborar con una librería, pudiendo ser utilizado el dinero luego para la compra de libros. Además, con la suscripción se participa de sorteos y beneficios.
  • El plan “Sálvese quien lea”, por el cual más de 25 editoriales y librerías pequeñas y medianas ofrecen más de 120 títulos en precio promocional.
  • Las librerías también pudieron sumarse al plan de Compra Futura, uno de los proyectos más extendidos y del que participan comercios de todo tipo. Organizado por particulares pero con apoyo gubernamental, permite a los comercios realizar ventas que se canjearan con descuentos o beneficios cuando se retome la actividad. La librería Dickens de la avenida Corrientes, por ejemplo, vende cupones a $300 que luego se tomarán al valor de $500.

Por otro lado, las compras de la CONABIP (bibilotecas populares) que regularmente se hacen en el período de la Feria del Libro (postergada), fueron anunciadas el 9 de abril y se harán de manera online, completando un formulario, hasta el día 22 del corriente mes. El programa permite a las editoriales vender grandes volúmenes y a las bibliotecas populares adquirir el material al 50%.

Conocido el decreto y el alcance del mismo, la editorial Godot comenzó a compilar un listado de librerías de todo el país que ofrecen delivery de libros. La demanda es alta y los lectores pueden volver a pedir recomendaciones y sugerencias a los libreros del barrio.

Aún lejos de la situación ideal de abrir al público, las librerías encuentran un respiro en esta nueva modalidad “puerta a puerta”. A la vez, a partir de las distintas propuestas, se tejen alianzas que podrían perdurar y resultar significativas en un mercado altamente concentrado.