La siguiente columna repasa los últimos comportamientos de hinchadas que se sucedieron en distintos estadios del fútbol argentino, con cánticos insultantes hacia Mauricio Macri. Análisis de una reacción inesperada que dispara sobre lo más profundo del corazón futbolero del presidente de la Nación.

De un día para el otro, en forma sorpresiva para propios y extraños, Mauricio Macri se convirtió en blanco de ataques e insultos por parte de algunas hinchadas del fútbol argentino. No es un dato menor que la mística futbolera se le haya puesto en contra a quien hizo de ella su principal arma para catapultar su ascendente y -hay que decirlo- exitosa carrera como dirigente político. Macri inició su espiral triunfante allá por los ´90 como máxima autoridad del club Boca Juniors y hoy, ubicado en lo más alto de la función pública, observa con creciente estupor el crecimiento de los cánticos futboleros en contra de su envestidura, cuestión que obviamente va a contramano de sus deseos más profundos.

Primero fue San Lorenzo en el Bajo Flores. Luego le siguió All Boys en Floresta. Ahora se animó River en Nuñez. Al grito de “Mauricio Macri la p…”, el nuevo hit -sin ser unánime, por supuesto- resonó con fuerza y contó con adherentes en todos los sectores de las tribunas populares y plateas. El tema generó preocupación hasta en los propios seguidores de Cambiemos ligados al ambiente del fútbol. Atilio Costafebre, histórico relator radial de River Plate y confeso simpatizante de Mauricio Macri, sostuvo en Infobae que “yo estoy seguro de que el 60% de la gente que insultó a Macri en la cancha de River lo votó para presidente. Lo mismo debe pasar con la gente de San Lorenzo. El Gobierno debería tomar nota de lo que está ocurriendo y tener en cuenta que esto que pasa desde una expresión política, económica, deportiva y social como lo es el fútbol, va en desmedro de su figura”.

En su libro Cuestión de Pelotas, Pablo Alabarces sostiene que “(el fútbol) es el mayor fenómeno de la comunicación de masas en el mundo” y “una de las prácticas de identificación más fuerte de los sectores populares en la mayoría de los países de Latinoamérica”. (Alabarces, 1996 : p. 20).

No es un dato menor que la mística futbolera se le haya puesto en contra a quien hizo de ella su principal arma para catapultar su ascendente y -hay que decirlo- exitosa carrera como dirigente político.

Las expresiones anti-Macri en el ámbito del fútbol pueden entenderse desde dos lugares: el primero compete al propio mundo de la pelota y el segundo -de espíritu más potente aún- refleja opiniones reprobatorias sobre su gestión presidencial. No se puede afirmar que una mirada sea excluyente de la otra, ni tampoco lo contrario. Lo que queda claro es que Mauricio Macri nunca dejó de lado sus intereses en torno al manejo de la AFA y el negocio del fútbol; encima hoy se encuentra en su momento de mayor influencia en todos los planos. En ese sentido su mayor ladero político es el actual mandatario de Boca Juniors, Daniel Angelici, con quien comparte por ejemplo la peligrosa idea de convertir a los clubes en sociedades anónimas. También resulta evidente el hecho de que el enrarecido clima social post-sanción de la reforma previsional, que tuvo lugar en diciembre pasado, rebajó en forma abrupta las expectativas de confianza en favor del gobierno incluso en un significativo porcentaje de los propios votantes de Cambiemos, lo cual asimismo pudo haber originado los cánticos de bronca en el contexto de la exacerbación enfadada que suele generar un partido de fútbol visto desde las tribunas.

Sea cual sea el motivo de estas manifestaciones de carácter espontáneo, resulta evidente que significan una voz de alarma para el oficialismo -una especie de señal de agotamiento del “tiempo muerto” que se le otorga a cada gobierno entrante en sus dos primeros años- y preocupa al entorno presidencial porque además se manifiesta en un escenario tan popular como son los estadios de fútbol. Los cantos de cancha, tan enfáticamente cargados de amenazas, insultos, violencia e intolerancia, pueden llevar incluso hasta lo más impredecible, que es en este caso golpear a un presidente en el lugar donde más le duele: en lo más profundo del alma futbolera que lo vio nacer como dirigente político.