Educación sexual: entre el tabú y la viralización

El pasado 16 de noviembre los diputados del PRO realizaron un nuevo boicot a la regulación de la Ley de Educación Sexual Integral al ausentarse a la reunión exigida por los integrantes de distintas agrupaciones para pedir explicaciones acerca de la distribución del presupuesto.

El pasado 16 de noviembre los diputados del PRO realizaron un nuevo boicot a la regulación de la Ley de Educación Sexual Integral al ausentarse a la reunión exigida por los integrantes de distintas agrupaciones para pedir explicaciones acerca de la distribución del presupuesto.

La ley de ESI, promulgada en el año 2006 deja estipulado que cualquier alumno que concurra a alguna escuela publica de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene derecho a recibir educación sexual. Sin embargo esta ha sido sigilosamente boicoteada por el gobierno de Cambiemos a través de recortes de vacantes para los cursos de formación docente, falta de material y mermas presupuestarias.

Paralelamente en la provincia de Tucumán un grupo religioso conocido como “Junta Arquidiocesana de Educación Católica” reaccionó ante la decisión del gobierno provincial de adherir a la Ley 26.485 ley de protección integral a las mujeres, que incluye el cumplimiento del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. Esta agrupación dejó sentada la importancia de que la educación sexual sea reducida únicamente al ámbito domestico, pues sino se trataría de una “colonización ideológica”.

 

Frente el boicot silencioso del gobierno y los espavientos de la Iglesia parece ser momento de reflexionar sobre como abordamos los argentinos la educación sexual tanto en el ámbito público como en el privado. Resulta importante comenzar aclarando algunas cuestiones: la ausencia de educación sexual integral no hace, ni hará –muy a pesar de los deseos eclesiásticos- que dejemos de hablar de sexo. El sexo está presente en todo nuestros actos y no sucede solamente en la cama. El niño que no recibe ESI no es un niño que no va a hacer preguntas, sino un niño sin respuestas.

Por creencias religiosas, por presiones sociales o por simple pudor la educación sexual es un tema ríspido. Nuestra sociedad se escandaliza cuando se habla de sexo en las escuelas pero permite que el tema sea “manoseado” -nunca más acertado el término- en otros espacios. El sexo viral, cosificado, estereotipado, superfluo, está más presente que nunca: todo tipo de productos se venden a través de mujeres semi o totalmente desnudas, desde geles lubricantes hasta helados de palito pasando por seguros de coches y quesos blandos. Esta proliferación de imágenes sexualizadas genera la fantasía de estar hablando de sexo, cuando en realidad no es así.

Desde una perspectiva de genero, creemos que hablar de sexo de manera clara, seria y con las palabras adecuadas es una herramienta más para empoderarnos sobre nuestros propios cuerpo y deseos. Históricamente el deseo sexual de la mujer estuvo relegado al del hombre y, aunque se han generado grandes cambios a lo largo del tiempo aun sentimos en carne propia los mandatos que impone el régimen patriarcal. La idealización de la virginidad, la reducción del sexo al coito y el control de la anti-concepción sobre nuestros cuerpos son algunos de los muchos debates no resueltos que debemos darnos.

La naturalización de que una pareja debe ser entre un hombre y una mujer. La hipersexualización del hombre como un personaje que no puede contener la libido y la pasividad de la mujer continúan tan vigentes como opresivas para el grueso de la sociedad.

No hablar de sexo no va a hacer que el sexo vaya a desaparecer, sólo se va a convertir en algo más contaminado, ultrajado y probablemente menos placentero. Necesitamos tener herramientas espacios y debates que nos permitan conocernos sexualmente propiciando el respeto propio y ajeno. La desarticulación del programa de educación sexual integral no nos va a evitar el momento incomodo de hablar de sexo con nuestros hijos, sobrinos o menores a cargo, al contrario nos va a condenar a la hipocresía y la disfuncionalidad.