El Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales se realizó por séptima vez consecutiva. Con sede en la Ciudad de Buenos Aires, este año reunió a dos mil varones para repensar sus privilegios y desarmarlos.

Este fin de semana se realizó por séptima vez consecutiva el Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (ELVA) con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En un año donde la cuarta ola feminista se apropió de espacios públicos y privados, el ELVA captó la atención y despertó reacciones diversas. El encuentro, que reunió a dos mil varones durante de tres días, incluyó talleres (tres veces más que los que se habían realizado en la edición de Córdoba en 2016), paneles con referentes como Marlene Wayar,  Dora Barrancos, Say Sacayán, y una variette cultural. También se incluyó en el cronograma la asistencia a la Marcha del Orgullo LGTB+.

“El crecimiento fue abrupto con respecto a ediciones anteriores – cuenta Juan Pablo, quien forma parte de la coordinación del ELVA-. Se cuadriplicó la cantidad de asistentes que hubo en Córdoba en el 2016. Este año el encuentro tuvo otras características: como la mayoría de los participantes somos varones que formamos parte de organizaciones políticas y sociales, estuvimos atravesados por un contexto donde el feminismo a nivel nacional creció de una manera exponencial. Nosotros también cambiamos en los pisos de acuerdo y debates. La coyuntura marcó el temario, discutimos sobre ESI, otros tipos de paternidades, métodos sexuales no reproductivos como vasectomía, nuevas masculinidades. Se trata de identificar nuestros privilegios para desarmarlos”, aclara el joven mientras anticipa que el año que viene el ELVA será en Montevideo, Uruguay. El Grito del Sur recogió las experiencias y reflexiones de cinco varones que participaron por primera vez del Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales.

¿Qué te motivó a ir?

Gaby: Las pibas avanzan a 120 por hora, peleando por sus derechos y los del resto de la sociedad, interpelando, gritando. Mientras, los pibes vamos sobre una tortuga renga, con un manual sobre masculinidad que está escrito en papiro. Si como militantes sociales buscamos transformar la realidad, debemos empezar por transformarnos a nosotros mismos.

Juan Cruz: Uno de los puntos que me motivó fue la posibilidad de escuchar a compañeros y compañeras de géneros disidentes, ya que si une se posiciona frente al feminismo desde un lugar de varón cis heterosexual, genera un binarismo que es tan retrógrado como no reflexionar acerca del feminismo.

¿Cuál es la diferencia entre este y otros espacios donde se reúnen varones?

Joaquín: Es un espacio mucho más libre para expresarse y para escuchar. La coordinación genera un ambiente de mucha solidaridad y empatía que no se presenta en los típicos espacios exclusivos/excluyentes de varones.

Gaby: Depende en qué otros espacios de varones. Mi grupo de amigos es bastante amplio, pero todos cargan el machismo dentro. Y es innegable. Creo que cada espacio donde se reúnen varones tiene un grado diferente de machismo. Algo que veo es (para mí se volvió banal y molesto) el “porongueo” de ver quién está más deconstruido que otro. Pasa desde organizaciones sociales hasta en pequeños grupos de amigos.

Axel: En muchos lazos de amistad entre varones hay una competencia que refuerza la “complicidad masculina”. Las relaciones surgen a partir de competir, por tamaño del órgano sexual, por cantidad de mujeres con las que estuviste. Me pareció muy interesante el ELVA como espacio para cuestionar situaciones de la vida cotidiana.

¿Qué fue lo que más te incomodó?

Axel: En general fue un ámbito muy cómodo, pero destaco la experiencia que tuve en el taller de “pakis”. Paki, de paquidermo, es la denominación que utilizaban los grupos de homosexuales para referirse a los heterosexuales. El taller buscaba repensarnos a partir de la incomodidad. Tenía como ejes sensibilidad y afectividad, que es todo lo contrario a lo que se espera del estereotipo de un varón. Solo estar frente a frente mirándose con un varón es algo que la cultura heterosexual no promueve, la idea fue convertir un momento de incomodidad en un espacio de confianza.

Juan Cruz:  Puntualmente me incomodó la poca autocrítica que se dio por parte de varios que se perciben en deconstrucción y creo que son categorías inabordables. Hubo un taller donde unx compañere hizo una denuncia pública, acusando a otre de haber abusado sexualmente de una compañera. Fue una situación tensa, pero dio lugar al debate de cómo juzgamos y laburamos con esos compañeres que han tenido actitudes violentas: ya que si se le expulsaba en un espacio de varones, qué lugar queda para repensarse.

¿Lograste identificar alguna violencia que ejercés o ejercieron sobre vos y habías naturalizado ?

Gaby: El mayor problema es tener naturalizadas muchas cosas. Me crié con muchos aspectos machistas pero, a su vez, también cosas que no van con el mandato. Por  “supervivencia” tuve que tomar el rol “varonil”: irme a las piñas con pibes incluso mayores, mostrarme duro, seguro. Y también crecí escuchando a mujeres que sufrían violencia, maltratos, relaciones tóxicas. Sin embargo, la mayor violencia que ejercía era más hacia otros varones que hacia las pibas: “No llores, marica”, por ejemplo. Reproducir en otros este estereotipo de cómo deben ser los pibes, que es lo que a mí me habían inculcado.

Axel: Entendí que también desconstruirse como varones es un privilegio. Nosotros nos deconstruimos cuando se nos plantean dudas o porque nos interpelan las compañeras, pero que no sufrimos las violencias cotidianas que sufren las mujeres y cuerpos feminizados en los espacios públicos, por ejemplo en las calles. También me sirvió para problematizar nuestro lugar en las organizaciones. La estructura partidaria vertical y jerarquizante reproduce la lógica patriarcal: muchas veces los referentes son hombres que toman el rol preponderante y hablan por el resto.

Juan Cruz:  Posterior al Encuentro me encuentro con conductas que ahora sí las entiendo violentas y era clara la naturalización de éstas. Violencias ejercidas desde los privilegios egocéntricos que habilitan conductas donde la otra no entra en escena.

¿Qué panel te llamó más la atención?

Leonel: La reunión del taller de machismo y sindicatos, con la participación de un grupo de 20 compañeros estatales, de la salud, judiciales, piqueteros, docentes, del transporte. Quedó en claro que en los gremios donde la mayoría son mujeres, dirigen hombres, que las víctimas de violencia patriarcal son silenciadas y que, por lo tanto, es necesario contribuir a darle más lugar a la voz de las mujeres en las direcciones sindicales y de los movimientos.