Florencia Montes Paez participó en las reuniones informativas realizadas en el Congreso de la Nación por el proyecto de Ley de interrupción legal del embarazo. Florencia forma parte de No tan distintas, un colectivo de mujeres, lesbianas, trans y travestis en situación de vulnerabilidad social, riesgo y situación de calle. En diálogo con El Grito del Sur nos cuenta porqué el aborto legal es un factor fundamental para las mujeres en situación de calle.

El frío del invierno se agudiza en la calle, contra las veredas duras, en la esquinas, debajo de los puentes. Por más mantas, fogatas improvisadas o platos de comida que se les acerque, las personas que viven en situación de calle llegan al punto máximo de vulnerabilidad. Según el CELS en julio del 2017 el gobierno porteño reconoció que el porcentaje de personas en situación de calle se había incrementado un 20% respecto al año anterior. Si bien no se cuentan con estadísticas oficiales según el censo realizado por la Defensoría del Pueblo y la Auditoría General de la Ciudad junto a 50 organizaciones sociales, se concluyó que en la Ciudad de Buenos Aires hay aproximadamente 4394 personas en situación de calle de las cuales un 20% son mujeres y un 1% personas trans. Florencia Montes Páez forma parte del colectivo No tan distintas y el pasado jueves 10 de Mayo estuvo en el Congreso explicando la importancia de la legalización del aborto para las mujeres en situación de calle.

¿Qué es No tan distintas?

No tan distintas es una organización social que nació en el 2008, que acompaña y contiene a mujeres cis, trans, lesbianas y travestis en situación de calle y en riesgo de situación de calle. Con riesgo nos referimos a las compañeras que están en instituciones de las cuales van a egresar en un corto plazo y se van a quedar en la calle porque no tienen donde vivir como las cárceles, los hospitales psiquiátricos, los institutos de menores, las compañeras que están notificadas de desalojo, las que están alquilando a través del subsidio habitacional y cuando terminen de cobrarlo no van a tener como alquilar y van a quedar en la calle. Realizamos acompañamientos a las mujeres que están en estas situaciones y además participamos junto con Proyecto Siete de la gestión del “Centro de integración Frida”, que es una institución que funciona las 24 horas y aloja a estas mujeres. En él las compañeras son las que toman las decisiones, en asamblea colectiva, sobre el funcionamiento del centro.

¿Por qué es fundamental el aborto legal para mujeres en situación de calle?

Lo que nosotras llevamos a la jornada de debate del Congreso tiene que ver con que no contar con la posibilidad de interrumpir un embarazo a las mujeres que están en situación de calle les significa profundizar su situación de precarización y de pobreza. En general en la calle no se hacen abortos clandestinos seguros por que no cuentan con dinero para acceder al misoprostol ni una casa donde hacerselo. Los cuerpos gestantes en situación de calle no solo no pueden interrumpir el embarazo sino que, cuando deciden maternar a pesar de estar en la calle, el Estado le quita a sus hijos e hijas y las criminaliza por tenerlos en esas condiciones. Como si fuera decisión de ellas.

A las mujeres en situación de calle en la mayoría de los hospitales no las atienden por no tener DNI o las discriminan por sus condiciones de higiene o vestimenta. Muchas veces, ellas mismas eligen no acercarse para no exponerse a este tipo de maltratos, por lo que se ve muy restringido su acceso a métodos anticonceptivos y a controles médicos. Esto se agrava porque tienen menos posibilidades de conseguir trabajo, de ser aceptadas en alquileres y son estigmatizadas bajo el rótulo de “malas madres”, entre otras adversidades.

¿Cómo funciona el Centro de Integración Frida?

El Frida es una institución abierta las 24 horas donde las mujeres entran y salen y pueden elaborar un proyecto de vida con acceso a los servicios públicos de salud, reincersión laboral, trámites, inscripción de sus hijos en el Centro de Primera Infancia, etc. Nos diferenciamos de los dispositivos estatales como los paradores que funcionan solo de noche, obligando a las mujeres a irse a las ocho de la mañana, o los refugios para víctimas de violencia donde quedan aisladas y el violento está afuera continuando su actividad. Hoy en el Frida hay 45 camas entre mujeres y niñxs pero contamos con una lista de espera de 130 personas.

¿Qué es lo principal que quisiste expresar en tu intervención en el Congreso por la interrupción legal del embarazo?

Lo que intentamos demostrar fue la ausencia estatal. El Estado no aparece para acompañar y prevenir pero sí para castigar y sancionar a la mujer. Nuestra participación tuvo la intención de hacer un cruce entre género y clase y entender que el único modo de que el aborto deje de ser un privilegio de clase es que devenga en un derecho para todas. Pensamos el aborto como un derecho a cuidar a los niñxs existentes, pues le da la posibilidad a mujeres que ya son madres -y reivindican su maternidad- a cuidar a los niñxs ya existentes. El aborto es un derecho que te permite cuidar y ordenar lo que tenés, en un contexto de calle donde la maternidad se vuelve bastante hostil.