Itai Hagman, dirigente de Patria Grande, habló de todo con El Grito del Sur: las causas de la crisis económica, la "pesada herencia" que dejará el macrismo en un potencial cambio de Gobierno y las razones de su progresivo acercamiento al kirchnerismo. "Hay que romper con la hipótesis presente en el campo popular de que hay que construir un candidato de centro. El candidato moderado no garantiza el triunfo", sentencia.

“Podemos vernos tentados a pensar que nadie volvería a votar a Macri en medio de semejante desastre económico, pero no hay que subestimar al Pro ni a Cambiemos, que como hemos comprobado amargamente no llegaron sólo para saquear al país, sino que tienen una pretensión hegemónica”, advierte el dirigente Itai Hagman a El Grito del Sur, en un diálogo con un pie en la crisis económica y otra en la política, dos variantes inseparables para él. Formado como economista en la UBA, desde donde construyó su salto a la política electoral y donde hoy sigue dando clases, Hagman explica cuáles son para él los problemas estructurales del país y por qué está cada vez más cerca de Cristina. “Revalorizamos su rol como dirigente desde el momento en que decidió conformar Unidad Ciudadana como opción al bipartidismo conservador. Nos hizo un gran favor a la militancia popular”, reflexiona, y se anima a la autocrítica: “A la luz de hoy, creo que hasta antes de 2015 debimos apoyar más fuertemente algunas decisiones que se tomaron”.

-El Gobierno, palabras más palabras menos, suele explicar la crisis en que “gastamos más de lo que tenemos”. ¿Tiene razón?

-Este Gobierno gasta lo mismo e incluso más que el Gobierno anterior, contradiciendo su propio discurso. El déficit total del Estado aumentó. La discusión, de todas formas, es de política económica, de “modelo”: si bien el Gobierno hizo un ajuste en las tarifas, ese ahorro fue a parar al pago de los intereses de la deuda que se tomó a su vez para paliar el déficit de cuenta corriente (la diferencia entre lo que exportamos e importamos), que es la más profunda desde la década del 90. Entonces lo que estamos discutiendo, cuando se habla de gasto, es cómo hay que distribuir la plata.

-La crisis actual: ¿fue planificada o realmente el mercado los corrió a una devaluación tan drástica?

-La clave es precisar quiénes son “ellos”: si es la fuerza política Pro, estos no eran sus planes. El Pro, como hemos comprobado amargamente en la Ciudad, es un partido con pretensiones hegemónicas. No llega al Estado para hacer un saqueo e irse, sino para gobernar muchos años. Pero si por “ellos” entendemos a las clases dominantes, es discutible. Ratazzi, durante la reunión del Council de las Américas, no podía esconder su sonrisa con el dólar a 40 pesos mientras que Cabrales, que importa el café y vende al mercado interno, no sabía dónde esconderse.

– Con el argumento del “déficit cero”, que pidió el Fondo para garantizar los próximos desembolsos, ¿se puede frenar la corrida cambiaria?

-En principio, a los economistas se nos quemaron todos los papeles. Nadie se atreve a predecir a cuánto puede trepar el dólar. Por lo pronto, no pareciera evidente que se pueda estabilizar, ya con la devaluación que hubo se asoma un cuadro recesivo muy significativo. Está probado que el “déficit cero” no funciona. No le funcionó a De La Rúa y no le va a funcionar a Macri. La razón es sencilla: es un círculo vicioso de ajustes que retira al Estado como factor de demanda de la economía y, al haber recesión, termina recaudando menos y para achicar ese déficit necesita endeudarse otra vez. Los países desarrollados que el propio Gobierno admira funcionan con déficit fiscal. El déficit cero es un pretexto más para ajustar, es la típica receta del Fondo, que no resuelve nunca los problemas de fondo.

-¿Se puede dar por descartada una reelección de Cambiemos en el marco de este descalabro?

-Absolutamente no. Hay chances de ganarle, mayores a las que podía haber varios meses atrás. Pero a pesar del desastre económico no hay que subestimarlos. Podemos estar tentados a pensar que nadie podría votar esto, pero tenemos ejemplos en la historia en que la sociedad acompañó gobiernos cuya política perjudicaba a la mayoría. El macrismo está sentado sobre un núcleo duro importante aún, que incluso está dispuesto a pasarla mal si es el precio a pagar para que “no vuelva el populismo”. Incluso hay un sector que no está desencantado con el ajuste, sino que pide más ajuste, más represión. Obviamente, por suerte, no es un sector mayoritario de la sociedad. Pero por primera vez, ese sector se siente identificado con una opción política “democrática”.

-¿Coincidís con el planteo de algunos analistas que señalan una crisis de representación que atraviesa a todo el sistema politico?

-No. En absoluto. Pasa todo lo contrario.

-¿Incluso cuando las encuestas marcan una merma en la imagen de los principales dirigentes?

-Hay una polarización entre dos sectores: Macri y Cristina, esa es la tendencia y sobre esa base se desenvuelve y se reafirma el sistema de representaciones. Vamos a una elección polarizada. Cambiemos expresa una representación desde la derecha y el kirchnerismo desde el campo popular. Y ambas son expresiones políticas nuevas, que se enfrentan a los partidos tradicionales, el PJ y la UCR, que están, de alguna manera, subyugados en este escenario. Algo de eso entendió CFK cuando armó Unidad Ciudadana (UC), un espacio diferente. Tenemos una coincidencia con ella en el análisis de ese fenómeno.

-¿Se le puede ganar entonces a Macri desde UC?

-Por supuesto. Pero no alcanza solamente con mostrar el desastre económico. En eso hay que aprender de la campaña de 2017, que se dio en un escenario de leve reactivación. Dentro de un año no sabemos si se prende fuego el país, pero debemos pensarlo en términos políticos: conectar con alguna fibra de la subjetividad que el macrismo supo conectar. Eso no quiere decir que, como plantea un sector del campo popular, hay que buscar una salida de centro, con un candidato como lo fue Scioli en 2015. Esa discusión todavía existe. Esa experiencia terminó en derrota. Puede pasar que encima que perdés, perdés con un candidato que no te representa. El candidato moderado no garantiza el triunfo. Lo mismo pasó en 2017: los que fueron por el “medio”, les fue peor.

-Últimamente, se te ve más kirchnerista que nunca.

-Cristina nos sorprendió positivamente en su rol de opositora. Desde el primer momento del cambio de Gobierno tomó la decisión de representar una oposición progresista al macrismo, de alguna manera su rol fue fundamental para no volver al bipartidismo conservador. Tuvo una radicalización positiva. Podría haber comprado el discurso de la moderación. Muchos sectores que fueron ultra K hasta 2015, apenas ganó Macri dijeron: “hay que volver a hablar con Massa”, votaron las leyes fundamentales de Cambiemos y se volcaron al PJ. Incluso los que corren por izquierda a CFK, se la pasan abrazando a gobernadores. Cristina lanzó UC y su discurso se torna cada vez mas confrontativo. Lo que nos acerca más es la identificación con lo que hizo de 2015 en adelante. Incluso su candidatura me pareció una opción muy valiente, no era probable que ganara. Eso fue muy importante porque lo que estaba en juego en 2017 no era ganarle a Bullrich por uno o dos puntos, sino quién era la oposición. Quién podía construir otra agenda, otro proyecto. La única que podía lograrlo era Cristina y nos hizo un gran favor a la militancia popular con su candidatura.

-¿Hay autocrítica sobre su posición antes de 2015?

-Sin ser parte del kirchnerismo apoyamos muchas políticas del gobierno anterior y en el ballotage llamamos a votar a Scioli. Si querés, en lo que estoy planteando hay una autocrítica implícita. Nuestra estrategia fue construir y tensionar desde la izquierda, apoyando lo que considerábamos positivo y criticando lo que no. Esa política la reivindico. Ahora gobierna Macri, por lo que correr por izquierda a CFK no tiene ningún sentido. Estuvo bien en el marco de un gobierno nacional y popular, no hoy en el marco de un gobierno neoliberal. Para ganarle a Macri hay que fortalecer a Cristina. Igualmente, como autocrítica creo que hoy revalorizamos algunas cosas de su gobierno que antes no: quizás deberíamos haber apoyado de manera más enfática. Pero insisto en que, sobre todo, lo que nos hizo acercarnos más a Cristina fue lo que hizo cuando fue opositora. No era obvio que iba a hacer eso.

-¿Pudiste debatir estos temas con ella en persona?

No. Mis interlocutores dentro del kirchnerismo son Axel Kicillof, Máximo, el “Cuervo” Larroque.

-Uno de los planteos del sector que buscó aire por fuera de Cristina es el argumento de su techo electoral.

-Esa es una discusión compleja porque ese techo efectivamente existe, pero los techos son circunstanciales, son fotos. Hoy tiene 60 por ciento de imagen negativa, pero eso puede ser variable. Si fuera por ese motivo, y lo explicó muy bien Duran Barba, Macri nunca hubiera sido presidente. Si alguien no podía ser nunca presidente, hace años, ese alguien llevaba el apellido Macri. Y se revirtió. Posiblemente Cristina tenga hoy un techo, pero ¿qué otro candidato garantiza un mínimo?

-¿Larreta es inmune a la caída de imagen de Macri?

-Larreta es un tema aparte porque efectivamente logró desacoplarse de la gestión nacional a partir de una gestión municipal muy intensa. Existe un sector que valora la gestión de la Ciudad al margen de lo nacional. Pero eso tiene un límite en el desastre económico. Vidal parecía inmune hasta que dejó de serlo. La Ciudad, que parece imposible arrebatársela al Pro, sí se puede disputar. Nosotros tenemos el debate de si abarcarlo desde lo municipalista, siguiendo el ejemplo de experiencias como la Ciudad Futura en Rosario. El problema en CABA es que es muy difícil aplicar esa política porque es la capital del país y la atraviesa una dinámica política nacional. Lo que sí está probado es que el intento del kirchnerismo de ser la sucursal local de lo que fue el Gobierno nacional, no sirve.

-Por último, una gran parte de la izquierda popular reivindica la figura de Evita. ¿Se puede resolver la tensión entre la figura de Perón y la experiencia de la izquierda popular?

-Es más fácil reivindicar a Evita desde la izquierda por la mística. Perón siempre fue el pacto social, integrar sectores, y además está la vuelta trágica en el 73 y su giro a la derecha con la Triple A. Reconozco en la identidad peronista un aspecto progresivo para la clase trabajadora, su tradición de lucha y de conquista de derechos. Y creo que a la luz de la historia se agiganta esa imagen. Pero se diluye a la vez: para muchas nuevas generaciones puede ser una imagen de otro siglo. Por eso el kirchnerismo se constituyó como otra identidad política, no sólo peronista. Perón refleja tanto las posibilidades de liberación del pueblo argentino como otros rasgos del nacionalismo conservador. En resumen, en el nacionalismo popular está la semilla de una transformación más sistémica y la izquierda popular debe inscribirse en esa tradición y potenciarla.

 

PING PONG

El Papa: Una sorpresa.

Felipe Solá: Un político acomodaticio.

Juan Grabois: Un compañero de fierro. Un militante comprometido a fondo, y un amigo.

Matias Lammens: Una figura interesante. Quizás una promesa.

Maximo Kirchner: Un compañero con muchas más convicciones y firmeza ideológica que la imagen que los medios construyen sobre él.

Claudio Lozano: Un buen dirigente que fue importante en nuestro inicio en la politica electoral con el cual siempre tuvimos diferencias sobre el kirchnerismo, que se fueron acrecentando.