La psicóloga e investigadora Andrea Berra atiende a mujeres que piensan en interrumpir sus embarazos. Desde el 2001, integra equipos que tienen que ver con la promoción de la salud sexual y reproductiva, y actualmente, acompaña a mujeres que buscan acceder a un aborto en el marco de la Interrupción Legal del Embarazo. En diálogo con “El grito del Sur”, habló de porque forzar a continuar un embarazo puede ser considerado una tortura institucionalizada.

3030 mujeres son las que se estima que murieron en Argentina por abortos inseguros dese la llegada de la democracia en 1986.

450 mil abortos se hacen por año en el país, según datos de Amnistía Internacional.

Hablamos de cifras tan grandes que parecen vacías pero en cada número hay una historia distinta, unida por una realidad común: la clandestinidad y el absoluto desamparo estatal.

Pero también hay otra historia: la de las otras miles de mujeres, niñas, adolescentes y trans que son obligadxs a engendrar en contra de su voluntad. Hablamos de un incontable número de gestantes que están decididxs a interrumpir sus embarazos, pero que no pueden hacerlo porque no tienen los medios económicos ni la información disponible para acceder a un método seguro.

Forzar a una persona a continuar un embarazo, con todo lo que eso acarrea tanto a nivel físico como psicológico, es una forma de tortura, y está tipificado por el Comité contra la Tortura (CAT) de las Naciones Unidas. Este trato cruel, humillante e inhumano, ocurre hoy en la Argentina de forma institucionalizada y sistematizada: sí, en Argentina se expone a los cuerpos gestantes a esta forma de tortura.

No solo eso, sino que también varias provincias que ni siquiera adhieren al protocolo para el acceso al aborto legal por las tres causales tipificadas en el Articulo 86 del Código Penal. Por otro lado, en otras provincias donde sí rige esta norma, muchas mujeres, niñas y trans, aún encuentran barreras imposibles de sortear para acceder al aborto, ya que los profesionales de la salud se lo niegan, y hasta en algunos casos, hasta lxs amenazan con denunciarlxs.

La psicóloga e investigadora Andrea Berra atiende a más de 30 mujeres que piensan en interrumpir sus embarazos. Desde el 2001, integra equipos que tienen que ver con la promoción de la salud sexual y reproductiva, y actualmente, acompaña a mujeres que buscan acceder a un aborto en el marco de la Interrupción Legal del Embarazo. En diálogo con “El grito del Sur”, habló de porque forzar a continuar un embarazo puede ser considerado una tortura institucionalizada.

Foto: Sol Huilén Castro

¿Por qué se habla del embarazo forzado como una forma tortura?

Se ha reconocido que todas que las barreras que encuentran las mujeres para abortar son una tortura, generan tratos indignos, tiempos de espera, sufrimiento psicológico. Esto se debe a la desesperación que sienten al sentir que su vida se paraliza en ese momento, el estigma con el que cargan, la sensación que sienten de sentirse rechazadas, juzgadas moralmente, religiosamente.

 

¿En qué momento se activa el impacto psicológico?

El sufrimiento psicológico surge cuando la mujer no desea un embarazo y no sabe a quién pedir ayuda para decir lo que le pasa. Es una emoción muy fuerte de malestar.

¿Cómo impacta el entorno en esa situación angustiante?

En la mayoría de sociedades latinoamericanas, el mandato es que continúes el embarazo, y todos los servicios de salud se organizan para que lo hagas. La mujer, en ese momento, tiene la impronta de cruzarse con el mandato del contexto en el que está, pero también con lo que le pasa a nivel subjetivo: muchas se sienten completas cuando se enteran que están embarazadas, pero otras están llenas de dudas o saben que no es el momento. La situación de conflicto, angustia y de sentirse culpables, ocurre porque hay un mandato que las presiona a continuar un embarazo que ellas no desean. Muchas veces, ni se lo dicen a sus parejas porque hay una construcción patriarcal con una imposición muy fuerte: “tenemos que tener muchos hijos”.

¿Cómo llegan las chicas que se acercan a los centros de salud?

La mayoría de las mujeres que van a buscar un test de embarazo a un centro de salud están preocupadas porque ya saben que están embarazadas. Por eso, es importante que el equipo les de un lugar para que decidan cómo quieren seguir. Pero eso no pasa en todos los centros.

¿Qué ocurre cuando se enteran que están embarazadas y no es deseado?

La sensación que les aparece es la de un sufrimiento que no pueden soportar, la idea de sentir que tienen que continuar un embarazo no deseado les genera desesperación, intolerancia, muchísima angustia, ganas de querer desaparecer, pueden haber ideas de suicido, de lastimarse, de hacer algo para que eso termine.

¿Qué juego cumple la formación profesional en este escenario?

Los embarazos no deseados ponen todos en riesgo toda la salud, porque si estas pensando en poner en riesgo tu salud física y psíquica, es que estás poniendo en riesgo tu salud integral. Y eso es lo que más les cuesta ver en los profesionales. Conozco mujeres a las que ni les preguntan qué quieren hacer cuando se enteran que están embarazadas, directamente las felicitan y las mandan a sacar un turno para obstetricia. Muchas entran en esa inercia y ahí aparece la angustia, el conflicto.

¿Cómo se manejan en esos casos los profesionales de la salud por el derecho a decidir?

Nosotros somos profesionales de distintas disciplinas que nos encontramos frente a esta coyuntura: hay mujeres que quieren interrumpir el embarazo y no hay prestación en el sistema de salud para que lo hagan. Entonces, nosotros generamos la prestación. Hacemos una interpretación amplia del Artículo 86 del Código Penal, que estipula un aborto puede realizarse cuando hay riesgo de salud; y entendemos la salud con una mirada amplia, como algo integral de implicancias físicas y psicológicas. En ese sentido, tenemos que construir la legalidad, no es que la mujer viene, pide hacerse un aborto, y no se le pregunta nada. Nosotros, entonces, acompañamos al médico en esta evaluación integral para que la mujer acceda a la ILE.

¿Cómo se construye esa la legalidad? ¿Cómo se lleva a cabo el aborto?

Hace dos años que en la ciudad hay equipos de ILE donde se construye la legalidad en la entrevista con el profesional de la salud, donde se le brinda el apoyo de un equipo formado en perspectiva de género. En ese caso, se le da a la mujer la medicación para que se haga el aborto en su casa, y vuelve para controlar su seguimiento. Pero también puede ser que le toque un equipo que le diga ‘esto no es legal, solo están un poco angustiada, si interrumpís vas a tener un trauma físico’. En ese caso, se le da a la mujer información errónea. En el hospital es mucho mas hostil que la sala de salud, generalmente.

Foto: Sol Huilén Castro

¿Cómo cambia la experiencia de la mujer cuando se cruza con un equipo con perspectiva de género?

Estamos convencidas de que la mujer, cuando sabe que va a hacer algo que entra dentro de la legalidad y que hay un equipo y una normativa que la acompaña, y firma un consentimiento, hay una situación de alivio. Ella siente que está haciendo las cosas bien, y se termina la situación de culpa y de estigma.

¿Qué ocurre cuando las mujeres son forzadas a ser madres y no quieren? ¿Pueden construir un vínculo maternal?

Los vínculos se van construyendo, no hay nada definitivo en el ser humano, no tiene que ver con el instinto sino con lo subjetivo. Hay muchas que logran introducir la maternidad en sus vidas aunque no la hayan buscado. Pero también hay otras que buscan ayuda para interrumpir sus embarazos y el estado se los negó. Lo que se ve en estas mujeres es que se genera un trauma psíquico: no porque están embarazadas y quieren ser madres y abortan, sino porque hay un contexto que culpabiliza a esas mujeres, que impacta fuertemente en su autoestima, que puede generar patologías mentales, depresión, ideas de suicidio. Hay mujeres que para interrumpir un embarazo, interrumpen su vida.

¿Que sucede con la idea de que es mejor tener al niñx y luego darlo en adopciòn?

Esta alternativa no solo implica un gigantesco desgaste físico, sino porque también reforzaría una estigmatización para la mujer, que es vista como una “mala madre” que no quiere a su bebé.

Tenemos una cultura que cosifica a la mujer, la vuelve un objeto. De hecho, la normativa que penaliza el aborto, -el artículo 85 del Código Penal-, reproduce esa subordinación La propuesta de la adopción, que se escuchó mucho últimamente, va en contra de la decisión de la mujer.

¿Cómo ves el panorama actual con respecto a este tema, y la posibilidad de que se despenalice el aborto?

Siguen existiendo profesionales que denuncian, pero también hay mucho fortalecimiento de la idea de que la ley si se logra, no se van a terminar las barreras, pero sí va a haber un recambio que tiene que ver con la formación profesional y de políticas públicas. Va a ser muy importante para terminar con la criminalización de las mujeres y de las profesionales que venimos trabajando.

Estoy convencida en que si queremos mejorar los vínculos sociales, hay que centrarse en las decisiones que son tomadas desde un lugar de información. Solo una mujer sabe si quiere interrumpir o no un embarazo, solo ella le puede dar un significado a esa gestación. Lo que tenemos que estimular es la formación profesional, que hayan profesionales que puedan manejar las entrevistas, que tengan capacidad de dar un espacio a ese significado que la mujer otorga sin juzgar, dando información desde el lugar de fortalecer esa decisión.

Foto: Sol Huilén Castro