Grandes fortunas, pequeñas miserias

El proyecto de ley que busca gravar por única vez a las grandes fortunas, ya en tratamiento dentro de Diputados, volvió a poner en agenda el debate sobre la distribución de riqueza en el país y reavivó los discursos de la falsa meritocracia. Mariana Heredia y Victoria Gessaghi, investigadoras del Conicet, analizan el comportamiento de los ricos en clave histórica.

Ayer comenzó en la Cámara de Diputados el debate del proyecto de ley que busca gravar por única vez a las 12 mil personas físicas más ricas del país, con un patrimonio declarado que supere los 200 millones de pesos al 31 de diciembre último. Esta medida le permitiría al Estado recaudar unos 300 mil millones de pesos. El Aporte Solidario Extraordinario, también conocido como impuesto a las grandes fortunas, reavivó el debate en nuestro país acerca de la necesidad de una mayor redistribución de la riqueza. Es cierto que la pandemia aceleró la crisis económica y con ello las múltiples necesidades sociales, pero el complejo escenario actual se vio magnificado por cuatro años de macrismo que agrandaron la brecha entre ricos y pobres.

A diferencia de multimillonarios como Bill Gates, quien recientemente pidió que los ricos paguen más impuestos, en Argentina los más ricos volvieron a hacer gala de su “meritocracia” -concepto contrario a la aristocracia del dinero y los privilegios heredados para justificar sus patrimonios y rechazar cualquier tipo de gravamen.

Sin embargo, los ricos argentinos que reclaman meritocracia están muy lejos de ejercerla. De acuerdo con un informe del Peterson Institute for International Economics, publicado en el año 2017, el 80 por ciento de los millonarios en nuestro país alcanzaron su fortuna a partir de la herencia. Este valor se encuentra muy por encima del promedio regional y mundial: Latinoamérica posee el 49% de sus millonarios fruto de haber recibido el dinero de sus progenitores, mientras que la media mundial es del 30,4%.

Dificultades en el registro de las grandes fortunas

La revista Forbes difundió en junio del año 2018 el listado de las 50 personas o familias más ricas de la Argentina. Allí se destacaban Paolo Rocca (Techint), Alejandro Bulgheroni (Axion Energy), Gregorio Pérez Companc (Molinos Río de la Plata), Eduardo Eurnekian (Corporación América), Gerardo y Adrián Werthein, Alberto Roemmers, Hugo Sigman (Grupo Insud) y Marcos Galperín (Mercado Libre). Además de la ausencia de mujeres dentro del “Top-Ten”, las 50 grandes fortunas ya amasaban en ese momento un patrimonio de 70 mil millones de dólares; no obstante, esto representa en muchos casos apenas el dinero blanqueado o declarado.

“Hay un gran problema de datos para saber quiénes son los ricos, dónde están y cómo hicieron sus fortunas. Casi todas las medidas de desigualdad que manejamos, entre las que aparece el Índice de Gini, están construidas sobre Encuestas Permanentes de Hogares (EPH), donde están subrepresentados los hogares con mayor patrimonio. A partir de la experiencia de Piketty, se empezaron a usar las declaraciones tributarias para mirar a los ricos, que tampoco son igualmente eficaces en todos los países y dependen de los niveles de evasión”, explica a El Grito del Sur Mariana Heredia, Doctora en Sociología e investigadora adjunta del Conicet.

Precisamente, el ocultamiento de las riquezas en paraísos (guaridas) fiscales revela la debilidad estatal frente a los sectores con mayores recursos. Heredia agrega que “parte de los cambios que se dieron a partir de la década de 1970 tuvieron que ver con que el capital se volvió mucho más líquido y móvil, proliferaron las guaridas fiscales por ejemplo. El universo de la riqueza es transnacional, incluso los que residen en Argentina colocan su riqueza en el extranjero. Eso le plantea grandes desafíos a este proyecto de ley”.

«Los impuestos son antipáticos para todos los grupos sociales»

El modo en que se hicieron las grandes fortunas en nuestro país acompañó los bruscos cambios en la producción económica. Así como a principios del siglo pasado estas fortunas eran exclusivamente agropecuarias, en la actualidad están vinculadas principalmente al sector financiero y los bancos, pero también a posiciones mixtas. Por esta razón, hoy conviven -con diferentes grados de tensión que varían de acuerdo a las coyunturas históricas- familias ricas de origen «patricio» junto a muchos otros que se sumaron a este lote privilegiado en las últimas décadas.

¿Cómo recibieron las 12 mil personas más ricas la noticia del Aporte Solidario Extraordinario? De acuerdo con Victoria Gessaghi, Doctora en Antropología Social y también investigadora del Conicet, “el Estado -aún cuando todos tienen vínculos con éste a partir de distintos negocios- siempre es visto como un agente que viene a entorpecer un mercado que generaría ingresos genuinos. Eso no significa que no haya ricos solidarios, pero ven la solidaridad de otra forma: por ahí realizan donaciones o tienen organizaciones filantrópicas donde financian, por ejemplo, proyectos educativos. Pero no es lo mismo para ellos un impuesto recaudado por el Estado, que hacer la donación de una gran suma de dinero donde ellos pueden decidir a dónde va ese monto”.

Desde otra mirada, Mariana Heredia plantea que “los impuestos son antipáticos para todos los grupos sociales. Dentro de las clases altas, se debe estar dando la misma discusión que en las clases medias: ¨nadie me avisó que me iban a cobrar esto y de repente me lo cobran a valores de diciembre de 2019¨. Es decir, objeciones legales y morales va a haber porque -a diferencia de lo que se piensa a veces- cuando la torta se achica, se achica para todos. No necesariamente todos los ricos sacan ventaja de esta situación de pandemia”.

Imagen histórica del Jockey Club Buenos Aires a comienzos del siglo XX
Falsa meritocracia y desafío de cobrarle a los que más tienen

Gessaghi cuenta a este medio que hace algunos años entrevistó a grandes productores agropecuarios que habían heredado todas sus tierras y fortunas de los antepasados. A lo largo de esas charlas apareció un nuevo concepto de «meritocracia» producto de la adaptación a los tiempos que corrían. “En la medida que se aggiornaron al cambio tecnológico que experimentó el sector, ellos planteaban que ¨se hicieron solos¨. Es decir, se jactaban de haber renovado y vuelto competitivas empresas agropecuarias. Esa legitimación de la gran fortuna se da no sobre la herencia, sino sobre modos distintos de ir construyendo esta idea meritocrática. De esa forma se invisibiliza ese punto de partida disímil y sumamente desigual respecto al resto de los mortales”, señala la Doctora en Antropología Social.

El impuesto a los ricos forma parte de un nuevo sentido común de época: existe un amplio consenso social de que los millonarios deben aportar una parte de sus colosales recursos para afrontar la crítica situación económica que se vive en el país. De acuerdo con una encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) publicada en mayo de este año, el 78% de los argentinos y las argentinas está de acuerdo con el impuesto a las grandes fortunas. Sin embargo, como en otras iniciativas de esta naturaleza, el principal desafío estará en sortear todos los obstáculos que pongan estos sectores acaudalados para evitar la recaudación de los 300 mil millones de pesos que se puso como fin el proyecto de ley.

“Los ricos saben probablemente mejor que el resto de la sociedad argentina de la dificultad que tiene el Estado para hacer cumplir aquello a lo que se compromete. Y son incluso más avezados que los funcionarios económicos para entender las trampas que existen a nivel impositivo, como para eludir aquellas reglamentaciones que les son más perjudiciales. Entonces la gran batalla que tiene por delante un gobierno progresista, si quiere hacer tributar a los ricos, es menos persuasión o hacer legítima esta iniciativa -que está aprobada por la mayoría de la sociedad- y más hacerla viable o efectiva. También hay que ser cuidadosos porque la Argentina necesita capitales para que su economía arranque, o sea lograr este impuesto extraordinario sin desalentar la inversión”, concluye Heredia.

 

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Sebastián Furlong

Comunicación (UBA). Periodista hecho desde abajo, con los pies en el barro. Fanático del fútbol y analista de la política.