Cuando viene la noche, todos los gatos son pardos: del gatopardismo y la doctrina del shock

🦁 "Necesitamos que algo cambie". Una señora de Chaco, un pibe que labura en Rappi, un padre de familia precarizado del Conurbano. Todos tienen algo en común: para ellos, el Estado -y quienes lo gestionan- aparecen como parte de una estructura “gatoparda”.

“Estoy cansado de cambiar para que nada cambie”, dice Joaquín, un militante de 25 años que viajó desde Formosa para asistir al búnker de La Libertad Avanza. La frase de Joaquín fue espontánea y, sin embargo, encaja perfecto con la idea de “Gatopardismo”. El término, acuñado por el escritor Giuseppe de Lampedusa en la novela “El Gatopardo”, refiere a la necesidad de cambiar para que todo se mantenga igual. En Ciencia Política se suele utilizar para hablar de la aplicación de reformas distractivas como método para sostener el poder de un determinado grupo. 

La palabra “cambio” se repite con frecuencia entre quienes aguardan los resultados. “Necesitamos que algo cambie”, dicen. Algunos de los que esperan los resultados, hablan sobre sus malas experiencias con la educación pública a lo largo de los años. Otros prefieren contar sobre aquella vez que tuvieron que esperar por varias horas para ser atendidos en un hospital público, o de la cantidad de veces que les robaron en la calle. Aunque hubo reformas, sostienen que nada cambió. 

Quizás el testimonio más llamativo es el de Nadín, una mujer de mediana edad proveniente de Chaco que empezó a militar con Milei, preocupada por la desnutrición de la comunidad Wichi. Aunque duela, es probable que haya una gran cuota de verdad en esos relatos. En la plataforma de Milei, la demanda económica y la exigencia de la dolarización es fundamental. Aún así, también es lo suficientemente elástica como para dar lugar y brindar posibles respuestas ante preocupaciones muy diversas. La valla de los que acuerdan por “el peluca” es ese terreno donde convive una familia de clase popular, con defensores de las armas, estudiantes precarizados y alguna señora vestida con abrigo de piel. Todos tienen algo en común: para ellos, el Estado -y quienes lo gestionan- aparecen como parte de una estructura “gatoparda”. 

A las 21:50 Victoria Villarruel, diputada nacional y compañera de fórmula con Javier Milei, reclamó arriba del escenario por la publicación de los datos oficiales de las mesas escrutadas: “Tenemos la información de que hay números muy elevados para La Libertad Avanza”. Luego agregó: “Los argentinos merecemos saber cuál ha sido la voluntad de los votantes de nuestro país”. De fondo suena la canción “Jijiji” de Los Redondos. Si algo demostró Milei es que casi todo reclamo o consumo cultural es susceptible de ser reconvertido. Así como la canción compuesta por el Indio Solari puede devenir en un himno contra la casta, la democratización de la información correspondiente a las elecciones puede ser una demanda propia de la derecha radical. 

La excitación crecía a medida que se difundían los resultados. Cerca de las 22:30 ya había unas 1000 personas. Si la convocatoria fue espontánea o planificada -o una mezcla de ambas- es imposible de saber. No obstante, hay una escena que resume muy bien el clima que se vivía en aquel momento: Analía, una repartidora de 29 años, escuchó los festejos y frenó la bicicleta. La siguieron tres compañeros. Nunca bajaron, pero les brillaban los ojos. En determinado momento, Analía no aguantó más y rompió en llanto. Un integrante de la juventud libertaria la vio y le tomó una foto junto a los otros repartidores: “Mírenlos bien, ellos son a quién representa el Partido Libertario”. Cinco minutos después partieron tras el llamado del algoritmo de Rappi. 

Los cambios que introdujo la digitalización en los últimos cinco años son innegables: la economía de plataformas forma parte de la realidad cotidiana. El 1º de mayo de este año, Milei publicó una foto junto a varios trabajadores de Rappi acompañado por el saludo “Feliz día del trabajador”. Es que a la derecha -aquella que defiende lo individual por sobre lo colectivo- no le cuesta entablar un diálogo fluido con el nuevo mundo del trabajo. Mientras tanto, la izquierda, o el progresismo, no encuentra las palabras para nombrarlos. En última instancia, son tilingos o desclasados. 

El resultado de la elección -Javier Milei fue el precandidato más votado, con el 30% de los votos- sorprendió a todos y a la vez, no. Por los eventos recientes de la coyuntura política -el aumento del dólar, el asesinato de Morena, etc.- se sabía de antemano que las cifras de La Libertad Avanza serían elevadas. En principio, los resultados de las elecciones provinciales trajeron un poco de calma. Casi ninguno de los candidatos para la gobernación alcanzó más del 5% de los votos. Incluso hubo denuncias por supuesta venta de cargos. Aún así, con el diario de hoy, y los resultados de las PASO nacionales, sabemos que Milei fue el candidato más votado en 16 de las 24 jurisdicciones. Este dato revela que más allá de la pregnancia de las ideas de la libertad, la campaña sostiene un fuerte eje personalista. “A mí me gusta todo lo que diga Milei”, explica un militante mientras salta al son de “Se viene el Estallido”, de la Bersuit. 

A las 23:00, el triunfo de Milei ya era un hecho. En ese momento habló sobre el escenario. “Estamos ante el fin del modelo de la casta, basado en esa atrocidad de que donde hay una necesidad nace un derecho, pero se olvidan de que alguien lo tiene que pagar. Cuya máxima aberración es la justicia social”, declaró. Luego concluyó: “Esta elección no sólo dará fin al kirchnerismo, también a la casta parasitaria, chorra, inútil, que hunde al país».

En “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre”, la periodista Naomi Klein afirma que el ser humano es mucho más vulnerable a ceder si antes atraviesa por un período de shock y crisis que lo desbalancea y lo sacude. La victoria de Milei generó una suerte de shock. Nadie niega el temblor. Aún así, también funciona como una suerte de advertencia. Faltan poco menos de dos meses para las elecciones generales. Reaccionar ante la descarga eléctrica o inclinarse por la quietud es parte de las decisiones que deberá tomar cada espacio político. Incluso en medio de la incertidumbre, hay algo que es claro: el escenario político y social cambió de forma abismal, las preocupaciones no son las mismas de hace 4 años y el gatopardismo ya no es una alternativa válida. 

Lo último que se escuchó fue el estruendo de los fuegos artificiales. De lejos parecían bombas que cortaban la noche cerrada. Después solo hubo silencio. 

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Julieta Bugacoff

Es estudiante de antropología (UNSAM) y egresada de periodismo (TEA). Trabaja como periodista y fotógrafa freelance y colabora con El Cohete a la Luna, Infobae y El Grito del Sur, entre otros medios. Tiene un gato fanático de los fideos con salsa, y milita en el ejército revolucionario de la menta granizada.