La absolución de Ricardo Panadero, quien era el cuarto implicado en el crimen de Natalia Melmann, conmovió a la sociedad. Después de 17 años de lucha, la Justicia mostró nuevamente su cara más misógina. Frente a esto tres mujeres distintas encarnan otras herramientas de acompañamiento, comprensión y militancia.

“¿Cómo seguís adelante cuando te matan a un hijo, no? Es una pregunta que aún hoy me la sigo planteando”. Constanza es estudiante de periodismo de la Universidad de La Plata y lleva un año reconstruyendo la historia de Natalia Melmann. El martes 3 de julio, la justicia marplatense decidió que el cuarto policía imputado por este caso fuera sobreseído, aún con una gran cantidad de pruebas en su contra. El dolor de la familia recrudeció, pero no fue un freno la fuerza de una lucha que vienen llevando hace 17 años. “Ahora tengo una razón más para vivir, encontrar al quinto implicado y apelar por este”, dijo a los medios Laura Calampuca, mamá de Natalia una vez terminado el juicio.

El caso de Natalia Melmann cambió totalmente a Miramar, especialmente a los habitantes de la delegación de General Alvarado, donde sucedió el crimen. Si bien con la primera sentencia -dictada en el 2002- los ánimos se tranquilizaron, en el 2017 se otorgaron las salidas transitorias para los 3 agentes de la policía implicados y volvió a abrirse una herida que nunca terminó de cicatrizar. Un paso atrás en 17 años contra el peor enemigo que tiene la Justicia: el sistema judicial.

Constanza

El patriarcado decide cómo se escribe la historia, Constanza lo sabía y decidió ir en contra. Cuestionó la estructura de los mandatos y hechos oficiales -siempre escrita en masculino- para dedicar su trabajo final de la carrera a retratar la historia de lucha de la familia Melmann.Se contactó con Gustavo Melmann, el padre de Natalia, a través de su página de Facebook. A partir de allí tomaron contacto y hace un año se encontraron en la capital. Ella de La Plata y el de Miramar, ella con un proyecto chispeante, él con una depresión amasada en base a años de injusticia y puertas que se cierran en su cara en las distintas oficinas de los tribunales de Mar del Plata.

“No, no se están enfrentando contra 4 policías. Se están enfrentando contra todo un sistema perverso que tiene el aval de todo el patriarcado. Uno jamás podría enfrentar una lucha contra ese sistema de manera solitaria, pero eso lo supe una vez que me metí en el universo de Natalia”, cuenta Constanza.

En septiembre del 2017, Constanza viajó una semana a Miramar a registrar los juicios, la apelación y la revisión de condena de los acusados, que finalmente derivaron en el beneficio de salidas transitorias para los condenados. Conocer en primera persona la historia de los Melmann significó para ella el choque de dos universos emocionales, sociales y físicos totalmente diferentes y le permitió sentir en carne propia lo que había leído en los diarios.

Sofía

Sofía es concejala de General Alvarado por Unidad Ciudadana. Cuando sucedió el crimen de Natalia tenía diez años. El martes 3 viajó a Mar del Plata para acompañar a la familia de Natalia Melmann. A las tres de la tarde, cuando comenzaron los alegatos, Sofìa pudo escuchar una vez más el relato de todo lo sucedido. “Para mí significó tomar conciencia efectiva de todo lo que le hicieron a Natalia. La sensación de escalofríos invadió mi cuerpo. Recuerdo fervientemente ese 8 de febrero de 2001 cuando, estando en mi casa, la pantalla de Crónica TV titulaba “Natalia Melmann, de 15 años fue hallada muerta en el Vivero Dunícola debajo de una pila de hojas”.

Sofía siente un peso histórico: como mujer,como militante y como feminista. Sabe que este fallo es el fruto de una justicia que apaña la violencia hacia las mujeres y no se queda impávida. A ella el “no te metas” nunca le cerró.  “No vamos a conformarnos con una justicia que esté al servicio de la corrupción y del poder. ¿Acaso queda alguna duda que la Justicia es la herramienta de defensa del poderoso, que se basa en razones de clase y de género para actuar?”.

Verónica

Verónica fue compañera de la primaria de Natalia y era su amiga cuando sucedió el crimen. La pérdida trágica le hizo entender el significado de lo efímero de la vida. Nada de ese tiempo fue fácil, ir a las marchas, acompañar a la familia, enfrentarse a la justicia. La fricción constante de la realidad con la herida le generaron un dolor tal que sintió la necesidad de alejarse por un tiempo.

Con la revisión de condena del 2012 Verónica volvió a ir a Tribunales. Había viajado, conocido gente y lugares pero finalmente regresó atravesada por la maternidad y el feminismo. Estaba más segura que nunca de que necesitaba hacer algo. Comenzó a juntarse con un grupo de mujeres una semana después de que los tres policías consiguieran el beneficio. Posteriormente conformarían la multisectorial de mujeres de General Alvarado.

“En Miramar, la mayoría de las causas que suceden quedan archivadas, y no hay ningún funcionario con formación o perspectiva de género. Natalia nos atraviesa a todas y nos une en esta lucha. A pesar de haber sentido nuevamente la dureza del brazo armado del Estado, lejos de desmoralizarnos, nos muestra que realmente tenemos que seguir cuestionando. Muchas personas nos ven como las brujas quilomberas del pueblo, no es un rol que nos quede cómodo pero también entendemos que la verdad incomoda, y si incomodar es lo que nos toca hacer es bienvenido”, explica Verónica.

“Yo todavia no pude hablar ni con Laura ni con Gustavo. ¿Cómo le hablo yo a la madre que esperó 17 años para ver a este tipo preso y no se pudo? ¿Cómo le hablo si sé que no se pudo, porque la justicia no quiso, por capricho machista?”, dice Constanza.

Constanza, Sofía y Verónica son tres mujeres de distintas procedencias, edades y profesiones con su manera propia de mirar. De diversas maneras hicieron de acompañantes, de testigos, de documentalistas, de referentes y de voceras del dolor de una vida truncada. En sus experiencias transitaron lo que le fue arrebatado a Natalia y al fuego de la injusticia escupiéndoles en la cara le pusieron la fuerza de la unidad.