Lo primero que pensé fue lo difícil que sería ponerlo en palabras. Parecía indescriptible, incomparable, intransferible. Lo que estaba sucediendo no podía narrarse objetivamente, ¿acaso alguien puede narrar objetivamente lo que sucedió en la Revolución de Mayo? Cuando lo que nos sucede atraviesa la piel, el léxico es ilusorio.

Lo primero que pensé fue lo difícil que sería ponerlo en palabras. Cuando pude respirar, luego de un grito que surgió de lo más profundo de las ganas, pensé eso. Parecía indescriptible, incomparable, intransferible. Lo que estaba sucediendo no podía narrarse objetivamente, ¿acaso alguien puede narrar objetivamente lo que sucedió en la Revolución de Mayo? Cuando lo que nos sucede atraviesa la piel, el léxico es ilusorio. No son las palabras ni los datos lo que hicieron temblar a un millón de personas, organizarse, vibrar en conjunto. No fueron las palabras sino las emociones, las experiencias propias. Una ansiedad que acelera el pulso, unos nervios que cierran el estómago, una angustia que asoma como náusea, una ansiedad que temblequea en las yemas de los dedos.  La espera ni corta ni dulce.

La multitud comenzó a llegar el miércoles 13 desde temprano. El frío de junio entintó las calles porteñas, atravesó las carpas, las bolsas de dormir y las mantas que traían quienes ya se anticipaban a atravesar la dureza de la noche.

El verde fue marca registrada, bandera de una comparsa configurada para atravesar lo que fuera necesario. Durante la tarde del miércoles, entre ferias, cantos y arengas, una pantalla en pleno Callao y Rivadavia iba transmitiendo lo que sucedía dentro del Congreso. Desde el escenario, miembros de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito presentaron bandas e invitados durante toda la jornada.

Ni el clima ni la discusión parecían mejorar, y para el final de la tarde, el frío del asfalto se combatía al calor de la juventud. En las calles miles de personas se enredaban en besos llorosos, abrazos emponchados, mantas compartidas, rondas de mates.

No fue fácil pasar la noche en la calle. Aunque se escucharon compases de música la vigilia fue tensa en espera de los resultados. Los movimientos en el tablero alteraban el ambiente, el poroteo en las redes se transmitía de boca en boca o por Whatsapp. Por un momento, la madrugada se tornó intransitable, cuando el partido parecía estar irremediablemente perdido.

Dentro del recinto los equipos mutaron, hubo interbloques fraccionados, simpatías inesperadas y discursos a favor o en contra de la ley dentro de todos los partidos políticos. El número de indecisos y las abstenciones eran el enigma contra el que todxs hacían sus apuestas. A las tres de la mañana Victoria Donda, diputada de Libres del Sur y una de las principales impulsoras del proyecto, salió a hablar en la calle y escribió en sus redes sociales: “Necesitamos que nos sigan acompañando en la calle. Que la ciudad amanezca verde”. Finalmente se convocó nuevamente al Congreso a las 7 de la mañana para acompañar la votación final de los diputados.

La tensión in crescendo y la vorágine se aceleró en la recta final. Facundo Garretón, quien en la previa se declaraba indeciso, fue uno más en preferir que las mujeres continúen en la clandestinidad. Mientras la noche se diluía en día y aquellos que habían abandonado el centro de la ciudad volvían expectantes a sus puestos dentro del recinto, se terminaba de definir un partido que superó con creces la final del Mundial. Con un twitter encendido cerca de las 10 de la mañana la definición del debate la tuvieron cuatro diputados pampeanos que se manifestaron a favor de la despenalización y legalización del aborto dejando el marcador final en 129 a favor contra 125 en contra.

Al grito de ”aborto legal”, la muchedumbre que estaba palpitando al ritmo de los bombos estalló en avalancha verde irrefrenable. Los llantos explotaron, la alegría tomó todas sus expresiones. A las 10.30 de la mañana, borrachas de sueño y algarabía éramos miles. El movimiento feminista, de mujeres trans, travestis y lesbianas, que había forjado los lazos entre el silencio y el dolor de lo clandestino supo que nunca más volverían a la oscuridad. El movimiento feminista conquistó el triunfo en un momento de claro retroceso a nivel social y económico. Los festejos libertarios incluyeron todo tipo de hechizos y banderas.

Durante un segundo me detuve a ver pasar ante mí la turba revoltosa y festejante. Allí lo supe, en las lágrimas con glitter, entre los adolescentes abrazados, en las mujeres besándose, revoleando el pelo al ritmo de una mañana que habíamos olvidado que era fría. Eso sería imposible de describir.

El Congreso se hizo esperar, pero finalmente se tiñó de verde.