Plenaria de trabajadoras en el 34° Encuentro

Mujeres, sindicalistas y en unidad

Dobles jornadas laborales, inserción desigual en el mercado, precarización en las áreas de trabajo feminizadas y un endeudamiento-país que se traduce en una creciente feminización de la pobreza. El sindicalismo feminista ha sabido visibilizar esta agenda y erigirse en un rol clave al organizar mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries.

El 34° Encuentro Nacional de Mujeres de La Plata (ENM34) constituyó un hecho histórico, bisagra en la historia de los feminismos argentinos. La urgencia por cambiar el nombre para visibilizar la plurinacionalidad y las disidencias sexuales fue ampliamente compartida. En tanto nombrar es un acto eminentemente político, el reclamo se hizo grito colectivo en cada taller, festival e instancia de discusión, y también en la multitudinaria Plenaria de las Mujeres Sindicalistas en Unidad, realizada el sábado 13 de octubre por la tarde ante un desbordante Auditorio de Psicología de la Universidad de La Plata.

Las sindicalistas saben que nombrar implica también subrayar las dobles y triples jornadas laborales que llevan adelante las mujeres y disidencias en el cotidiano, el impacto social del endeudamiento-país traducido en una feminización de la pobreza, las consecuencias de la inserción desigual en el mercado de trabajo, las arremetidas gubernamentales contra la moratoria previsional, así como la extrema precarización en las áreas de trabajo feminizadas. El sindicalismo feminista ha sabido visibilizar esta agenda y erigirse en un rol clave al organizar mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries, atravesadas, además, por una pertenencia racial y/o nacional, o por su condición de migrantes. También asumió como desafío la búsqueda por la transformación de una institucionalidad sindical y política que todavía tiene dificultades para alojar estas demandas en términos de representatividad pero comienza a conmover ciertas estructuras. Todos estos temas formaron parte de la agenda de la plenaria.

Fotos: Abril Pérez Torres

Varias alocuciones de las militantes sindicales destacaron que el primer paro al gobierno de Macri lo realizaron las trabajadoras, quienes fueron tomando conciencia de la especificidad de sus reivindicaciones al calor del movimiento Ni Una Menos. Asimismo, se puso de manifiesto la rápida capacidad de respuesta frente al intento de flexibilización laboral que implicaba el Proyecto de ley «Equidad de género e igualdad de oportunidades en el trabajo». Esta reacción estuvo directamente relacionada con la red de sororidades construida de manera transversal a todos los sindicatos.

Organizar a las personas que ocupan las peores posiciones en un mercado laboral cada vez más precario, flexibilizado y desigual ha sido posible a través de la construcción de lazos en la Intersindical de Mujeres, que anticipó la fusión de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) con la CGT, y la incorporación de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) en esa unidad. Vanesa Siley, oradora inaugural de la plenaria, opinó sobre este punto: “Hace mucho que las mujeres venimos construyendo la unidad. Cuando la CTA de los Trabajadores tomó la decisión histórica de unificarse y unirse con la CGT, nosotras nos encontramos con las compañeras con las que ya veníamos construyendo la unidad. Esa unidad que reclamamos tantas veces al sector político; esa unidad política también la hizo una mujer que se llama Cristina”.

Fotos: Abril Pérez Torres

El feminismo sindical ha sabido también reformular consignas del movimiento de mujeres y disidencias en políticas y construcciones concretas. Durante el desarrollo de la plenaria, Claudia Lazzaro (secretaria de Género en el Sindicato de Obreros Curtidores) se encontraba ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Ginebra y participaba de las sesiones concernientes al Tratado vinculante sobre empresas transnacionales y Derechos Humanos. Allí defendió los derechos de las trabajadoras rurales pertenecientes a pueblos originarios del norte argentino, frente a la desterritorializaciones, el trabajo a destajo, el peonaje por deudas, el trabajo infantil y el  abuso sexual infantil.

Mención aparte merecen las trabajadoras del Estado que, en la voz de Agustina Panissa, manifestaron: “Nosotras no sólo vimos nuestros salarios, nuestros puestos de laburo, siendo embestidos por este gobierno neoliberal, sino que también vimos cómo cada una de las políticas públicas con las que laburamos fueron un derecho menos para el pueblo”. Además, agregó: «En estos cuatro años la única cara de contención que le quedó al Estado fue la que construimos las trabajadoras y los trabajadores. Y eso es un punto en el que nunca vamos a retroceder”. De cara a los horizontes que se abren a partir del 27 de octubre con las elecciones presidenciales, Panissa resaltó la convicción del movimiento sindical feminista por “ser parte de las discusiones en torno a la reconstrucción del Estado”. Aclaró además: “No somos ni fuimos ni vamos a ser neutrales. No nos da lo mismo un gobierno que hambrea, no nos da lo mismo un gobierno que elimina el Ministerio de Trabajo o el Ministerio de Salud”.

Foto: Abril Pérez Torres

A esta caracterización del vaciamiento del Estado se sumaron las críticas de las militantes de SiTraJu respecto del funcionamiento de la justicia patriarcal, la denuncia de las aeronavegantes hacia las políticas que benefician a las empresas privadas en detrimento de Aerolíneas Argentinas, las luchas de docentes y auxiliares que sostienen día a día una educación pública desfinanciada y desacreditada por la política oficial. El consenso giró en torno a la importancia de recuperar las mejores tradiciones sindicales históricas, tales como los programas de La Falda y Huerta Grande y de un sindicalismo que discuta un modelo de Estado y un proyecto de país.

La potencia y velocidad con la que se politizaron las luchas del movimiento de mujeres y disidencias en las calles y en los sindicatos en los últimos cuatro años, cobró forma programática en las plataformas y permeó los discursos políticos hegemónicos. Es en esas demandas de la mayor parte del campo popular donde se puede y se debe construir un proyecto de país antineoliberal. Esto es así porque el neoliberalismo se asienta en una estructura de género desigual, para generar formas de trabajo que se desarrollan en condiciones de extrema vulnerabilidad, y se benefician de la invisibilidad histórica de ciertos colectivos de trabajadores.

En los días que corren, las mujeres sindicalistas y trabajadoras de la economía solidaria y popular vuelven a tomar protagonismo, saliendo a la cancha para dar la disputa en el escenario electoral. De la misma manera en que su creciente incorporación a las posiciones de poder en los sindicatos resulta elemental para poder implementar en las discusiones paritarias y convenios colectivos, una mirada transversal de género que comience a saldar desigualdades históricas, la traducción político partidaria de éste fenómeno, con su consecuente inclusión en las listas, es clave para poder llevar esa mirada y experiencia acumulada a las instituciones gubernamentales donde se definen el futuro de un país y las condiciones de vida del pueblo. Algunos ejemplos de x feministas sindicales que integran las listas de diputados y senadores nacionales y provinciales y los consejos deliberantes son Claudia Ormaechea de La Bancaria como candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires, Maria Reigada de la CTA de Trabajadores de la localidad de La Matanza, y Soledad Alonso de Secapi. En el interior, Patricia Mounier de Sadop Santa Fe, Natalia Ocampo de La Bancaria en Rosario, Laura Navarro en Mendoza, y Graciela Aranda en Chaco, entre otras.