Las tres fueron protagonistas de buena parte de los conflictos laborales que se sucedieron unos a otros en estos 15 meses de gobierno de Mauricio Macri. Las tres son importantes dirigentes gremiales. Las organizaciones que conducen enfrentaron despidos, perforaron el techo paritario y se animan a plantear un modelo alternativo de país. Las tres (Vanessa Siley, de Sitraju, Alejandra Estoup, de La Bancaria y Cecilia Castro, de ATE Capital) dialogaron con El Grito del Sur sobre el 8M, la democratización de los sindicatos y los desbordes en el último acto de la CGT.

Vanessa Siley, secretaria general de Sitraju: “Las mujeres estamos siendo la principal variable de ajuste del Gobierno”

 

Vanesa Silley es secretaria general del Sitraju, el gremio de los judiciales de Capital Federal. Le ganó por paliza -más del 85 por ciento de los votos- las elecciones internas de delegados nada menos que a Julio Piumato, quien, derrotado, mandó a intervenir el sindicato. Desde entonces el Sitraju es el gremio mayoritario de los judiciales porteños, que optaron por un camino similar al trazado por los trabajadores del subte años atrás: fundaron una nueva organización para enfrentarse a la “burocracia”. Vanessa es una de las pocas referentes femeninas de la Corriente Federal, la línea interna de la CGT encabezada por el bancario Sergio Palazzo. Abiertamente opositora a Cambiemos y referenciada con el gobierno de Cristina Kirchner, dice que la Corriente “es un faro”, porque tiene un proyecto definido de país: estatización de la banca y el comercio exterior, ley de entidades financieras, desarrollo industrial y pleno empleo. En Diálogo con El Grito del Sur, sostiene que “las mujeres son la principal variable de ajuste” del Gobierno.

 

— Este año, la columna del 8M la encabezaron las mujeres organizadas sindicalmente, con la bandera de sus gremios. ¿Qué balance haces de esa apuesta?

— Fue una jornada de lucha impresionante protagonizada por mujeres trabajadoras porque terminamos siendo nosotras la principal variable de ajuste de este Gobierno. Las mujeres estamos siendo protagonistas de la pelea contra el ajuste, y sus reivindicaciones forman parte hoy de la agenda del movimiento sindical. Fundamentalmente hay un trabajo invisible de las trabajadoras mujeres que estamos haciendo valer como trabajo, aunque sea difícil: tenemos una triple jornada laboral, porque además del trabajo se le suman las tareas domésticas, y más si una milita, estudia y busca formarse.

— ¿Cómo se expresa el machismo en el ámbito sindical?

— Es igual que en todos los ámbitos. Hace poco, una nota publicada en el diario El Cronista decía que el sindical es el ámbito más misógino que todas las instituciones de poder; no estoy de acuerdo, el machismo atraviesa a todas las instituciones de poder en su conjunto. Sobre todo en las bases es donde más activismo de mujeres hay, y también en las provincias, el problema es que no aparecemos visibilizadas. Y más ahora, cuando en todos los espacios de organización sindical, las mujeres ya enfocamos esa problemática como un techo de cristal que hay que romper. En lo cotidiano, en mi caso particular, como secretaria general del gremio, puedo decir que cuesta el doble que a los varones el ejercicio de la referencia, una tarda más tiempo quizás en imponer el respeto necesario para ejercer el liderazgo. La desventaja es la presunción de que el hombre es más capaz.

— ¿Y en el ámbito judicial?

Sufrimos buiyling laboral, discriminación de género, violencia de toda clase. Para nosotros, hay un modelo alternativo, una referencia que está acá nomás: países como Venezuela, Ecuador y Bolivia han incorporado en sus recientes nuevas constituciones la paridad total de género en las instituciones judiciales. En argentina estamos recién en la discusión del cupo, pero para nosotros la paridad es el horizonte.

— ¿Qué lectura haces de la movilización de la CGT del martes?

— Claramente hubo un desborde de las bases, que creo se produzco a partir de un grave error de conducción: los trabajadores esperaban una fecha de paro concreta y no la hubo.


Alejandra Estoup, secretaria general de la Bancaria Provincia de Buenos Aires: “El sindicalismo es tan machista como toda la política”

La democracia tenía apenas unos meses de vida cuando Alejandra Estoup fue elegida como delegada de la sucursal del banco donde trabajaba. Quedó embarazada de su primer hija, y sus superiores decidieron recortarle sueldo y categoría. “Estaba indignada. Esa situación -le contó a El Grito– me incentivó a profundizar la militancia”. Hoy es una de las referentes mujeres del sindicalismo argentino: es seretaria general de la bancaria de provincia, el gremio que antes que ningún otro perforó el techo del 18 por ceinto que el Ejecutivo quiere imponer en las paritarias de este año. No son muchas las dirigentes mujeres como ella aunque, como explica, se da la paradoja que las mujeres trabajadoras son quienes “están ganando la calle” para enfrentar el modelo económico.

— Este año, la columna del 8M la encabezaron las mujeres organizadas sindicalmente, con la bandera de sus gremios. ¿Qué balance haces de esa apuesta?

— No fue para nada casual, fue una decisión importante: los trabajadores, y las mujeres en concreto, venimos ganando las calles con nuestros reclamos. Como sindicalista que soy, veo que este es un momento histórico en el que se están sumando los movimientos sociales a la organización gremial, en una unidad que abarca por supuesto al colectivo de mujeres. El hecho de que encabezáramos las mujeres trabajadoras es de todas formas un mensaje más amplio que el gremial: todas las mujeres somos trabajadoras, tengamos o no un trabajo formal. Quiero decir que tenemos que lograr ese reconocimiento del trabajo a las amas de casa, empleadas domésticas, todas las mujeres que trabajamos en las casas, lo que es también un trabajo y debe ser considerado como tal.

— ¿El ámbito sindical es tan machista como se suele creer?

— El sindicalismo es tan machista como lo es la política. Claro que existe el machismo en nuestro ámbito de militancia, y se puede ver claramente. Pero otros ámbitos, como el empresarial, tienen sólo un 13 por ciento de mujeres en espacios de conducción. Nosotros tenemos un 30, que es el cupo que conseguimos hasta ahora. No es lo que queremos, pero no es lo más machista.  Además tenemos una ventaja: somos nosotras, nuestra clase, la que en todo caso tiene las posibilidades de cambiar, con militancia, las dinámicas y la cultura interna. Es más difícil, creo, entre la clase empresarial, donde el poder lo tienen otros.

— ¿Cómo se expresa la desigualdad entre varones y mujeres entre los trabajadores bancarios?

— Lo más visible es que, a nivel mundial, las mujeres bancarias ganan un 33 por ciento menos que los varones por igual trabajo. En argentina la brecha es de un 23 por ciento.  Mal de muchos, consuelo de tontos, tiene que haber cero de brecha, pero estamos mejor que en otros países del mundo.

— ¿Recordas especialmente alguna experiencia traumática de abuso laboral?

— Me tocaron varias, no puedo negarlo. Pero hubo una que me marcó: estaba embarazada de mi primer hija, año 83, ya era delegada de mi sede. ¡Me bajaron la calificación por estar embarazada! No podía permitir que se me negara el deseo de ser madre. Estaba tan indignada que me determinó en el camino que tomé después, de militar cada vez más.

— Esa situación es difícil de imaginarla hoy en día…

— No tanto. Sigue pasando, aunque sí es cierto que hay una conciencia social más profunda a partir de nuestra lucha. Con el kirchnerismo, se le reconoció a las amas de casa y a las empleadas domésticas la posibilidad de jubilarse. Eso fue un cambio profundo porque dejamos de a poco de depender de los demás.

— ¿Qué lectura haces de la movilización de la CGT del martes?

— La conducción de la CGT tiene que barajar y dar de nuevo. No tuvieron la temperatura de lo que está pasando en el país. No hay que dejar de negociar con el que está enfrente, pero la conducción de la CGT tiene que ser más responsables de cara a toda la gente que se la jugó y quizás fue apercibida por no ir a trabajar y esperaba otra cosa. La representación es escuchar lo que el pueblo tiene para decir, y en la marcha eso fue claramente la convocatoria, con fecha definitiva, a un paro nacional.


Cecilia Castro, delegada de ATE Capital: “La batalla es social, cultural y económica”

Cecilia castro es delegada general de la junta interna del Ministerio de Desarrollo Social de ATE Capital y vocal del consejo directivo de ATE Capital. Cree en la “refundación” de ATE tras las elecciones que consagraron a Daniel Catalano al frente de la seccional donde milita, en un contexto de despidos y desguace del Estado. Dice que la batalla contra el machismo es “social, cultural y economica”, que excede el ámbito sindical y apunta contra el modelo neoliberal que, explica, deja desprotegidas a las mujeres que paran la olla en los barrios populares.

 

 

— Suele decirse que el sindicalismo es uno de los ámbitos más machistas. ¿Coincidís con esa afirmación?

— El machismo atraviesa toda la sociedad y a todas sus instituciones, y los gremios no están para nada exentos de esa situación. Si se enfoca sólo en las conducciones, vas a ver que son todos varones; por algo hubo necesidad de establecer el cupo femenino del 30 por ciento. Eso habla de formas de machismo ya institucionalizadas. Pero lo que más me preocupa es lo cultural: es una batalla que me parece central y se da en varios frentes, hacia fuera y también hacia adentro de los compañeros y compañeras. En ese aspecto creo que se avanzó mucho en los últimos años, a partir de visualizar prácticas y costumbres machistas. Empezamos, de a poco, a modificarlas,  no solo en los varones sino también en nosotras las mujeres.

— Este año, la columna del 8M la encabezaron las mujeres organizadas sindicalmente, con la bandera de sus gremios. ¿Qué balance haces de esa apuesta?

— A diferencia de otros años, la marcha de ayer fue el cierre de una semana que arrancó con el paro docente y la movilización de la CGT y las dos CTA. Fueron tres días en que el pueblo salió a la calle pidiendo paritarias libres, mejores condiciones de trabajo, recomponer el salario real. La marcha la encabezamos desde los gremios con las mujeres trabajadoras al frente porque justamente somos las mujeres las que hoy estamos protagonizando retroceso de derechos al campo nacional y popular. No me gusta caer en la victimización, al contrario, creo que fue una demostración de la fuerza que podemos tener colectivamente.

— ¿Cómo se vivió desde la columna de ATE Capital?

— Como estatales llevamos adelante las políticas públicas para todos los argentinos, y específicamente desde Desarrollo Social para los sectores más vulnerables. Desde nuestro ministerio podemos medir de primera mano la temperatura del impacto de las políticas en las mujeres más desprotegidas, así que nuestro enfoque pasó por ese lado. En la informalidad laboral, las mujeres se llevan la peor parte: están mucho más expuestas que los varones, sobre todo cuando, como ahora, hay un gobierno neoliberal que se retira de los territorios. Las mujeres siempre tienen los trabajos más precarios, son las que más sufren este tipo de modelos. Pero a la vez son las primeras que salen a organizar el barrio, a tender rendes sociales: paran la olla popular,  los roperos comunitarios, garantizan la supervivencia de la familia o del grupo familiar.  Por eso como estatales hicimos eje como una reivindicación de las políticas públicas de inclusión.

— ¿Con qué particularidades se expresa el machismo en el ámbito sindical?

— A veces algunos los hombres se sienten amenazados por mujeres con carácter, con personalidad, con capacidad. Por lo general no se nos toma enserio, y se busca desacreditar algunos aciertos de las compañeras que tienen capacidad, liderazgo. Si una compañera tiene un carácter fuerte, en general se la caracteriza como “hormonal” o se toma en gracia un planteo concreto. Creo que en el fondo algunos varones se sienten amenazados, lo que no quita que sean compañeros muy valiosos. En las marchas, por ejemplo, son los varones los que coordinan y ponen el cuerpo en los cordones de seguridad. Por una cuestión física, se ve, pareciera que nosotras no tenemos lugar ahí, cuando muchas veces podemos manejar mucho mejor una situación que no tiene por qué terminar a las patadas. Las mujeres, creo, tenemos cierta virtud para manejar las situaciones colectivas: no todo es ir al choque, plantarse, aunque si hay que hacerlo nosotras también lo hacemos y lo hemos demostrado. Tenemos otro estilo para manejar ciertas cosas, creo que mejor, y los varones muchas veces no ceden el espacio por temor a perder ciertos privilegios.  Acompañan las consignas del ni una menos, pero en lo cotidiano reproducen la cultura machista. Creo que deberían dejarse enseñar y nosotras también aprender junto a ellos. Hubo un cambio de paradigma social que se construyó en estos últimos años donde las mujeres pudimos tomar mayor protagonismo, eso hace que los roles se modifiquen y empecemos a construir mas juntos.

— ¿Qué lectura haces de la movilización de la CGT del martes?

— En lo personal, creo que hubo un pueblo en la calle peleando contra un modelo de exclusión que avanza sobre sus derechos, un pueblo que viene demostrando que tiene una conciencia muy clara de su identidad. En contra partida, se evidenció la distancia que la conducción de la CGT viene teniendo con las bases, eso demuestra una lejanía de la realidad, de lo que está pasando abajo, y por eso se vieron desbordados, sin capacidad de interpelar lo que los trabajadores y trabajadoras venimos manifestando. La representatividad de una organización no puede solo referenciarse en personas sino fundamentalmente en proyectos que las identifiquen. Las bases eso lo tienen mucho más en claro y ayer quedo más que demostrado. Hay que pensar esta etapa como una oportunidad también para que se empiece a dar un proceso de renovación incluso generacional en las conducciones, que represente genuinamente ese proyecto que los trabajadores y trabajadoras venimos planteando, y por el que no vamos a dejar de pelear porque se trata de defender nuestros derechos pero a la vez sabemos que estamos defendiendo también la patria. Me quedo con esa foto y no con la de los dirigentes escapándose del acto, que creo que no suma. La movilización del martes demostró que es el pueblo trabajador organizado el que va abriendo camino al frente de esa pelea.