En un contexto en el que el movimiento Ni Una Menos gritó de forma unánime por la liberación de Higui, hace algunas horas la jueza Patricia Cecilia Toscano decidió un fallo que es producto de la lucha popular.

Libertad para Higui. La consigna pobló durante 6 meses los afiches, las pintadas, los posteos en redes sociales y los cánticos de las movilizaciones callejeras del movimiento de mujeres que vieron en su prisión un acto de injusticia y se propagó hasta convertirse en un tema de conversación cotidiana. “¿Conocés la historia de Higui? Está presa por defenderse de un grupo de abusadores que la hostigaban por ser lesbiana. Mató a uno de ellos, defendiéndose de una violación”. Junto a Milagro Sala, fueron las dos presas políticas de este momento del país: Milagro del Gobierno, Higui (una de las tantas) de la sociedad machista. Su caso endulzó los oídos del ex arquero colombiano René Higuita, quien llamó a dejar en libertad a la mujer de 43 años apodada en su honor. Hoy, por fin, se hizo justicia.
Higui fue víctima de la violencia machista: su caso reveló hasta qué punto puede llegar la actitud de un grupo de hombres en su obstinación por rechazar y cuestionar de todo plano una orientación sexual (“lesbiana”, “tortillera”) distinta a la que propone el imaginario social dominante. En suma, lo que la llevó a defenderse y matar fue el último eslabón de un conjunto de situaciones horrendas que le tocó vivir desde joven y que tuvo su punto más tremendo en un intento de “violación correctiva” que intentaba borrar de raíz -y en forma coercitiva- su identidad.
Cuando su caso llegó a la Justicia, allí recibió todos los embates de un poder corporativo tildado de aristocrático y patriarcal, cuestión comprobada en los hechos. Por eso fue metida presa el Día de la Madre y, más tarde, tuvo que pasar su cumpleaños detrás de las rejas. Con la “excarcelación extraordinaria” concedida en el día de hoy, la presión popular para liberar a esta mujer lesbiana y pobre -que se ganó su apodo como arquera de fútbol en el potrero “El Boli”- demostró no ser en vano, como tampoco será en vano seguir peleando por su absolución definitiva. Fue un golpe a la Justicia misógina que criminaliza a las mujeres que se defienden de la violencia cotidiana (y no tan cotidiana). Lo de Higui es un ejemplo que tomó repercusión nacional; no así el caso de Ayelén Roldán que se encuentra desde diciembre de 2016 en una cárcel de La Plata por defenderse de quien era su pareja.
En un contexto en el que el movimiento Ni Una Menos gritó en forma unánime por la liberación de Higui, hace algunas horas la jueza Patricia Cecilia Toscano decidió un fallo que es producto de la lucha popular. Un golpe a la Justicia machista.