El prefecto Pablo Brítez le pegó dos balazos por la espalda y otros siete lo encubrieron: dijeron que murió en un choque, levantaron los casquillos y sellaron un macabro pacto de silencio. El "Bocha" tenía 26 años y un hijo de 1 mes. Organizaciones sociales, familiares y vecinos de Parque Patricios, exigen prisión perpetua y justicia por Cristopher Rego.

Al principio dijeron que había muerto en un choque. Que la camioneta había impactado contra otro automóvil en la esquina de Pepirí y Ancaste. Se lo llevaron rápido al Hospital Penna y llamaron al 911 denunciando un siniestro. Eran las 2 de la mañana del 11 de agosto y Luana (21) recibió el aviso de que su compañero estaba internado en estado de gravedad.

El Bocha había sido padre hace apenas un mes. Tenía 26 años, era un pibe sencillo: quemero y de Parque Patricios. El Bocha se llamaba Cristopher Rego y murió hace quince días, luego de que Pablo Brítez, efectivo de la Prefectura Naval Argentina, le disparara dos tiros, uno de las cuales entró por la espalda y le atravesó el corazón. Hay ocho prefectos imputados: uno por presunto homicidio agravado y los otros siete por encubrimiento. El Bocha dejó un hijo huérfano y una compañera desconsolada por el dolor.

Juan Manuel Juve es el suegro de Bocha, padre de Luana y abuelo Bastian, de apenas 40 días. Apenas puede contener las lágrimas cuando habla de su yerno. “Estamos destrozados. Bocha era un genio, un loco por sus amigos, por Huracán. En el barrio lo querían todos”. Juan Manuel se puso la causa al hombro: comenzó a difundir la historia de su yerno por redes sociales y a circular audios por WhatsApp. Rápidamente se levantó del dolor y empezó a contar lo que había sucedido con Bocha.

“Era mi cumpleaños y la pasamos con la familia en Boedo. Luana estaba con el bebé y Cris no había podido venir. La pasó a buscar a Luana, la llevó hasta la casa de Pepirí y se fue a ver con sus amigos. Yo me fui a dormir y a las 2 de la mañana sentí un dolor terrible en el pecho”, cuenta Juan Manuel. En ese momento lo despertó una llamada de celular. Era Luana.”Bocha chocó la camioneta. Estamos en el Penna. Vení ya”.

Cuando llegaron al Penna, Brian y Repo, los hermanos de Bocha, ya estaban con Luana. Había mucha policía, demasiada para un simple choque. “Llamé a una amiga que trabaja en el Penna y le conté la situación. No obtuve respuesta y salí inmediatamente a mirar la situación de la camioneta. Cuando llegué a Pepirí y Ancaste me encontré con una escena de película: la camioneta sobre la vereda, la trompa metida para adentro”, cuenta el suegro. “Buscaba sangre y no había una gota. La policía me pidió que no tocara nada. El volante estaba bien y el interior también.”

Fue entonces cuando el suegro vio los balazos: uno en la puerta de costado, otro en la parte de atrás. En su desesperación, Juan Manuel lo increpó a Jorge, policía de la Comisaría 34. La respuesta lo dejó impávido: “Flaco, el pibe está muerto. Parece que fue Prefectura”. “Me temblaban las piernas y no la podía creer, sólo atiné a sacar fotos”, explica Juan Manuel. No había un solo casquillo a la vista y por los testimonios presenciales, pudo enterarse que al momento en que llegó la ambulancia, el Bocha seguía con vida. “Estas bestias limpiaron la escena del crimen, juntaron los casquillos y no pidieron auxilio”.

El Bocha manejaba su camioneta por el barrio. No tenía todos los papeles encima, porque  se la había comprado hace poco tiempo a un amigo y todavía no había hecho la transferencia. Pasar un control de Prefectura, fue su sentencia de muerte. Cerca de la Villa Zabaleta, esquivó el control,  y se comió dos balazos por la espalda. “Tenían millones de maneras de pararlo, pero no asesinarlo”.

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich y el jefe de la Prefectura exoneraron a los 8 imputados en el homicidio, al asesino y a los 7 encubridores. “No nos alcanza. Necesitamos la cárcel por homicidio agravado, por ocultamiento y por ser funcionarios de Estado”. Juan Manuel cuenta que el apoyo del barrio fue masivo, que lo llaman las organizaciones de Derechos Humanos, los medios barriales, que incluso los jugadores de Huracán prometieron que saldrán con una bandera en homenaje al Bocha.

Cuenta Juan Manuel que su mamá, la bisabuela de Bastian, siempre salió a luchar por causas nobles. La veía en marchas por Cromañón, exigiendo justicia por los pibes. “Yo le decía que se fuera a casa a descansar. Nunca pensé que iba a estar de este lado”, sentencia . Termina la conversación y en el aire queda el recuerdo de Nehuén, otro pibe, también quemero, también de Parque Patricios, asesinado por las fuerzas del orden. Queda la memoria del barrio, la organización de los vecinos y la lucha de los que exigen justicia por Bocha. Para levantar su nombre en alto y evitar que sea “un pibe más”.