Machismo en los medios, las redes y la militancia

Violencia política: de las carteras de CFK a los anteojos de Vizzotti

Les funcionaries deben soportar las acusaciones recibidas en los medios, pero ¿dónde se traza la línea que separa la crítica de la violencia política? Especialistas reflexionan sobre los ataques hacia las mujeres y qué consecuencias tiene en aquellas que aspiran a hacer una carrera política.

El domingo 12 de julio, el conductor Jorge Lanata se burló de la secretaria de Acceso a la Salud de la Nación, Carla Vizzotti, por los anteojos que la funcionaria usa durante las conferencias de prensa que brinda todos los días para informar sobre la pandemia de COVID-19. Los comentarios peyorativos hacia mujeres que ocupan espacios en la escena política son un fenómeno viejo y, a pesar de los avances del feminismo, continúan a la orden del día y no distinguen partidos políticos. Especialistas conversaron con El Grito del Sur para reflexionar por qué se mantiene vigente esta violencia hacia las mujeres y qué consecuencias tiene en aquellas que aspiran a hacer una carrera política.

“La violencia política tiene distintas manifestaciones y se intensifica cuando la mujer ocupa un espacio de poder, pero también se manifiesta en lugares más cotidianos como son los espacios de militancia”, explica Agustina Gradin, licenciada en Ciencia Política e integrante del Observatorio Julieta Lanteri de Fundeco. El año pasado, la institución lanzó el libro “No son las reglas, es violencia”, una investigación realizada a partir de 520 entrevistas a mujeres de todo el país sobre su percepción de la violencia a lo largo de su trayectoria política. “Nueve de cada diez mujeres manifiestan haber sufrido este tipo de violencia”, afirma Gradin.

Según la integrante del Observatorio, la violencia política se manifiesta, en mayor medida, de manera simbólica. “Cuando las mujeres se animan a dar el salto a la política, son cuestionadas por sus roles de madre, de ama de casa, roles vinculados al espacio privado, o por su aspecto físico -señala Gradin-. La violencia machista tiene ese carácter disciplinador: se ejerce hacia una, pero disciplina al resto del colectivo de mujeres y ni hablar si pensamos en mujeres lesbianas, travestis o trans”.

Sexismo en los medios de comunicación

En las redes sociales y ciertos medios de comunicación circulan mensajes sobre el aspecto de las funcionarias públicas: los anteojos de Carla Vizzotti; el aspecto físico de Ofelia Fernández; los “duelos de looks” entre las parejas de candidatos a presidente; las carteras y/o el tono de voz de Cristina Kirchner; el peso de Elisa Carrió y la lista sigue. Pero la Doctora en Ciencias Sociales, investigadora del Conicet y directora nacional de Políticas de Género en el Ministerio de Seguridad de la Nación, Carolina Justo von Lurzer, advierte que es necesario analizar a los medios como parte de los procesos sociales. “Los públicos no incorporan visiones sexistas porque lo que los medios digan, sino que se retroalimentan. El patriarcado existe desde antes de las industrias culturales”, afirma.

Les funcionaries deben soportar las acusaciones en los medios, pero ¿dónde se traza la línea que separa la crítica de la violencia política a las mujeres? Según Wanda Fraiman, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), primero se debe distinguir si el mensaje se trata de información o de opinión. “Otra cuestión alude a cuando se realizan expresiones que tienen que ver con la esfera íntima o personal de esa figura pública y que poco podría tener que ver con su función laboral”, agrega.

Fraiman explica que la Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió que “aún las personalidades públicas merecen tener la posibilidad de reservar para sí mismas y sus allegades, la información que les afecta en lo más preciado de su persona”. “Esto podría ampliarse, por ejemplo, a las calificaciones sobre el cuerpo de las mujeres o las disidencias en la política porque no hacen a su función pública”, apunta la docente e investigadora.

“A las mujeres se las ataca según los patrones hegemónicos de la belleza, pero también se las ubica en la banalidad del consumismo, como pasó con las carteras de Cristina o el tapado de María Julia (Alsogaray) -ejemplifica Justo von Lurzer-. (En el caso de los varones,) a (Néstor) Kirchner se lo tildaba de bizco, a (Horacio Rodríguez) Larreta de feo. Cuando la discusión se obtura a partir de la descalificación personal, me parece que es más un rasgo de las estrategias de debate político que algo que esté vinculado sólo a la descalificación de las mujeres”. Estas críticas, aclara la investigadora de Conicet, se disparan en todo el espectro político.

Ataques en redes sociales

Durante la campaña electoral del año pasado, el Observatorio Julieta Lanteri, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) y el observatorio de la Copal hicieron un seguimiento de las candidatas en redes sociales para monitorear la violencia sufrida por ellas. “En las redes se intensifica este tipo de violencia simbólica hacia las mujeres”, afirma Gradin.

Una víctima frecuente de estos ataques es la legisladora porteña Ofelia Fernández. Incluso después de las elecciones de octubre y de convertirse en la legisladora más joven de América Latina, Ofelia fue criticada por su edad, su aspecto físico y su militancia feminista, entre otros aspectos.

“Los varones sufren menos violencia simbólica sobre su aspecto físico, nadie cuestiona cómo se ve un candidato varón -señala la integrante del Observatorio-. Las candidatas mujeres reciben más violencia de este tipo, que tiene que ver con su aspecto más que con su capacidad política. Tiene que ver con el rol de la mujer como acompañante del varón, como primera dama. Esa figura la rompió Evita”.

La violencia política en espacios de militancia

Al interior de las organizaciones políticas, Gradin afirma que existen “roles estereotipados”. “Esto se manifiesta en el uso de la palabra en el espacio público, el varón es el que da el mensaje final aunque haya mayoría de mujeres, como pasa en los movimientos sociales -explica-. También pasa en la distribución de las tareas, dado que las mujeres se encargan de salud, género, familia, ya sea las comisiones del Congreso o en sindicatos”. Hasta ahora, sólo una mujer, Susana Rueda, ha ocupado un lugar en la conducción de la CGT.

La escasez de mujeres en puestos de liderazgo, agrega Gradin, genera desaliento en otras mujeres que quieren hacer carrera política. “Otras barreras son las materiales que tienen que ver con la organización de la militancia que muchas veces no contempla las tareas de cuidado que recaen sobre las mujeres”, señala.

Para Justo von Lurzer es preocupante, además, el “fuego amigo”: compañeros que ningunean el trabajo de las mujeres o la invisibilización de éstas en las fotos de gobierno. “(Las fotos) están masculinizadas en un doble sentido: porque a las mujeres no se las convoca, aún cuando hay, pero también porque muchas veces los cargos de primera línea no están ocupados por mujeres”, afirma. La investigadora recomienda que se expliciten esas condiciones, que se saquen las fotos con mayoría de funcionarios varones, pero que se reconozca que en esa imagen faltan mujeres.

Violencia y paridad de género: las transformaciones normativas

Tanto Gradin como Justo von Lurzer destacaron la importancia de las leyes nacionales que fomentan y protegen la participación de las mujeres en la política, entre las que están la Ley Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres -donde el año pasado se incorporó la categoría de violencia política- y la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política, que debutó en las elecciones de 2019 con la paridad en las listas.

“Es interesante pensar que estas transformaciones normativas facilitan la posibilidad de inserción, que ubica a las mujeres en un lugar de decisión, pero no hay un acompañamiento acompasado de esto en la vida cultural. Ahí se produce el hiato -opina Justo von Lurzer-. Aún habiendo tenido presidenta, gobernadoras, ministras, sigue siendo inaceptable que sean las mujeres quienes decidan sobre la cosa pública. Por eso hago una diferencia entre la normativa y el imaginario social”.

“Son tus pares las que te empoderan”

Para superar la violencia política, Gradin y Justo von Lurzer sostienen que se debe apostar a la transformación cultural. “Hay que hacer campañas de concientización porque son prácticas que incluso las mujeres tenemos naturalizadas -sostiene Gradin-. Como dijo Rita Segato, tenemos que construir una forma feminista de hacer política”.

Asimismo, ambas especialistas opinan que se deben crear condiciones que posibiliten y favorezcan la participación de las mujeres. Por ejemplo, ilustra Gradin, en la Legislatura porteña “se logró que las sesiones no sean por la noche” para que padres y madres puedan estar con sus hijes a la hora de cenar y dormir.

“Hay que hacer lo mismo que se hizo en todos los ambientes en la historia: tender una red de aliadas y aliados -afirma Justo von Lurzer-. No lo digo desde un punto de vista biologicista, pero que haya mujeres que abrazan una perspectiva de género favorece la posibilidad de que otras lleguen. Es el famoso ‘hacernos piecito’ del feminismo donde son tus pares las que te empoderan”.

El primer paso es visibilizar el problema y empezar a discutirlo.